Visible o invisible

Este experimento fue realizado por Daniel Simons y Christopher Chabris, en 1999 en la Universidad de Harvard. ¿Quieres participar en él? A continuación vas a ver un video. En él, un grupo de jóvenes se pasan un balón de baloncesto mientras se mueven de un lado a otro. Cuenta, por favor, cuántos pases, pases no botes, tienen lugar entre los jugadores que llevan camiseta blanca. El video se mueve a un ritmo moderado y llevar la cuenta de los pases es una tarea relativamente fácil.

Si tienes problemas con ver el video aquí abajo, pulsa en este enlace o copia esta dirección en tu navegador https://www.youtube.com/watch?v=vJG698U2Mvo&feature=emb_logo

¿Cuántos? Son quince, si lo has contado bien.

Y ahora la pregunta clave ¿viste al gorila?

En torno a la mitad del video, una estudiante disfrazada de gorila entra en la escena por el lado derecho, se detiene entre los jugadores, mira a cámara,  se golpea el pecho y se retira, luego de haber permanecido alrededor de nueve segundos en pantalla. Si no te importa me puedes dejar tu resultado en twitter (@jralonso3) simplemente, lo vi o no lo ví.

La tarea de contar los pases tiene como objetivo mantener al observador ocupado en algo que requiere atención a la acción que se desarrolla en la pantalla, pero en realidad la habilidad para contar pases no interesa. Lo que se está analizando es otra cosa: el efecto de la atención focalizada y cómo nos hace perder información que sucede en el mismo entorno.

Este es un ejemplo de entrevista a alguien que ha visto el video:

–¿Notó algo inusual mientras contaba los pases?

–No.

–¿Vio alguna otra cosa, además de los jugadores?

–Bueno, había algunos ascensores y unas letras “s” escritas sobre la pared. No sé para qué estaban esas letras “s”.

–¿Notó a alguien además de los jugadores?

–No.

–¿Vio un gorila?

–¡¿Un qué?!

Para sorpresa de los investigadores, ¡alrededor de la mitad de los sujetos de estudio no habían visto el gorila! Cuando volvieron a mirar el video, esta vez sin contar los pases, lo detectaron fácilmente y se quedaron atónitos. Algunos comentarios fueron: «¿No vi eso?» o «¡No puede ser!». Algunos acusaron a los autores de que les estaban poniendo un video distinto o que habían cambiado la cinta cuando no estaban mirando. No, no es así.

Desde entonces, el experimento se ha repetido muchas veces, bajo distintas condiciones, con diversas audiencias y en múltiples países, pero los resultados son siempre similares: en torno a la mitad de las personas no ven el gorila. El mismo efecto se vio en profesionales especializados. Un 83% de los radiólogos que examinaron esta radiografía de pulmón no vieron el gorila que hay en el lado superior derecho.

¿Cómo puede la gente no ver un gorila que camina delante de ellos? ¿Qué vuelve invisible al gorila? Este error de percepción proviene de una falta de atención hacia el objeto no esperado; en términos científicos se denomina «ceguera por falta de atención». Las personas, cuando dedican su atención a una zona concreta o a un aspecto particular, tienden a no advertir objetos no esperados, aun cuando éstos sean llamativos, potencialmente importantes y aparezcan justo allí adonde están mirando. Es una sorprendente demostración de la naturaleza de un efecto suma cero de la atención, si dedicas mucha atención a un aspecto determinado de la escena, los pases en este caso, apenas te queda para otras cosas que suceden al mismo tiempo. Cuando diriges tu foco mental a los pases de baloncesto, dejas al resto del mundo en la oscuridad. Incluso cuando estás mirando directamente al gorila (y otros experimentos muestran que la gente que no lo percibe a menudo tiene los ojos totalmente puestos en él) a menudo no lo ves, porque no es lo que estás buscando.

En 2006, Daniel Memmert realizó una serie de estudios en los que comprobó la forma en que la edad y la experiencia de los participantes afectan a la ceguera por falta de atención. Usando el video del gorila, hizo pruebas a seis grupos diferentes de participantes. Había dos grupos de niños (edad promedio = 7) la mitad con ninguna experiencia en baloncesto, y la otra mitad con 2 años de experiencia; dos grupos de jóvenes (edad promedio = 13) la mitad sin experiencia en baloncesto, y la otra mitad con 5 años de experiencia; y dos grupos de adultos (edad promedio = 24) la mitad sin experiencia en baloncesto, y la otra mitad con más de 12 años de experiencia. Luego instruyó a todos los grupos para que llevaran un registro de cuántos pases hacían las personas del equipo negro.

En general, los niños con o sin experiencia en baloncesto no percibieron al gorila más que los jóvenes o los adultos. No hubo diferencias significativas entre los grupos de jóvenes y adultos sin experiencia, o entre los grupos de jóvenes y adultos con experiencia. Este patrón de resultados sugiere que hasta la edad aproximada de 13 años, presumiblemente porque ciertos aspectos de la cognición están todavía en desarrollo, los casos de ceguera por falta de atención son más frecuentes, pero después se estabilizan a lo largo del resto de la vida.

Además, los jóvenes con experiencia en el baloncesto notaron al gorila significativamente más que los jóvenes sin experiencia en el baloncesto; y el grupo de adultos experimentados notó al gorila significativamente más que los adultos sin experiencia. Esto sugiere que si uno ha tenido mucha experiencia con los estímulos en un campo visual, es más probable que perciban conscientemente el objeto inesperado.

El estudio del gorila ilustra, quizá de manera más radical que cualquier otro, la influencia poderosa y generalizada de la ilusión de atención: experimentamos mucho menos de nuestro mundo visual de lo que creemos. Si fuéramos del todo conscientes de los límites de la atención, la ilusión se desvanecería. El experimento del gorila invisible también demuestra que los humanos a menudo sobreestiman su capacidad para realizar múltiples tareas de forma efectiva. Los autores instan a las personas a que dejen de usar los teléfonos móviles mientras conducen, tanto sujetándolos con la mano como utilizando el manos libres, ya que los estudios demuestran que el uso de un teléfono móvil perjudica drásticamente nuestra capacidad de percibir eventos inesperados, como puede ser algo que se está acercando por los lados a la carretera y se va a cruzar con la trayectoria de nuestro coche.

En su libro «El gorila invisible» Chabris y Simons plantean que es un error verlo como un error en nuestro software, en lugar de como lo que es, una limitación inherente. Nuestros cerebros son sistemas físicos y por lo tanto tienen recursos finitos. El verdadero problema aquí -lo que Chabris y Simons llaman «la ilusión de atención»- es que a menudo no somos conscientes de estas limitaciones; pensamos que vemos el mundo como realmente es, pero «nuestra vívida experiencia visual oculta una sorprendente ceguera mental», vemos mucho pero no vemos todo y no somos muy conscientes de esta restricción. El problema no se limita a la atención. Podemos sufrir limitaciones similares con la percepción, la memoria, los conocimientos o las habilidades. Somos seres limitados.

El experimento del gorila fue el fundamento de otro experimento centrado en el mundo real y con unas connotaciones dramáticas. El 25 de enero de 1995, el oficial de policía Kenneth Conley recibió una llamada de radio para que ayudara en una persecución a pie tras un tiroteo producido en un restaurante. Él y su compañero persiguieron a otro coche con cuatro hombres a bordo por diferentes calles hasta que los ocupantes del vehículo pararon, salieron del coche y escaparon a la carrera. Otros dos policías uniformados vieron a un hombre saltando una valla le agarraron y le golpearon salvajemente. El hombre resultó ser un policía de paisano, Michael Cox, que había oído el aviso por radio y se había unido a la persecución. Cox sufrió graves daños renales y heridas en la cabeza.

Conley dijo que no había visto a nadie golpeando a Cox aunque se supone que él estaba en la misma persecución. Más tarde el jurado condenó a Conley por perjurio y obstrucción de la justicia, al creer que había visto la paliza a Cox y había mentido para proteger a sus compañeros, pero mantuvo su palabra de que no, de que no lo había visto.

Chabris y Simons, los dos autores del experimento del gorila, junto con otros dos investigadores, Adam Weinberger y Matthew Fontaine decidieron ver si este escenario era posible. Diseñaron un experimento en el que se puso a cada participante una cámara de video y se le pidió que corriera unos diez metros detrás de un experimentador, y contara cuántas veces se tocaba la cabeza. Hicieron el experimento a distintas horas del día, con hombres y mujeres y siempre con la misma instrucción: «sigue al que va haciendo jogging, obsérvalo y cuenta las veces que se lleva la mano a la cabeza». Al mismo tiempo escenificaron una pelea a unos ocho metros del camino, que fue visible durante aproximadamente 15 segundos. La pregunta era ¿es posible ver algo realmente obvio, importante, y no percibirlo, no darte cuenta de que está sucediendo cerca de ti? Sí, así fue.

El procedimiento en su totalidad duró unos 2 minutos y 45 segundos, y luego se pidió a los participantes que anotaran el número de veces que habían visto al experimentador tocarse la cabeza con cualquiera de las manos (carga media), con ambas manos (carga alta), o no se les instruyó para que contaran en absoluto (carga baja). Después de la carrera, a los participantes se les hicieron tres preguntas: 1) Si habían visto la pelea; 2) si habían visto a un malabarista, y 3) si habían visto a alguien driblar una pelota de baloncesto. Las preguntas 2) y 3) eran preguntas de control, no había malabaristas ni balones de baloncesto en la escena, y nadie las reportó falsamente como verdaderas.

Los participantes eran significativamente más propensos a notar la pelea cuando el experimento se hacía durante el día en vez de en condiciones de baja luminosidad. Además, los avistamientos de la pelea fueron más probables de ser mencionados en la condición de baja carga (72%) que en la condición de carga media (56%), o en la condición de alta carga (42%). Ello sugiere que la atención es un sistema finito, si tengo que prestar más atención a la tarea que me han dicho, tengo menos «recursos cerebrales» para notar otras cosas que suceden en los alrededores. Estos resultados ejemplifican que la ceguera por falta de atención es un fenómeno real, y aportaron evidencia de que el oficial Conley pudo no haber visto la paliza  porque su atención estaba focalizada en otra parte.

Conley fue readmitido en la policía y se le abonaron 647 000 dólares en pagas atrasadas. Estos resultados se suman al conjunto de conocimientos que sugieren que a medida que aumenta la carga perceptiva, quedan menos recursos para procesar elementos no enfocados explícitamente y, a su vez, los episodios de ceguera por falta de atención se hacen más frecuentes.

Hay distintas conclusiones de los experimentos de Chabris y Simons. Primero, estamos sujetos a poderosas ilusiones sobre cómo funciona nuestra mente. En segundo lugar, estas ilusiones son difíciles de evitar, incluso cuando se nos señalan en libros como éste. Tercero, la tecnología puede estorbar más de lo que ayuda, ya que los nuevos inventos a menudo agotan nuestras capacidades mentales aún más, nos abruman con información constante y, a veces, simultánea.

No podemos eliminar nuestras ilusiones, pero si somos conscientes de que existen podemos estar mejor preparados y podemos cambiar la forma en que pensamos de nosotros mismos y de los demás. Es tentador ver nuestra tendencia a equivocarnos o a sobreestimar nuestras capacidades como un reflejo de arrogancia y estupidez. Pero Chabris y Simons nos muestran que esto es un error, y nos guían a la esperanza de que una mejor comprensión nos ayude a templar estas reacciones. El gorila invisible podría enseñarnos a ser más humildes, más comprensivos y a perdonar más.

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

3 comentarios en “Visible o invisible”

  1. No vi al gorila.
    Gracias por compartir todos estos experimentos que nos ayudan a entender cuánto más humildes hemos de ser con nuestro cerebro.

    Me gusta

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