Diario de viaje (II) La biblioteca

Mi nuevo lugar de trabajo es la International Youth Library, la Internationale Jugendbibliothek o la Biblioteca Internacional Infantil y Juvenil, según en qué idioma hablamos y estos días estoy, por eso de sobrevivir, hablando en los tres. Es la más grande del mundo en su género y creo que también es la mejor. Sus fondos son más de 600.000 libros de literatura infantil y juvenil, de los últimos 600 años, en 130 idiomas. Tiene archivos y museos, entre ellos uno con la obra original de Michael Ende, una biblioteca de investigación que es donde yo trabajo, y un personal amable, experto y divertido como solo los bibliotecarios -¡90% bibliotecarias!- saben ser. Hay aquí expertos en distintos idiomas y distintas zonas del planeta y ellos son los que están en contacto directo con las editoriales que proveen de libros a la biblioteca, son verdaderos especialistas siempre dispuestos a ayudar y a colaborar.

La biblioteca fue creada por Jella Lepman en el otoño de 1945, nada más terminar la II Guerra Mundial.

Jella Lepman

Lepman, periodista y escritora judía, pudo ver unos años antes cómo los libros de Erich Kästner y otros autores eran quemados en la hoguera, huyó de Alemania con sus hijos y se exilió en Inglaterra. Su marido había muerto tras la contienda de las heridas sufridas en la I Guerra Mundial. Al terminar la II Guerra Mundial los aliados le pidieron a Lepman que volviera a Alemania para trabajar en un tema crucial: la reeducación de las mujeres, los jóvenes y los niños alemanes, la siguiente generación. Hablaba inglés y alemán y tenía la confianza de las fuerzas de ocupación pues había colaborado con la BBC en la denuncia de los nazis. Decidió iniciar su nueva tarea utilizando un arma de construcción masiva: los libros infantiles. Pensó que esas obras, claves en la formación de un niño, podrían avanzar en el entendimiento mutuo entre los pueblos que pocos meses atrás se estaban masacrando. Afianzó su compromiso al volver a Alemania y ver las ciudades convertidas en montañas de escombros, y puso en marcha una iniciativa a la vez sencilla y ambiciosa: organizar una exposición de libros infantiles. Escribió a veinte países europeos solicitando libros para la muestra y diecinueve prometieron su apoyo incondicional, solo uno rehusó: Bélgica. “Dos veces hemos sido invadidos por los alemanes; lamentamos no poder aceptar su invitación” fue su respuesta. Jella Lepman no se arredró y escribió inmediatamente al gobierno belga “Les ruego que reconsideren su decisión, pues precisamente su país no puede quedarse al margen de este intento por dar a los niños alemanes una nueva oportunidad. ¿Acaso no reviste para ustedes una especial importancia el hecho de implicarse en la formación de toda una generación de jóvenes alemanes para que nunca más tengan que temer otra invasión?” Dicen que el envío belga incluyó finalmente algunos de los libros más hermosos de la exposición.

Es más importante de lo que parece. Todos conocemos a la simpática abeja Maya, pero no en la versión original, la escrita por el alemán Waldemar Bonsels en 1912. En esa versión la colmena es una sociedad militarista y llena de reglas que muestra claros síntomas de racismo, xenofobia y nacionalismo. En el ataque de los avispones mueren algunos oficiales de las fuerzas armadas de las abejas que son glorificados en una épica castrense. Maya se enfada cuando un saltamontes confunde a las abejas con las avispas y le  explica que no tienen nada que ver y que ésas son “una banda inútil de bandidos” sin hogar ni principios. También lo hace cuando una mosca le llama idiota a lo cual responde que le va a enseñar a “respetar a las abejas” y le amenaza con su aguijón. Un comportamiento un tanto diferente del de la dulce Maya de los dibujos animados que vimos muchos de nosotros. De hecho, en la serie de animación, el militarismo es parodiado en el ejército de hormigas, el papel de los avispones se reduce y aparece Willi, un personaje asustadizo y pacífico que no existía en el cuento original. La versión original era la que leían los padres a sus hijos en la vísperas de la I Guerra Mundial. Los cuentos infantiles ayudan a modelar el futuro.

En 1949 Lepman creó la IJB, mi biblioteca, con apoyo del presidente del presidente de la República Federal Alemana Theodor Haus y de Eleanor Roosevelt. Sus mecenas de la Fundación Rockefeller la valoraron como una de sus contribuciones más significativas a la reorientación de Alemania Occidental  y a la paz mundial. También impulsó la creación de IBBY (Organización Internacional del Libro Juvenil) en 1953 y del premio Hans Christian Andersen, a los autores e ilustradores de libros infantiles, en 1956. Su obra en fomento de la lectura continúa en la biblioteca al día de hoy con numerosas exposiciones que marchan en préstamo difundiendo el mensaje de amor a los libros y a la paz.

La IJB está situada en un lugar único: el castillo de Blutenburg. Es un palacio mandado construir por Alberto III, duque de Baviera en 1438-39, como pabellón de caza. Adosada está la capilla del palacio, encargada por Segismundo de Baviera y considerada una obra maestra del gótico tardío alemán. En este país tan machacado por las guerras conserva sus vidrieras y los altares con pinturas obra de Jan Polack en 1491. A ver ¿a que sé elegir lugares sugerentes para trabajar? ¡Un suertudo! En la próxima entrega os contaré el proyecto que presenté y que me permite estar aquí.

La IYL publica The White Ravens (Los Cuervos Blancos), el catálogo anual de recomendaciones internacionales sobre libros de literatura infantil y juvenil, un referente a nivel mundial. Presentarán la edición de 2017 en la feria del libro de Frankfurt en unos pocos días. También publica el Arche Kinder Kalendar, un calendario para niños para promover la lectura, y Das Bücherschloss (El castillo de los libros), una revista anual. Aunque echas de menos tu país y las personas a las que quieres, es una alegría ser parte activa de un proyecto así.

 

Para leer más:

  • Lepman J (2017) Un puente de libros infantiles. Creotz Ediciones, Vigo.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

5 comentarios en “Diario de viaje (II) La biblioteca”

  1. Ciertamente, es una maravillosa historia. La cultura como instrumento de paz, que gran objetivo, y realmente es el único camino. Por otra parte, que suerte tienes en trabajar en ese paraíso, y que suerte tenemos nosotros de contar con un cronista como enviado especial a él, que nos cuenta esas maravillas. Gracias.

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