Sexo, género y autismo

El sexo está definido por las características biológicas (cromosomas, genitales y hormonas) que presenta un ser humano y que se usan generalmente para clasificarle como hombre o mujer, sexo masculino o femenino. El género es otra cosa, es un conjunto de comportamientos y tiene un fuerte componente social. La identidad de género es cómo se autodefine una persona basada en su experiencia y en su sentido de identidad, quién siente que es en realidad. Junto a los dos géneros tradicionales, masculino y femenino hay otras posibilidades como no binario, neutro, fluido, «genderqueer», etc. En la actualidad cada vez hay más personas que consideran el género como un espectro, un rango amplio y diverso en vez de un sistema binario, con solo dos opciones. 

Las personas con autismo presentan diferencias en su comportamiento frente a los normotípicos. Una revisión sistemática ha encontrado que, de las dos características diagnósticas planteadas en el DSM-5, comportamientos repetitivos y dificultades en la comunicación, los niños tienen mayores niveles de comportamientos repetitivos desde los seis años mientras que no existen diferencias, a lo largo de toda la vida, en la comunicación social entre niños y niñas (Van Wijngaarden-Cremers et al., 2014).

La teoría del cerebro masculino extremo propuesta por Baron-Cohen y su grupo (2005) para explicar el autismo también hace pensar en el género y el cerebro. Esta hipótesis plantea que el perfil cognitivo de las personas con autismo es característicamente «masculino» puesto que son significativamente mejores sistematizando que empatizando, mientras que en la población general las mujeres superan a los hombres en empatía y los hombres a las mujeres en herramientas de sistematización, aunque es algo modulado tanto por las normas culturales como por la motivación individual.

Los datos anatómicos presentan algunas evidencias en este sentido, los cerebros son órganos sexualmente dimórficos y las mujeres cuya anatomía cerebral es más parecida a la típica del hombre, un resultado basado en medidas del espesor de la corteza cerebral, tienen el triple de posibilidad de tener autismo que las que presentan una anatomía cerebral más típicamente femenina (Ecker et al., 2017). Hay también evidencias sociales: investigaciones cualitativas han encontrado que las niñas y mujeres con autismo prefieren socializar con niños y hombres en vez de con otras mujeres (Bargiela et al., 2016) y que no se identifican con facilidad con los criterios característicos habituales de la feminidad en nuestra sociedad occidental (Kanfiszer et al. 2017).

La varianza de género es la identidad de género o expresión de género que no encaja en las normas tradicionales sobre el género masculino o el femenino. En el autismo es más frecuente que en la población normotípica. La variabilidad de género en personas nacidas como mujeres y que tienen autismo es del 22% (Dewinter et al. 2017) o del 33% (Bejerot and Erikson 2014; George and Stokes 2017) frente al 8% (Dewinter et al. 2017) y al 22% (George and Stokes 2017) de los nacidos como hombres. Otro estudio (Strang et al., 2014), sin embargo, no encontraba diferencias en la varianza de género en niños con autismo aunque este resultado puede estar mediatizado porque los tamaños de los grupos eran desiguales y comparaban 24 personas nacidas como mujer con 123 nacidas como hombre.

Cuando una persona se siente estresada por sentir una identidad de género distinta a su sexo biológico, se denomina disforia de género. Estas personas pueden tener una fuerte tendencia a cambiar de sexo, pueden sentir que pertenecen o quieren ser tratados como pertenecientes a otro grupo de género o pueden sentir la firme convicción de tener los sentimientos y reacciones típicas del otro género. El porcentaje de diagnóstico de autismo entre las personas que acceden a servicios clínicos de identidad de género está entre el 5,5 y el 26%, muy superior al 1% de prevalencia en la población general.

Las personas con autismo, tanto las nacidas hombre como mujer, presentan mayores niveles de variancia de género que la población general. Es decir, las personas con autismo tienen mayor probabilidad de presentar variantes de género que la población normotípica y la variabilidad es mayor en las mujeres con autismo que en los hombres con autismo (Cooper et al., 2018).

Otros estudios han encuestado a los padres de niños con autismo y han visto que señalan en sus hijos un mayor deseo de ser del género opuesto que en la población general. Strang et al. (2014) encontró que los padres del 5,4% de 147 niños con TEA señalaban que su hijo a veces o frecuentemente desearía ser del género opuesto. Eso era 7,59 veces más que en el grupo control. Se ha comprobado en la adolescencia y la vida adulta las propias personas con TEA. Un estudio de 2018 por Van der Miesen y su grupo ha preguntado a 573 adolescentes (469 asignados como niños y 104 asignados como niñas) y 807 adultos (616 asignados como hombres y 191 asignados como mujeres) con TEA, comparando los datos con 1016 adolescentes y 807 adultos de la población general. Más adolescentes (6,5% frente a 3,1% en controles) y más adultos (11,4% frente a 5% en controles) de la población con TEA preferirían ser del género opuesto. En los adolescentes era más común ese deseo en las muchachas (11,5%) que en los muchachos (5,3%), mientras que no había diferencias estadísticamente significativas en los adultos (15,8% en las mujeres frente a 10,0%).

Con respecto a la forma de comportarse, las personas con autismo muestran con menor frecuencia los comportamientos estereotípicos de los hombres que controles de la misma edad. Es posible que el componente social de la identidad de género sea el que esté afectado pues las mujeres con autismo mostraban menor identificación y se sentían menos positivas sobre su grupo de género que los controles. El grupo de Cooper estudió la identidad de género, la autoestima sobre el propio género y algunos aspectos de la expresión de género (masculinidad y feminidad) en hombres con autismo, mujeres con autismo y controles. La conclusión fue que las personas con autismo tenían una menor identificación de género y menor estima a su propio género que los controles y las personas con autismo nacidas como mujeres tenían menor identificación de género que los hombres con autismo y las personas nacidas como mujeres y sin autismo.

La conclusión es que las personas con autismo, en particular las nacidas como mujeres, tienen una menor identificación social y más sentimientos negativos sobre el grupo de género correspondiente a su sexo.

 

Para leer más:

  • Bargiela S, Steward R, Mandy W (2016) The experiences of late-diagnosed women with autism spectrum conditions: An investigation of the female autism phenotype. J Autism Develop Dis 46: 3281–3294.
  • Baron-Cohen S, Knickmeyer RC, Belmonte MK (2005). Sex differences in the brain: Implications for explaining autism. Science 310 (5749): 819–823.
  • Cooper K, Smith LGE, Russell AJ (2018) Gender Identity in Autism: Sex Differences in Social Affiliation with Gender Groups. J Autism Develop Dis 1–12.
  • Ecker C, Andrews DS, Gudbrandsen CM, Marquand AF, Ginestet CE, Daly EM, Murphy CM, Lai MC, Lombardo MV, Ruigrok AN, Bullmore ET, Suckling J, Williams SC, Baron-Cohen S, Craig MC, Murphy DG; Medical Research Council Autism Imaging Multicentre Study (MRC AIMS) Consortium. (2017) Association Between the Probability of Autism Spectrum Disorder and Normative Sex-Related Phenotypic Diversity in Brain Structure. JAMA Psychiatry 74(4): 329-338.
  • Kanfiszer L, Davies F, Collins S (2017). ‘I was just so different’: The experiences of women diagnosed with an autism spectrum disorder in adulthood in relation to gender and social relationships. Autism 21: 661–669.
  • Strang JF, Kenworthy L, Dominska A, Sokolof J, Kenealy LE, Berl M., … Wallace GL (2014) Increased gender variance in autism spectrum disorders and attention defcit hyperactivity disorder. Arch Sexual Behav 43: 1525–1533.
  • Van der Miesen AIR, Hurley H, Bal AM, de Vries ALC (2018) Prevalence of the Wish to be of the Opposite Gender in Adolescents and Adults with Autism Spectrum Disorder. Arch Sex Behav doi: 10.1007/s10508-018-1218-3.
  • Van Wijngaarden-Cremers PJ, van Eeten E, Groen WB, Van Deurzen P A, Oosterling IJ, Van der Gaag RJ (2014) Gender and age differences in the core triad of impairments in autism spectrum disorders: A systematic review and meta-analysis. J Autism Develop Dis 44(3): 627–635.

 

 

 

 

 

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

8 comentarios en “Sexo, género y autismo”

  1. Qué “genero” de estudio puede medir y cómo variantes psicológicas tan maleables. Qué tipo de autismo está en la base. ¿Ciencia de la identidad? ¿Del odio? ¿Del amor?. Estos grandes cientificos de la ideología de género ¿nos toman el pelo a losla padres de autistas? ¿No tienen otra cosa que estudiar para ayudar a estos seres heridos gravemente?

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    1. No entiendo su pregunta si es que realmente es una pregunta. ¿Odio, amor? ¿En qué parte de este post o en los artículos que comento se habla de odio o de amor? No sé si mezcla la política sobre el género con la investigación sobre la identidad de género pero mi post solo habla de esta segunda parte. Por otro lado, como confío habrá visto este blog siempre está del lado de las personas con autismo y sus familias. Intenta ayudar, explicar, recoger investigaciones recientes y traducirlas de idioma y de nivel de comprensión. Lo de “no tienen otra cosa que estudiar” es triste que lo plantee, se estudian absolutamente todos los aspectos de la genética, a los cambios moleculares, a las posibles causas, a los efectos de los tratamientos, a aspectos de la vida familiar o social y a aspectos personales, entre los cuales la identidad de género no es de los menos importantes. Un saludo cordial

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  2. Me ha llamado la atención la definición de género como “algo social” y sexo como “algo biológico”. Tanto que he ido a la RAE y resulta que esa acepción aparece en la versión de 2017 pero no en la de 2006. Hasta ahora siempre me había parecido una mamarrachada copiada del puritanismo anglosajón al que le daba apuro usar la palabra “sexo”. En español de toda la vida “género” era sólo para la gramática mientras que para las personas usábamos “sexo” sin tapujos. En fin, doctores tiene la Iglesia y si la RAE quiere admitir “murciégalo” y “almóndiga” mientras se cierra a “cocreta” allá ellos.

    Digresiones lingüísticas aparte, ¿seguro que este tipo de estudios en autistas es fiable? Lo digo porque el comportamiento sexual humano tiene un fuerte componente social y desde luego de relación personal que, hasta donde yo sé, es precisamente de lo más problemático en los autistas (al menos lo que creemos los profanos en TAE). Por eso me da la impresión que los problemas de identificación sexual pueden fácilmente estar mezclados con otros problemas y que sean una proyección de ellos. Por eso, ¿son realmente fiables?

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    1. Tengo una edición del diccionario de la RAE que define “marxismo” como “doctrina de Marx y sus secuaces”. Con ello quiero resaltar la necesaria prudencia a la hora de estimar el valor de una acepción en el diccionario, en este y en cualquiera. Sobre la diferencia entre el lenguaje cotidiano y la necesidad de limpiar, pulir y dar esplendor, es algo que se escapa a este blog. Solo confío en que llegue algún día cierta comprensión a los laístas, pues soy incapaz de poner un le-la-lo a derechas.
      El segundo párrafo tiene más miga. Quizá se explica solo si quitamos “en autistas” (por cierto, siempre digo que me gusta más decir personas con autismo que autistas, tampoco digo sidosos, digo personas con sida, como hemos visto antes, el lenguaje raramente es inocente). La varianza de identidad de género es un tema real, que si es difícil en una sociedad avanzada como la nuestra no quiero imaginar lo que debe ser vivirlo en el resto del mundo y puede generar un trastorno como es la disforia de género. En la pregunta mezcla distintas cosas. ¿Se pueden hacer estudios fiables en seres humanos? Creo que la respuesta es claramente sí. ¿Estamos todos los seres humanos mediatizados por nuestra vida familiar, nuestras experiencias sociales, nuestra educación? La respuesta es también sí. Eso implica que la investigación con humanos es más complicada que la que yo hago con ratones donde puedo tener 20 animales que han nacido el mismo día, pesan lo mismo, han comido lo mismo todos los días de su vida, tienen una genética similar y han conocido únicamente un espacio y un ambiente. La investigación es reduccionista. Intentamos tener dos grupos lo más parecidos posibles con una única variante, tener o no tener autismo. Evidentemente el autismo te afecta tanto en tu vida personal y social que no es una variable “pura” pero el cáncer también te afecta mucho en tu vida personal y social y no lo vemos tan problemático. Entonces hacemos una investigación, por ejemplo preguntar a los padres de esos muchachos si han visto dificultades con su identificación en sexo y en género y lo que se encuentra es que esa problemática es 7 veces más frecuente en la población con autismo. Yo no lo interpreto como una verdad absoluta, otro estudio puede encontrar que la diferencia es 3 veces o 20 pero será difícil, si el estudio está bien hecho, que alguien encuentre que no hay diferencias. Y si lo encuentra, ya está, la ciencia va avanzando corrigiendo estudios anteriores. Y mientras tanto vamos aprendiendo solo cómo se vive el autismo y sobre algunas características reales de las personas afectadas que quizá no sean tan evidentes incluso para los especialistas. Para los formados en “ciencias duras” los estudios de psicología y no digamos ya ciencias sociales son vistos a menudo como ciencia “soft” pero eso es pura hubris. Son, en mi opinión, estudios necesarios y hay muchos muy bien hechos. Un saludo cordial

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      1. Bueno, me temo que soy de esos de las “ciencias duras” y reconozco que soy de los que tienen ciertos prejuicios hacia las “soft” pero en este caso concreto no va por ahí sino por las dificultades intrínsecas de los autistas (o personas con autismo si lo prefiere). Si con personas con personalidades relativamente accesibles es bastante complicado aislar variables, no quiero ni pensar lo que tiene que ser en alguien que tiene autismo que, por lo que sé, afecta directamente a la accesibilidad y por eso planteaba si eran fiables. Ya me imagino que la forma de indagar no será la misma que la que me harían a mi, por ejemplo, y que habrá pruebas específicas para ello, pero tiene que ser difícil de narices.

        Naturalmente que los idiomas evolucionan ya que de lo contrario seguiríamos hablando en “paleolítico” y no parece práctico :-P. Lo que me molesta es que se modifique el lenguaje por culpa de los prejuicios o para intentar cambiar o esconder realidades porque yo tampoco creo que las palabras sean inocentes y desde luego no comparto la política que lleva la Academia últimamente en unas cuantas cosas, pero efectivamente esa es otra historia. Lo sacaba a relucir porque hasta leer su entrada creí que lo de “género” no había llegado al diccionario y me extrañaba que un blog tan serio como el suyo usase un término de forma incorrecta. Por eso lo comprobé y, efectivamente, se usa correctamente. A partir de ahora cuando alguien lo use tendré que morderme la lengua 😀

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      2. Entiendo perfectamente y comparto mucho de lo que me dice. Los biólogos también nos consideramos de “ciencias duras”, afirmación que supongo que a los físicos y a los matemáticos les debe poner los pelos de punta. El problema de trabajar con personas con autismo es que son muy diversas, por eso se habla de espectro. Algunas tienen cociente de inteligencia superior a la media y otras tienen discapacidad intelectual, algunos hablan y otros no. Por eso se usan estrategias diversas tales como puede ser hacer encuestas a padres, cuidadores, maestros, etc. pero también estamos cambiando y hay una tendencia, que me parece positiva, que intenta que no sean el “material y métodos” de un trabajo, sino que sean protagonistas y participen en el diseño, en la evaluación, en la realización e interpretación de los estudios que los afectan.
        Es interesante también lo que me dices de la corrección del lenguaje, usamos un término que de repente pasa de ser incorrecto a correcto simplemente porque la RAE acepta que la sociedad ya lo ha asumido. ¿Era ya correcto antes de que la RAE diera su bendición? Es divertido también cuando un académico como Pérez Reverte dice que no se haga ni caso a la academia en temas como el solo-sólo. En fin, es importante este esfuerzo que comentas por hablar correctamente.
        Un saludo muy cordial

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      3. ¿Alguien piensa que los biólogos son “soft”? Para mí son “soft” las ciencias sociales incluida la economía por mucho aparato matemático que incluya, pero la biología es de lo más “hard”. Vale, el gusto por la taxonomía que tienen algunos biólogos para meter a todo bicho viviente en un reino, clase, orden, familia, etc es un poco ciencia “soft” pero hasta eso es totalmente “hard” cuando te toca estudiarlo. Cuando estaba en el bachillerato habría aceptado una colección de integrales de las raras a cambio de no tener que empollarme todo aquello 😀 😀 😀

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  3. Buenos días, me parece un artículo muy interesante que compartiré. Para los padres de personas con autismo me parece muy relevante esta información ( lo soy, madre digo, y me interesa mucho) y por supuesto para sexólogos y para sociólogos.
    La influencia social en nuestra identificación como hombre o mujer y las conductas propias de cada género y en qué medida afecta a las personas con autismo. Y en otro sentido, me preocupa la posibilidad de nuestros chicos de comunicar a su entorno que no se sienten identificados con el sexo con el que han nacido sobre todo en los casos en los que hay graves problemas de comunicación.
    Gracias
    Un saludo

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