El estudio del teléfono “escacharrao”

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El trastorno del espectro autista se caracteriza clínicamente por deficiencias de por vida en los ámbitos social y de la comunicación, la presencia de conductas restringidas y repetitivas y una percepción sensorial peculiar. Las personas autistas tienen dificultades para atribuir estados mentales a otros e identificar las señales sociales.

El problema va en los dos sentidos: los individuos no autistas también tenemos dificultades comunicativas al interactuar con los autistas. A las personas no autistas nos cuesta identificar los estados mentales autistas, distinguir las expresiones faciales de los autistas, sobrestimamos el egocentrismo autista y estamos menos dispuestos a interactuar socialmente con personas autistas. Así pues, aunque las personas normotípicas se caracterizan en general por tener aptitudes sociales, es posible que esas aptitudes no sean funcionales, o no se apliquen eficazmente, al interactuar con personas autistas.

La desconexión bidireccional en la comunicación y la comprensión entre personas autistas y no autistas se ha denominado el «problema de la doble empatía». Una implicación de este «problema de la doble empatía» es que si los «impedimentos sociales» autistas resultan de un desajuste entre las poblaciones autistas y no autistas, pueden desaparecer en las interacciones dentro de cada grupo. Así pues, las predicciones basadas en las definiciones clínicas del autismo acerca de la interacción autista-autista supondrían que serían no funcionales o ineficaces y, en cambio, las predicciones basadas en la teoría de la doble empatía acerca de la interacción autista-autista esperarían que serían exitosas y positivas.  Hasta la fecha no había pruebas experimentales que demostrasen directamente si las interacciones autistas-autistas tienen éxito.

Catherine Crompton y su grupo han realizado este estudio y lo han publicado en la revista Autism. Participaron un total de 72 voluntarios adultos, con 24 adultos en cada uno de tres conjuntos: autistas, no autistas y mixtos. La transferencia de información se estudió mediante una técnica de «cadena de difusión» que consiste en examinar la fidelidad de la información a medida que se transmite a lo largo de «cadenas» lineales de participantes, algo parecido a cuando de niños jugábamos en corro al «teléfono escacharrao» y nos íbamos contando uno a otro un mensaje y al final comprobábamos, entre risas, lo poco que se parecía el mensaje que recibió el último con lo que había emitido de entrada el primero. Como detalle curioso en muchos países angloparlantes el juego se conoce como «Chinese whispers», susurros chinos. 

Evaluando y analizando la tasa de degradación de la información a lo largo de la cadena, se puede explorar la eficacia de la transferencia de información. Este tipo de paradigma de cadena de difusión es sencillo y novedoso en el campo de la investigación sobre el autismo.

A los participantes iniciales se les contaba una historia que contaban a un segundo participante, que a su vez contaba la historia a un tercer participante y así sucesivamente, a lo largo de una “cadena de difusión” de ocho participantes (n = 72). La historia utilizada en las cadenas de difusión era una historia de 30 puntos, que seguía a un oso en una aventura surrealista. Los investigadores encontraron una disminución significativamente más pronunciada de la retención de detalles en las cadenas mixtas, mientras que las cadenas puras autistas no se diferenciaban significativamente de las cadenas puras no autistas. Encontraron, por tanto, que las personas autistas comparten información con otras personas autistas al igual que las personas no autistas lo hacen con otras personas no autistas. Sin embargo, cuando hay grupos mixtos de personas autistas y no autistas, se comparte mucha menos información y el mensaje se degrada. A los participantes también se les preguntó cómo se sentían al relacionarse con la otra persona en la interacción. Las personas de los grupos mixtos también experimentaron una menor compenetración con la persona con la que compartían la historia. Este hallazgo es importante ya que demuestra que las personas autistas tienen la capacidad de compartir bien la información entre sí y experimentan una buena compenetración, y que hay problemas selectivos cuando interactúan personas autistas y no autistas.

El estudio tiene algunas limitaciones que han sido explícitamente expuestas por los autores. En primer lugar, aunque con plena capacidad para detectar incluso efectos moderados, el tamaño de la muestra fue relativamente modesto, y será necesario replicarlo. En segundo lugar, los participantes eran conscientes del diagnóstico de la persona con la que estaban interactuando, lo que podría haber afectado a su comportamiento. En tercer lugar, las cadenas de difusión no se dividieron equitativamente por género, lo que puede haber afectado a los resultados. En cuarto lugar, las muestras tenían un cociente intelectual dentro del rango típico, se comunicaban verbalmente y era probable que hubieran recibido su diagnóstico en la edad adulta dada la edad media relativamente alta del diagnóstico. No se sabe si se encontrarían efectos similares en personas autistas con discapacidad intelectual.

El artículo me parece muy interesante, desafía la forma en que el autismo se ha caracterizado durante décadas incluso en el DSM más reciente, y señala la necesidad de favorecer la comunicación, la confianza, la complicidad, el interesarnos unos en otros entre autistas y no autistas. Los autistas no viven en un mundo distinto, viven en éste, que es también el suyo.

Para leer más:

  • Crompton CJ, Ropar D, Evans-Williams CVM, Flynn EG, Fletcher-Watson S (2020) Autistic peer-to-peer information transfer is highly effective. Autism 24(7): 1704–1712.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

5 comentarios en “El estudio del teléfono “escacharrao””

  1. Me parece muy interesante que los autores hayan registrado como limitación que “los participantes eran conscientes del diagnóstico de la persona con la que estaban interactuando, lo que podría haber afectado a su comportamiento”, he trabajado con TEA y creo que el conocerse y aceptarse en grupos mixtos es muy importante para una buena comunicación ya que permite que ambas partes se abran a la comunicación. Creo que en el principio de las relaciones se produce algo similar a lo que la comunicación intercultural denomima “choque cultural”. Aunque mi experiencia es mucho menos concluyente :).

    Me interesaría saber algo más respecto al diagnóstico en la edad adulta, tal vez podría darme alguna referencia de como/dónde se puede medir y/o diagnosticar este espectro cuando la disfuncionalidad social y comunicactiva asociada es de baja intensidad, le estaría muy agradecida.

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  2. Espectacular la grabación del audio! No sólo la intensidad, la entonación, la prosodia, los silencios… Sino también la edición, es impecable. ¡Enhorabuena!

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