La mano anárquica del Dr. Strangelove

Dr_strangelove_peter_sellersSi le quitamos la tapa de los sesos a alguien —niños, no hacer esto nunca en casa sin la supervisión de un adulto— vemos los dos hemisferios separados por una zona hundida que es la fisura longitudinal superior. Si apartamos un poco con cuidado ambos hemisferios podemos ver que más profundamente están unidos por una zona clara central, que es el cuerpo calloso, un denso paquete transversal formado por más de 200 millones de axones, principal responsable de que el cerebro funcione como un todo, y que los lados izquierdo y derecho del cerebro, y por tanto los lados derecho e izquierdo del cuerpo, actúen coordinados.

Distintos médicos alemanes a caballo entre los siglos XIX y el XX, publicaron casos de pacientes que mostraban movimientos involuntarios de sus manos. Kaiser en 1897 y Van Vleuten en 1907 describieron personas que tenían un reflejo unilateral de aferramiento: es decir, una de sus manos se cerraba repetidamente y de forma involuntaria como si intentara agarrar algo. Van Vleuten vio que su paciente tenía un tumor en el cuerpo calloso. En  1908, el famoso neurólogo Kurt Goldstein trató a una paciente que tenía Spontanbewegungen “movimientos espontáneos” de un brazo. La paciente, conocida por las siglas HM, que no tienen nada que ver con el famoso HM de casi medio siglo después, decía de su mano izquierda: “no es normal; hace lo que le da la gana” y también le comentaba al médico que dicha mano “estaba habitada por un espíritu malvado”, un “böser Geist”.

En 1972 los investigadores franceses Brion y Jedynak describieron el síndrome de la “main étrangère” o mano extranjera o extraña como un trastorno neurológico en el cual un paciente no reconocía ser el propietario de su mano izquierda cuando se mantenía fuera de la vista, simplemente agarrando ambas manos por detrás de la espalda. Curiosamente, no había problemas para el reconocimiento táctil de la mano, el problema era la sensación de pertenencia, esa mano que la misma persona tocaba con su otra mano no la sentía como propia. Encontraron cuatro casos de síndrome de la mano extranjera y en todos ellos la causa era un tumor, en tres situado en la parte posterior del cuerpo calloso y en el cuarto era un angioma situado cerca del cuerpo calloso posterior. Algunos pacientes comentaban que tenían la impresión de que existía otro “yo” alternativo, silencioso, que coexistía con el normal y que controlaba ocasionalmente un lado de su cuerpo y en particular la mano.

En 1979 Bogen comentando sobre ese trabajo anterior lo tradujo como “alien hand” indicando que el problema neurológico consistía en que el paciente hacía movimientos dirigidos, es decir, no eran temblores, sacudidas o espasmos, pero de forma involuntaria y sin que el propietario de esa mano lo pudiese evitar. En los dos casos se veían derrames cerebrales, en un paciente en la región anterior del cuerpo calloso y en el otro en la corteza frontal medial izquierda. Las dos personas señalaban que la mano “tenía voluntad propia” o “hacía lo que quería” pero ninguno negaba que la mano fuese suya.

Para separar ambas situaciones se ha propuesto dejar el término “mano extraña” o “mano extranjera” (alien hand) para aquellos casos en los que la mano no se siente como propia y mano anárquica (anarchic hand) cuando una extremidad superior realiza movimientos dirigidos, perfectamente coordinados y ejecutados pero que no surgen de la voluntad del sujeto. Es decir, en el caso de la “mano extranjera” los individuos lo viven como un déficit sensorial en el que se ven separados o independientes de su propia mano y se refieren a ella en tercera persona mientras que en la mano anárquica los pacientes reconocen que la mano es suya pero se sienten frustrados porque actúa por su cuenta.

El síndrome de la mano anárquica es especialmente frecuente en personas que han sido sometidas a una comisurotomía o transección del cuerpo calloso. Suelen ser pacientes con epilepsias graves en los que para evitar que los ataques epilépticos se trasladen de un hemisferio a, ambos hemisferios se desconectan cortando quirúrgicamente este grueso paquete de conexiones. También se han visto algunos casos de síndrome de la mano anárquica tras otras cirugías, derrames, infecciones, tumores, aneurismas y en algunas enfermedades neurodegenerativas como la de Alzheimer o la Creutzfeldt-Jakob.

El síndrome de la mano anárquica puede suceder tanto en la mano dominante como en la no dominante y pueden ser movimientos simples como aferrar algo inexistente de forma repetitiva o una manipulación compulsiva de objetos, desabrochar botones o rasgar la ropa. A menudo la persona que lo está experimentando no se da cuenta de ello hasta que alguien se lo indica o él mismo ve lo que está pasando. Las personas afectadas se sienten incapaces de controlar la mano anárquica que puede coger cosas por su cuenta y su “propietario” es incapaz de hacérselo soltar y tiene que usar en ocasiones su otra mano para ir separando uno a uno los dedos de la mano afectada y hacerle soltar aquello que ha agarrado.

El personaje más famoso con síndrome de la mano anárquica es el Dr. Strangelove, el personaje de la mítica película de Stanley Kubrick interpretado por Peter Sellers. La película se tituló en el ámbito anglosajón “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb”; en Hispanoamérica, “Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba” y que en España, que debemos tener nuestro propio MIT (Ministerio de Inventar Títulos), se llamó “¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú”.  La película trata en forma cómica el inicio de una guerra nuclear, el papel de los militares y la doctrina de la destrucción mutua asegurada (MAD).  Se empezó a rodar a los pocos meses de la crisis de los misiles de Cuba que puso al mundo al borde la Tercera Guerra Mundial y su primera proyección tuvo que retrasarse por el asesinato del presidente Kennedy. Es considerada una de las 100 películas más importantes de la historia y la mejor sátira política del Séptimo Arte.

El argumento de la película trata de un general norteamericano, Jack D. Ripper (que se pronuncia igual que Jack “The Ripper” o sea, Jack el Destripador) que decide hacer un ataque nuclear en represalia contra la URSS. El motivo es que la fluorización del agua no es una medida sanitaria para evitar las caries sino que el flúor es “la mayor y más insidiosa arma de los comunistas” y el programa,  una artimaña de los soviéticos para envenenar los “preciosos fluidos corporales” de los estadounidenses. Ripper ordena al Ala de Combate que dirige bombardear las principales ciudades rusas con bombas nucleares. La película progresa entre los intentos del Presidente de los Estados Unidos, el secretario general del Soviet Supremo —borracho a menudo— y sus respectivos equipos para detener el ataque y la locura de Ripper y los militares que le secundan por conseguir lanzar sus bombas.

Sellers interpreta a tres personajes en la película:

  1. El capitán Lionel Mandrake, un oficial de la RAF británica que está en un programa de intercambio y que actúa como ayudante del general Ripper.
  2. El presidente de los Estados Unidos y Comandante en Jefe Merkin Muffley.
  3. El Dr. Strangelove, un asesor científico del presidente Muffley, de pasado nazi y comportamiento estrafalario.

Sellers construyó el personaje de Strangelove realizando un remix entre el Rotwang de la famosísima “Metrópolis” de Fritz Lang y varios prominentes científicos alemanes llevados a los Estados Unidos al final de la II Guerra Mundial como botín de guerra tales como John von Neumann o Wernher von Braun. No es, como se ha dicho, un retrato de Henry Kissinger o del famoso físico Edward Teller. Strangelove, cuyo apellido real o “Kraut” como pregunta el general Turgidson, es Merkwürdigliebe ( “Amor extraño”, de nuevo)  es un nazi reciclado, experto en guerra nuclear, anclado en una silla de ruedas, con una melena despeinada, un comportamiento fuera de control y cuya mano enguantada parece tener vida propia. En el guión, escrito por Stanley Kubrick, Peter George y Terry Southern, y en la propia película la mano de Strangelove intenta repetidamente realizar el saludo nazi o estrangular a su propietario que, por cierto, por dos veces se equivoca y se dirige al presidente de los Estados Unidos como “Mein Führer”.

No hay en la actualidad un tratamiento eficaz para el síndrome de la mano anárquica aunque en ocasiones se consiguen aliviar la situación dándole al paciente un objeto para que mantenga la mano ocupada. La paciente HM  de Goldstein intentaba refrenar a su caprichosa mano golpeándola, como también hace Strangelove o hablando con ella “mi manita estate quieta” en un intento de convencerla de que se comporte adecuadamente.

La causa de la mano anárquica no está clara. Para hacer un movimiento voluntario se pone en marcha una activación secuencial de una serie de componentes de la corteza cerebral yendo de delante a atrás de la cabeza: empieza en el área motora suplementaria, pasa a la corteza premotora, a la corteza motora y de ahí a la corteza parietal posterior. La desconexión entre los dos hemisferios por la sección del cuerpo calloso o un tumor, o una anomalía en la corteza, especialmente en los lóbulos frontal u occipital, causa que la corteza motora primaria se active de forma independiente y dé órdenes a la mano del lado contralateral. Hay que recordar que el área motora suplementaria se encarga de coordinar ambos hemisferios para el manejo de ambas manos pero si el cuerpo calloso está cortado o dañado, no se podrá hacer bien.

Las manos independientes y con voluntad propia son un elemento recurrente e impactante en la literatura. En el Libro de Daniel del Antiguo Testamento, el profeta explica al aterrorizado rey Baltasar de los caldeos lo que escribe una mano que ha aparecido en la pared del palacio: mene, tequel, ufarsin (contado, medido, dividido): su fin esta próximo y el rey morirá esa noche. En el cuento “Cuello de gatito negro” del libro “Octaedro” de Julio Cortázar, Lucho, el protagonista Lucho hace “manitas” en el metro y liga con Dina, que vive angustiada por su propia mano y comenta sobre ellas “No entienden o no quieren, vaya a saber, pero no se puede hacer nada en contra.” El cuento es precioso y terrible al mismo tiempo, no se lo pierda. En la obra de Kazuo Ishiguro, “Cuando éramos huérfanos” el criado chino Ling Tien tiene una colección de manos cortadas que se mueven por su cuenta. Gustavo Martín Garzo en “La princesa manca” nos cuenta la historia de Esteban, un muchacho solitario que vive en comunión con la naturaleza y que encuentra un día un cofre misterioso que esconde la mano viva de una muchacha. Desde entonces, la mano le acompañará en todas sus peripecias y en los encuentros con los personajes del mundo de las fábulas que han venido para aliviar el dolor de los humanos y devolvernos una nueva forma de mirar la vida.

También es frecuente hablar a las manos como HM hace delante de Goldstein. En “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway el pescador le dice a la suya: “Puedes acalambrarte, si quieres.  Puedes convertirte en una garra. De nada te va a servir.” Y más tarde “–¿Cómo te sientes, mano? –preguntó a la que tenía calambre, y que estaba casi rígida como un cadáver–. Ahora comeré un poco para ti.” Tras comer, le vuelve a preguntar: “¿Cómo va eso, mano? ¿O es demasiado pronto para saberlo?” Carmen Conde, otra gran escritora, escribió que la poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano. A menos que seas el Dr. Srrangelove, que lo que te sale es otra cosa.

 

Para leer más:

  • Biran I, A. Chatterjee A (2004) Alien Hand Syndrome. Arch Neurol 61(2): 292-294.
  • Brion S, Jedynak CP (1972) Troubles du transfert interhemispherique (callosal disconnection). A propos de trois observations de tumeurs du corps calleux. Le signe de la main etrangere. Rev Neurol (Paris) 126(4): 257-266.
  • Della Sala S, Marchetti C, Spinnler H (1991) Right-sided anarchic (alien) hand: a longitudinal study. Neuropsychologia 29(11): 1113-1127.
  • Goldstein K (1908) Zur Lehre von der motorischen Apraxie. J Psychol Neurol (Lpz) XI: 169-187, 270-283.
  • Marchetti C, Della Sala S (1998) Disentangling the Alien and Anarchic Hand. Cognitive Neuropsychiatry 3(3): 191-207. http://pacherie.free.fr/COURS/MSC/Marchetti-DellaSala-1998.pdf
  • Mark VW Alien hand síndrome. En: Gilman S, editor. MedLink Neurology. MedLink Corporation, San Diego.
  • Sala SD (2009) Dr. Strangelove syndrome. Cortex 45(10): 1278-1279.
  • http://www.educando.edu.do/Userfiles/P0001/File/El%20viejo%20y%20el%20mar.pdf
  • http://jcortazar.org/octaedro/cuello-de-gatito-negro

Publicado por José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

3 comentarios sobre “La mano anárquica del Dr. Strangelove

  1. Me ha encantado. Sobre la traducción de títulos…tengo mil historias…a cual más terrorífica.

    Una pregunta, ¿no hay el mismo efecto con las piernas? ¿No hay pierna anárquica? En un libro de Sacks, leí sobre un hombre que estando hospitalizado no reconocía su propia pierna…pero no se si es una cosa puntual o es que también hay pierna anárquica o alien.

  2. Por el presente escrito quisiera contar mi historia, para que no caiga en el olvido y pueda servir a los estudiosos y a la ciencia, para que les surjan más dudas en relación a todas las especialidades, neurología, psiquiatría, psicología, etc. Que estudian el cerebro y la mente humana.
    Mi historia comenzó hacia Primeros de Enero del año 2015. Todo comenzó tras una larga temporada de desempleo y que me lancé a una nueva aventura en una especialidad ajena a la que había estudiado, a través de un conocido que me dio la oportunidad. Todo ello empezaba con un curso de charla-formación de una semana de duración de lunes a viernes. Pues bien, como suele ser habitual en este tipo de formaciones el último día, y al final del todo suelen preguntar ¿qué te ha parecido el curso?, ¿qué le añadirías?, ¿qué dudas tienes?, etc. En este momento van preguntando de uno en uno y yo ya pensé que me tocaría el último y ya desde mediados de semana se me ocurrió la respuesta, pero mientras me tocaba el turno la iba construyendo. Cuando por fin me tocó el último, dije mi mensaje con tal ansiedad, como una emoción que viene de la boca del estómago, que al final expresarme me quedé unos segundos sin respiración, de una manera que nunca me había sucedido antes, no era el típico sofoco que no te deja continuar de hablar, era algo distinto. Se me pasó y nos volvimos para casa, ya que era las 14:00 h del viernes y teníamos todo el fin de semana por delante. Durante el fin de semana estuve dándole vueltas a lo que me había pasado y que el lunes se lo contaría a mi amigo, pero no fue así ya que llegó el lunes estuve en el nuevo trabajo y ya tenía unas ideas un poco extrañas y el martes me busqué una excusa para llevar a mi padre al médico y no ir a trabajar. La mañana fue tan extraña que a mi padre le acercó al médico mi hermana y yo me quedé delirando en casa con el jefe de mi hermana, fue tan súbito los delirios e ideas extrañas y además tan variadas, que cuando a la tarde me acerqué al hospital de urgencia con mi hermana, los médicos me diagnosticaron crisis de ansiedad y al día siguiente me dieron cita para Psiquiatría, yo como pensaba que estaba bien fui tranquilamente a la cita con mi hermana y no hubo los problemas que tuve el día anterior en el cuál hasta me durmieron por lo alterado que estaba.

    Hasta aquí todo relativamente habitual en medicina, aunque con su gravedad, pero algo más común de lo que una persona sin problemas y que no piensa en los trastornos mentales puede hacerse una idea de la gente que tiene algún tipo de trastorno. Y más aún seguía haciendo vida normal y apenas le contaba mis delirios a mi familia, aunque en lo funcional actuaba correctamente y como de costumbre.

    Aquí empecé sólo por las noches, cuando me iba a la cama a mover ambas manos y brazos de manera involuntaria y yo lo achacaba a que mi tía que vive en el extranjero me había dicho que mirase todo lo relativo al lenguaje y movimiento corporal. Además, todas las noches eran prácticamente el mismo tipo de movimientos complejos y coordinados, a los cuales yo me montaba una película y les asignaba nombre o función, pensando que era para que mis movimientos, saliese un mejor yo, con un lenguaje corporal de líder. A Todo esto, se le fue sumando que al escuchar por la noche música que me había recomendado mi Tía, se me movían los brazos de manera suave, pero elevándose y como si estuviera apartando cosas y se cortaban cuando terminaba la música. Uno de los conciertos duraba 3 horas y tenía 3 pausas, moviendo yo sólo los brazos cuando había música y esto se repitió todas las noches casi desde el principio del brote psicótico, hasta que me día la 2ª crisis a los 4-5 meses en mayo. Pero no solo tuve estos movimientos similares al balismo, sino que además tenía blefaroespasmo y en lugar de parpadear una sola vez, lo hacía repetidas veces 4-5 de manera muy rápida y se paraba, así como movimiento constante de mandíbula, y de vez en cuando sobre todo por la noche, tenía movimientos complejos de la boca y labios.

    Hasta que una noche en la cama mi mano derecha comenzó a escribir frases con sentido de manera involuntaria, pero que lo hacía todo el día y en cualquier momento y escribía cosas como “poco a poco”, “sé fuerte”, “jajajajajaja”, “Loco de alegría cuando termine esto”. Al día siguiente cuando me levanté, lo primero que hice fue buscar por internet lo de escribir con la mano y el primer resultado que me dio fue el síndrome de la mano extraña. Yo renegaba de tener ese síndrome y pensaba que era una habilidad especial para ser un mejor yo. Aunque una de las veces, cuando me estaba aseando por la mañana, mi mano derecha cogió la maquinilla de afeitar que estaba en la encimera del lavabo, hice el gesto de apuñalarme con ella y la volví a dejar en su sitio, todo ello de manera ajena a mi voluntad.

    Otra de las rarezas que me surgían de vez en cuando, aproximadamente una vez a la semana, era que de manera involuntaria gesticulaba o decía en voz baja algunas palabras o frases, como “Papá estoy loco”, “estás jodido” ó “Sé fuerte”. Así como alguna vez mover o girar la cabeza y gesticular los labios durante unos pocos segundos, como si fuese otro que controlaba mis movimientos.

    Todo esto hasta que en mayo, me dió una crisis o “posesión” en la cual además de seguir con mis delirios, pero ya los expresaba a mi familia, tuve los movimientos que seguía como pauta todas las noches y esta vez decía en voz alta lo que cada noche pensaba con el movimiento que hacía, hasta que hubo un momento que fue como si me controlase una fuerza exterior y tumbado en la cama y durante unos minutos, estuve hablando en voz alta de manera involuntaria diciendo constantemente como si fuera una cuenta atrás y cortando la cuenta atrás con una palabra inconexa volvía al inicio de la cuenta atrás , moviendo ambos brazos de manera involuntaria y a modo de pistola apuntado y disparando a los médicos, policía y mi hermana que estaban en la habitación viendo atónitos la escena. Hasta que después de inyectarme un calmante e igual de súbito que vino esa “posesión” se acabó y volví a ser dueño de mis movimientos.

    Esta vez si me ingresaron en un Hospital con área de psiquiatría y esta vez me diagnosticaron trastorno psicótico sin especificar y me recetaron antipsicóticos, los cuales llevo tomando desde entonces, aunque poca cantidad 2 mg de Risperidona por la noche. Seguía teniendo ideas raras y cambiantes, mi mano seguía escribiendo involuntariamente y cada vez que la dejaba parada o no hacía nada con ella. Pero la primera noche en el psiquiátrico dejé de tener los movimientos pautados de todas las noches, lo que me hizo pensar que había llegado al final de una fase de evolución y desde entonces no he vuelto a tener movimientos involuntarios y complejos por la noche. Sí tuve algún movimiento complejo durante el día, pero de manera esporádica y también dejé de hablar y/o gesticular frases involuntariamente. Internado estuve diez días y la psiquiatra que llevaba mi caso, sí que me preguntó por mi movimiento de escribir de la mano, pero yo me salí con otra respuesta para no confirmar que se movía de manera involuntaria.

    Una vez salí del hospital, seguí con el día a día, escribiendo con la mano y con el blefaroespasmo, hasta que poco a poco caí en la cuenta de que eso no era normal ni justificable por cualquier causa y de buenas a primeras el blefaroespasmo cesó y cuando iba a contarle lo de la mano al psiquiatra que llevaba mi caso, dejé de escribir repentinamente y así estuve dos semanas hasta que me escribió sus últimas palabras “Fin …… Fin de la programación”.

    Pese a que ya se terminaron todos mis movimientos raros e involuntarios, yo se lo expliqué al psiquiatra y creo que este no me hizo bastante caso, ya que después de una docena de visitas de apenas cinco minutos cada una, su diagnóstico es de Personalidad sensitiva, o paranoico, para los que no conocemos las denominaciones de los trastornos.

    Y así unos años después no he vuelto a tener ni ideas delirantes, ni escribir con la mano, ni hablar involuntariamente, ni prácticamente ninguno de los movimientos que tenía, a excepción del bruxismo, el cual los médicos achacan a la Risperidona,2 mg por la noche y 10 mg de Brintellix a mediodía, pero visto todos esos trastornos del movimiento que he tenido lo pongo en duda.

    Un saludo

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