47 cromosomas

originalUn síndrome es un conjunto de signos y síntomas que se observan y son característicos de una condición determinada. El síndrome de Down fue descrito por John Langdon Haydon Down en 1866 aunque Jean-Étienne Dominique Esquirol en 1838 y Édouard Séguin en 1844 habían hecho descripciones preliminares. Siempre hay un francés que lo vio antes y en este caso son dos. El síndrome de Down afecta a uno de cada 1:1.000 recién nacidos y se caracteriza por retrasos en el crecimiento, unos rasgos faciales característicos y la presencia de discapacidad intelectual. Esta discapacidad varía de leve (70-50) a moderada (50-30) y, aunque hay una gran variabilidad, como media el cociente de inteligencia de un adulto joven con síndrome de Down es 50, equivalente a la edad mental de un niño de 8 o 9 años. En los países desarrollados, tan solo un 20% de los adultos con síndrome de Down consiguen un trabajo pagado y además frecuentemente les afectan otros problemas de salud como enfermedades cardíacas congénitas, epilepsia, apnea del sueño, trastornos tiroideos, autismo, estrabismo, problemas auditivos, glaucoma o leucemia con lo que su esperanza de vida está entre 50 y 60  años. En esas décadas muchos de ellos iluminan las vidas de todos los que les rodean con su simpatía, su generosidad y su bondad. Una vez oí a una madre decir “hasta que tuve un hijo con síndrome de Down no supe que siempre había querido tener uno.” A pesar de que es la principal causa de discapacidad intelectual, hasta 1959 no se sabía cuál era la causa del síndrome de Down. Ese año se publicó un corto artículo científico indicando que era debido a la presencia en las células de la persona afectada de un cromosoma de más, un cromosoma supranumerario. tri21Normalmente nuestras células tienen 23 parejas de cromosomas, 46 en total. En el caso del síndrome de Down, del par 21 en vez de dos cromosomas, hay tres, por lo que se denomina trisomía del 21. Este artículo fue pues la primera demostración de una anomalía cromosómica en humanos, la más frecuente, y abrió las puertas a las pruebas genéticas para el diagnóstico de enfermedades, a disponer de datos sobre la evolución de un trastorno de base genética en una persona afectada, a poder determinar la susceptibilidad a algunas enfermedades en una persona determinada y para poder dar consejo genético a las familias sobre los posibles riesgos en su descendencia. El artículo estaba firmado por tres personas: Jérôme Lejeune, Marthe Gautier y Raymond Turpin. En la bibliografía científica los artículos se citan normalmente por el primer autor, que suele ser considerado el más importante, aunque hay disciplinas o laboratorios donde acuerdan firmar por orden alfabético indicando que todos han realizado una contribución equivalente. Así, este trabajo es conocido como Lejeune y colaboradores o Lejeune et allii (y otros). Sin embargo, más de cincuenta años después, Marthe Gautier declaró que ella, y no Lejeune, fallecido para entonces, fue la responsable del verdadero descubrimiento. 40214N_n_aGautierMarthe Gautier fue la quinta de siete hermanos. En 1942 se trasladó a París para estudiar Medicina, siguiendo los pasos de su hermana Paulette que estaba a punto de licenciarse, con la idea de especializarse en Pediatría. Su hermana fue asesinada en 1944 por tropas alemanas en retirada pero Marthe aún recuerda el consejo que ella le dio sobre la Medicina de la época: “si nuestro padre no es médico y somos mujeres, tenemos que trabajar el doble que los hombres para conseguir tener éxito.” “Y eso es lo que hice” cuenta Marthe. Tras sus estudios aprobó el examen de ingreso en el sistema de internos de los hospitales de París, una de las dos mujeres entre los ochenta candidatos que lo lograron, y pasó cuatro años de médica interna residente, formándose en Pediatría y presentando su tesis en Cardiología pediátrica en 1955 bajo la dirección del Dr. Robert Debré. Debré le ofreció una beca para ir a Harvard con dos objetivos, buscar cómo erradicar las fiebres reumáticas, que generaban endocarditis, parte del estudio de su tesis, y ayudar a crear un departamento para el diagnóstico de enfermedades cardiacas congénitas. En Boston trabajó a tiempo parcial como técnico en un laboratorio de cultivos celulares, un detalle clave para esta historia. Tras un año en Harvard, Gautier volvió a París y se encontró que la plaza de cardiología pediátrica que confiaba tener a su vuelta en el Hospital Bicêtre había sido adjudicada a otro médico. Le comentaron que había otra plaza, docente y con un sueldo mísero eso sí, en el servicio dirigido por Raymond Turpin en el Hospital Armand-Trousseau. Turpin trabajaba en síndromes poliformativos y lanzó en 1937 la hipótesis de que el síndrome de Down podía ser una anomalía cromosómica pero no había medios para poderlo demostrar. Para darnos cuenta de cómo era el nivel de la época, en aquel entonces se pensaba que los humanos teníamos 48 cromosomas. En ese momento, Joe-Hin Tjio y Albert Levan, dos biólogos de la Universidad de Lund, mejoraron las técnicas de cultivo y demostraron que las células humanas tienen 46 cromosomas. nrg1917-f3 resized_image2_5bd0cfb0f5fc7eaa5a91fdc56357be05Turpin le dice a Gautier que “es una vergüenza que nadie en Francia sepa cultivar células” a lo que Gautier le responde que ella puede hacerlo si alguien le presta un laboratorio. Turpin le consigue el laboratorio, un frigorífico, una centrifuga y un microscopio y le promete conseguirle material de pacientes con síndrome de Down. Gautier puso en marcha el laboratorio de cultivos celulares con una precariedad de medios que ahora es difícil de imaginar: Pidió un préstamo para comprar el material de vidrio que necesitaba, fue con su  4L al campo para comprar un pollo vivo, cuya sangre necesitaba para fijar las células al portaobjetos y lo soltó en el jardín de una enfermera y como era muy difícil conseguir sueros, se sacaba su propia sangre y los preparaba con ella. Para poder ver los cromosomas puso en marcha la técnica del choque hipotónico, que básicamente hace estallar la célula para que los cromosomas se separen y sea más fácil contarlos. Gautier confirmó que los niños normales tienen 46 cromosomas pero en mayo de 1958 observó un cromosoma adicional en las células de un niño con síndrome de Down: ¡tenía 47 cromosomas! Esa fue la primera evidencia de anomalías cromosómicas en las personas con síndrome de Down. Gautier tenía un problema y es que no tenía un fotomicroscopio, no podía hacer una foto para mostrar sus resultados pero entonces llegó Jérôme Lejeune que también se había formado con Turpin y que dirigía la unidad de síndrome de Down del servicio y le dijo que sabía dónde conseguir un fotomicroscopio. Según Gautier, ella le dijo “ok, llévate las preparaciones y traes las fotos”. Nunca volvió a ver esos preparados. jerome-lejeune_Trento_sindrome-di-Down

Las cosas se fueron poniendo feas. Lejeune presentó los resultados sin conocimiento de Gautier en el Congreso Internacional de Genética de Montreal y preparó un artículo que sería publicado en la revista de la Academia de Ciencias de Francia (Comptes Rendus). Gautier comenta que solo vio el artículo cuando estaba ya listo para su publicación y que incluso su apellido estaba mal escrito. Lejeune fue también el primer autor de un segundo artículo publicado en marzo de 1959 con nueve casos más. Poco después, Gautier abandonaba la citogenética del síndrome de Down y volvía a la cardiología pediátrica. A Lejeune, en cambio, le dotaron una cátedra “a la medida” y recibió el primer premio Kennedy de manos del propio JFK por “su descubrimiento de la causa del síndrome de Down” y otros premios científicos de primer nivel. Sin embargo, tuvo problemas de conciencia pero no por su actuación con Gautier sino porque era miembro del Opus Dei y su descubrimiento había abierto la puerta al diagnóstico prenatal y por tanto a numerosas interrupciones voluntarias del embarazo. Lejeune se opuso también al uso de anticonceptivos por las mujeres y su combativa postura en contra del aborto, que según él le privó del premio Nobel, le granjeó la amistad de Karol Wojtyla antes de que fuera nombrado papa. A su muerte en 1994 se creó la Fundación Lejeune para continuar su obra, una institución que financia la mayor parte de la investigación sobre el síndrome de Down en Francia y el papa Juan Pablo II visitó su tumba cuando viajó a Francia por el Día Mundial de la Juventud. Lejeune fue nombrado poco antes de morir presidente de la Academia Pontificia por la vida, y “siervo de Dios” por la Iglesia católica tras su fallecimiento, y se encuentra en un camino insólito para un científico del siglo XX, es candidato a la santificación con un expediente de canonización impulsado desde la abadía de Saint Wandrille en Francia. La Fundación Lejeune dice que fue Lejeune el que realizó todas las etapas de la investigación y el que amplió las imágenes de las células cultivadas por Gautier y pudo contar los cromosomas. En su defensa usa como evidencia una carta de Turpin a Lejeune donde le cuenta que dos médicos, Cordero Ferreira de Lisboa y Mohr de Oslo, “han venido a ver tus preparaciones. Madame Gautier y madame Massé [una técnico] están todavía en los 46.” Gautier en respuesta muestra una carta de Lejeune de unos pocos días después donde escribe a Gautier que dice así “en una nota reciente del jefe [Turpin] me pone que escribe preparados impresionaron a Mohr, el genetista noruego.” Un auténtico culebrón. Es muy difícil decidir quién tiene razón: ha pasado mucho tiempo, los principales testigos han muerto, Gautier no dijo nada durante más de cincuenta años, las típicas declaraciones de las feministas radicales acusando de conspiraciones machistas sin aportar un solo dato no arrojan luz sino lo contrario, pero si tuviera que inclinarme, apostaría por Gautier: el punto clave de este descubrimiento fueron los cultivos, es posible que Lejeune ante la dificultad de contar los cromosomas, tuviera la buena idea de hacer una potente ampliación fotográfica donde fueran más fáciles de contar cromosoma a cromosoma pero lo primero fue verlo en el microscopio y eso era el territorio de Gautier. Si esta investigación se preparara para su publicación en mi laboratorio, Gautier escribiría el manuscrito y sería el primer autor. El caso ha hecho recordar a otras mujeres cuyas importantes contribuciones a la Ciencia fueron usurpadas, ocultadas o ignoradas, en ocasiones de forma accidental pero otras veces por una clara discriminación o por intereses espurios. Grandes-cientificos-Rosalind-Elsie-FranklinLa historia de Marthe Gautier se parece mucho a la de Rosalind Franklin: las dos produjeron un material de importancia clave que fue usado por otros que fueron los que se llevaron el reconocimiento, lo que no quiere decir que éstos no lo merecieran también. En 2014, el Consejo científico de la Federación Francesa de Genética Humana otorgó su Gran Premio a Marthe Gautier por su descubrimiento de los 47 cromosomas en el síndrome de Down. Hay siempre espacio para la esperanza. Un estudio publicado en la revista Lancet analizando los datos en EEUU entre 1983 y 1997 encontró que la esperanza de vida de las personas con síndrome de Down se había doblado en esos 15 años, pasando de 25 a 49 años. Entre los motivos de esa mejora estaba el desarrollo de tratamientos eficaces para los problemas cardíacos congénitos —hay genes importantes para el desarrollo del corazón localizados en el cromosoma 21— y para algunos tipos de cánceres —el cromosoma 21 contiene algunos genes supresores de tumores. El aumento de la edad media ha aumentando la incidencia de algunas enfermedades. uncle_phil_01Así, el 15% de los que viven 40 años o más desarrollan demencia del tipo de Alzheimer. Entre los que llegan a los 60 años, la proporción con enfermedad de Alzheimer alcanza el 50-70%, parece ser que por efecto del estrés oxidativo. Hay muchas cosas sobre el síndrome de Down que aún desconocemos y tenemos que estudiarlas, por ellos que es lo mismo que decir por nosotros y, además, el amor no cuenta cromosomas.   Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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