Me faltan dedos

Las pinturas rupestres son un tipo de arte parietal que se encuentra en las paredes o en los techos de cuevas por todo el mundo. Tiene una larga historia y en algunos lugares, como la cueva de Gabammung, en el norte de Australia, hay pinturas de más de 28 000 años de antigüedad, mientras que otras, en el mismo lugar, se hicieron hace menos de un siglo.

Las siluetas y las huellas de manos son un componente característico del arte rupestre. De hecho, la pintura rupestre más antigua que se conoce es una silueta de mano roja encontrada en la cueva de Maltravieso, en Cáceres. El método de uranio-torio la dató en más de 64 800 años, lo que sugiere que fue realizada por un neandertal ya que esa fecha es anterior a la llegada de Homo sapiens a la Península Ibérica por al menos 20 000 años. Sin embargo, esta cronología es discutida y hay quien considera que esa pintura tiene una antigüedad de 47 000 años, una edad que la haría mucho más cercana a la presencia de los primeros sapiens en el occidente europeo.

Para crear una imagen positiva de mano positiva, una huella, el artista sumergía su mano en pigmento y luego la presionaba sobre la pared de la cueva. Para hacer una imagen negativa de mano, una silueta, el individuo colocaba una mano en la pared y soplaba el pigmento, probablemente a través de una caña, un hueso o algún otro tipo de tubo hueco. Estas siluetas de mano forman una imagen característica con un área aproximadamente circular de pigmento sólido rodeando la forma incolora de la mano en el centro, que luego a veces está decorada con líneas o puntos. Siluetas y huellas de manos se encuentran en formas similares y por cientos en Europa, Asia oriental, América del Sur y Australia.

Una cosa llamativa es que algunas huellas y siluetas de manos encontradas en el arte rupestre muestran la falta total o parcial de un dedo o más. Su proporción es asombrosamente alta: de las 231 imágenes de manos en la cueva de Gargas en Aventignan (Francia) en 114 falta al menos un segmento de dedo, mientras que en la cueva de Cosquer (Calanque de Morgiou, Francia), de 49 imágenes de manos, a 28 les falta algún segmento de dedo. La falta de falanges de dedos en las huellas y siluetas de las manos no se limita a los pintores del Paleolítico francés: en Maltravieso, a 61 de las 71 imágenes de las manos les faltan dígitos. Muchas cuevas han sido ocupadas en diferentes períodos, pero se piensa que la gran mayoría de estas imágenes con falanges perdidas se remontan al Gravetiense (ca. 22 000–27 000 años de antigüedad) y basándose en el tamaño de las imágenes, se cree que estos individuos incluían hombres, mujeres, adolescentes y niños.

Las explicaciones sobre la «falta» de dedos en estas imágenes son muy variadas. Una posibilidad es que las manos estuvieran intactas y los autores de la pintura doblasen los dedos al hacer las huellas o las siluetas, tal vez para sostener una herramienta, como un sistema simple de recuento, como firma o como lenguaje de señas. Los defensores de esta última hipótesis han argumentado que las imágenes de manos incompletas se asemejan mucho a las señales manuales utilizadas por algunos grupos San para comunicarse en silencio mientras cazan. Sin embargo, hay impresiones de manos con muñones de dedos en barro endurecido en la cueva de Gargas que sugieren que son mutilaciones reales. Una segunda posibilidad es que las personas perdiesen accidentalmente dedos debido a congelación, a accidentes de caza, a lesiones al tallar las herramientas de piedra, a infecciones u otras enfermedades. La enfermedad de Raynaud, por ejemplo, implica un estrechamiento de las arterias que reduce el flujo de sangre a los dedos y puede, en casos graves, requerir la amputación de las partes afectadas. Otro ejemplo es el comportamiento de automutilación que afecta a los dedos después de una infección meningocócica grave o el síndrome de Lesch-Nyhan, dos circunstancias donde también es común perder dedos o falanges. Una tercera posibilidad es que la pérdida fuera real pero a propósito, no accidental o como resultado de una enfermedad. Una auto-mutilación tan dramática suena extraña, pero un estudio etnográfico reciente publicado por el grupo de McCauley encontró que 121 sociedades humanas en todo el mundo practican o han practicado hasta hace poco la amputación de dedos. Uno de los enigmas de la neurociencia es cómo nuestro cerebro «consiente» hacerse daño a sí mismo como en una automutilación o, en el caso más extremo, llegar al suicidio.

El grupo de investigación de McCauley clasificó las prácticas de amputación en diez grupos diferentes, dependiendo de si eran voluntarias, es decir, aceptadas por el participante, o involuntarias, forzadas sobre él. Evidentemente nuestro sistema nervioso no es responsable cuando a alguien le cortan un dedo pero sí cuando es un fenómeno voluntario. Los actos voluntarios incluyen la eliminación de segmentos de dedos para pedir ayuda a una deidad (sacrificio), para expresar el dolor por una pérdida (luto), para marcar la pertenencia a una comunidad (identidad), para buscar una curación (medicina) y para indicar el estado civil (matrimonio). También se identificaron dos prácticas involuntarias: la amputación para sancionar una mala acción (castigo) y la amputación para producir un objeto mágico u objeto de adoración (reliquia). Entre las prácticas post mortem, hay una que era realizada por parientes cercanos: la amputación para apelar a una deidad para conseguir ayuda (ofrenda) y dos que fueron llevadas a cabo por miembros de otro grupo: para marcar la victoria sobre un enemigo fallecido (trofeo) y para usarla en procesos de adoración o magia (talismán).

Los datos etnográficos no encajan con las pinturas rupestres en aspectos importantes. La mayoría de los ejemplos de culturas recientes involucran el corte de un dedo meñique, un sacrificio relativamente pequeño, mientras que las siluetas de manos en la cueva de Gargas muestran la pérdida de hasta cuatro dedos, algo que pondría en peligro el funcionamiento normal de esa mano. En las siluetas de mano del Paleolítico, se ve un acortamiento secuencial de los dedos quinto, cuarto y tercero, con el pulgar preservado, un patrón que no se observa en ninguno de los casos etnográficos, pero que es típico de los daños por congelación.

Cuando pensamos si algún grupo actual practica la auto-amputación de dedos hay una respuesta común: la mafia japonesa o Yakuza. Probablemente esa imagen se deba a películas populares como Street Mobster (dirigida por Kinji Fukasaku en 1972), The Yakuza (dirigida por Sydney Pollack en 1974), Black Rain (dirigida por Ridley Scott en 1989) y The Outsider (dirigida por Martin Zandvliet en 2018).

Yubitsume, traducida como acortamiento de dedos, la autoamputación ritual de los dígitos proximales por parte de los Yakuza se realiza en sujetos vivos, suele ser voluntaria, y es normalmente un castigo para expiar un error o un sistema para demostrar lealtad, mostrar a otro una disculpa sincera y el remordimiento por un error y también se hace para evitar un castigo peor. Es algo común: la pérdida de falanges o dedos afecta al 45 por ciento de los miembros modernos de la yakuza. Por supuesto, es difícil determinar qué prácticas etnográficas recientes fueron similares a las de las personas del Paleolítico Superior, pero algunos autores excluyen algunas de ellas, y piensan que los objetivos más comunes para los artistas rupestres eran el luto y/o el sacrificio.

La ratio digital es la proporción entre la longitud del dedo índice (2º dedo o 2D) y la longitud del dedo anular (4º dedo o 4D) y ha sido objeto de un gran interés porque el patrón es dimórfico sexualmente, es decir, es diferente en hombres y en mujeres. Las diferencias en la longitud de ambos dedos entre hombres y mujeres se deben, según se cree, a la interrelación entre los niveles de esteroides sexuales y los genes que codifican tanto el desarrollo de los dedos como del sistema reproductor. Estos genes y hormonas también influyen en la sexualización del cerebro, nuestros cerebros son masculinos o femeninos y ello se muestra en detalles anatómicos mínimos pero sí en importantes respuestas conductuales (agresividad, promiscuidad, capacidad verbal, navegación espacial, interés por la pornografía, etc. ). Es importante recordar que la neurociencia no justifica la discriminación sexual sino que apoya la igual capacidad de los cerebros de hombres y de mujeres.

El índice digital permite establecer otra diferencia entre los artistas de las cuevas y los Yakuza. La Yakuza parece ser una sociedad exclusivamente masculina donde las mujeres permanecen fuera de la esfera de la actividad criminal en esta estructura organizada, aunque se han identificado algunas excepciones, y las esposas yakuza tienen normalmente un papel pasivo de apoyo emocional, familiar y financiero a sus maridos mafiosos. Sin embargo, Dean Snow considera que las huellas de manos y las plantillas son un caso especial de sesgo implícito, ya que la suposición tradicional es que el arte parietal del Paleolítico Superior del sudoeste de Europa fue producido por varones adultos o jóvenes, pero esto no se había verificado. En una muestra de 32 huellas de manos en cuevas, concluyó, basándose en la proporción de dedos índice y anular, que las personas que hicieron estas huellas y siluetas de mano eran predominantemente (75%) mujeres. Es decir, los autores del arte rupestre eran mayoritariamente autoras.Además de las películas mencionadas anteriormente, la mutilación de los dedos se encuentra en muchos otros componentes de la cultura pop, incluido el cuento de Roald Dahl Man from the South (1948), la novela de William Gibson Neuromancer, el programa de televisión japonés Like a Dragon, la serie CSI: Miami (Temporada 8, Episodio 13, “Die By the Sword”) e incluso en la reciente serie televisiva Juego de tronos, donde uno de los personajes Davos Seaworth, el caballero de la Cebolla, también le faltan dedos. Debido a su pasado como contrabandista, Stannis le cortó cuatro falanges de la mano izquierda, las cuales llevaba en una bolsa colgada del cuello.El Yubitsume se realiza raramente hoy en día. El deseo de los yakuza de ser menos conspicuos parece haber llevado al declive de esta práctica, y las principales formas de castigo entre estos delincuentes actualmente son las sanciones económicas y la expulsión de la organización. Además, los informes de la policía japonesa indican que algunos miembros usan anestesia para facilitar el yubitsume e incluso casos donde el mafioso va al hospital con el dedo cortado para que se lo vuelvan a implantar después de habérselo mostrado a su jefe. ¡Hay que ver, hasta los soldados yakuza ya no son tan duros como antes!

 

Para leer más:

  • Alkemalde R (2014) Outsiders Amongst Outsiders’: A Cultural Criminological Perspective on the Sub-Subcultural World of Women in the Yakuza Underworld. http://www.japansubculture.com/outsiders-amongst-outsiders-a-cultural-criminological-perspective-on-the-sub-subcultural-world-of-women-in-the-yakuza-underworld/
  • Bosmia AN, Griessenauer CJ, Tubbs RS (2014) Yubitsume: ritualistic self-amputation of proximal digits among the Yakuza. J Inj Violence Res 6(2): 54-56.
  • Marshall M (2018) Cave art may show finger sacrifice. New Scientist 3207: 16.
  • McCauley B, Maxwell D, Collard M (2018) A Cross-cultural Perspective on Upper Palaeolithic Hand Images with Missing Phalanges. J Paleolithic Archaeol 1(4): 314–333.
  • Snow DR (2013) Sexual dimorphism in European Upper Paleolithic cave art. Amer Antiquity 78(4): 746-761.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

3 comentarios en “Me faltan dedos”

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