Para evitar el alzhéimer, que no te encuentre en casa

Bryan James es un investigador postdoctoral en un Centro de Investigación sobre Alzheimer de Chicago. En un estudio publicado en abril de 2011 en el American Journal of Geriatric Psychiatry ha presentado unos de esos resultados que causan un impacto en los medios de comunicación: las personas mayores que se “quedan en casa” tienen el doble de riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

El estudio recomienda mantener o mejorar la actividad social, desde salir fuera a comer, a ver un partido de un deporte que te guste, al bingo, pasar el día fuera, trabajar de voluntario, visitar a parientes o amigos, participar en peñas, sociedades o ir a la iglesia. Para valorar la discapacidad, el estudio  valoró la habilidad de los participantes para alimentarse, bañarse, vestirse, usar el servicio, moverse y caminar en una habitación pequeña. También se cuantificó cómo subían una escalera, andaban media milla o hacían un trabajo doméstico intenso.

Esta investigación no demuestra que irse aislando origine demencia ya que otros factores pueden estar implicados en esta asociación. Ello no obstante, este estudio nos hace pensar sobre cuáles son los posibles costes orgánicos y psicológicos de la pérdida de la vida social.

El investigador responsable del grupo señalaba que “se reconoce desde hace mucho tiempo que la actividad social es un componente esencial para envejecer con salud, pero ahora tenemos una evidencia sólida de que está también relacionada con un mejor funcionamiento en el día a día y con un menor grado de discapacidad en la vejez. Estos resultados son excitantes porque la actividad social es un factor que puede modificarse para ayudar a los adultos mayores a evitar los problemas de la dependencia.”  “Las personas que no salen de casa no se están relacionando con nuevos ambientes ni conociendo a otra gente. Puede que no estén usando su mente tanto como las demás personas.”

Otra posibilidad planteada en el estudio es que el desarrollo causa-efecto sea al revés, que alguien que ha iniciado una enfermedad neurodegenerativa que está minando su cerebro y desarrollando las primeras fases de una enfermedad de Alzheimer u otro tipo de demencia no se enfrente al mundo de la misma manera, mucho antes de que se produzcan síntomas en la memoria o en el habla que un médico pueda detectar. Esto podría ser una señal de alarma para centrarnos en esas personas con terapias tempranas.

El grupo de investigación hizo un seguimiento de 1.294 personas mayores. Al comienzo, ninguno de ellos mostraba síntomas de demencia. Después de 4.4 años, 180 habían desarrollado enfermedad de Alzheimer.

El estudio descubrió que las personas que indicaban que nunca dejaban su casa a lo largo de la semana tenían el doble de posibilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer que los que salían fuera de su pueblo o ciudad. El estudio, dijo James, muestra un nuevo sistema para ver quién es la persona con más probabilidades de desarrollar demencia en el futuro. El estudio también encontró que aquellos que no iban más allá de la puerta de su casa o el jardín de delante tenían más posibilidades de desarrollar un déficit cognitivo leve, que puede ser un síntoma temprano de un alzhéimer.

Hay algunas pegas en el estudio. Algunos de los participantes vivían en residencias y podían llevar una vida social rica incluso sin dejar el edificio. Sin embargo, estaban incluidos dentro del grupo de “los que no salían.”

Más aún, los investigadores comprobaron que la relación estadística entre aislamiento y enfermedad de Alzheimer seguía siendo cierta cuando los datos eran corregidos para factores como depresión, redes sociales, enfermedad o discapacidad, así como edad, sexo, educación, raza o antecedentes de demencia preclínica.

¿Para qué vale este estudio? “La gente está interesada en averiguar quién va a desarrollar un alzhéimer y encontrar formas para tratar a estas personas” dijo James. “Quizá en un panorama donde las restricciones económicas y personales limitan los recursos disponibles, podemos enfocarlas sobre las personas que  no sale de sus casas.”

El Dr. James R. Burke, director de la Clínica de Trastornos de la Memoria de la Universidad de Duke señala que el aislamiento voluntario puede dar una pista sobre posibles problemas de demencia antes de que se vuelvan obvios. Burke indicó “Esto será especialmente importante cuando haya terapias que modifiquen el curso de la enfermedad, de manera que se pueda empezar una evaluación temprana y considerar qué intervenciones hay que poner en marcha antes de que haya problemas cognitivos importantes.”

Burke añadió “Este artículo es consistente con datos previos pero va más allá, recalcando que la actividad física, la implicación intelectual y la estimulación social son importantes para retrasar una pérdida cognitiva.”

Otro estudio ha demostrado que las personas bilingües o que hablan más idiomas, también retrasan o tienen menos posibilidades de desarrollar un alzhéimer. Así que ya sabes, a Benidorm a bailar,  al bingo, echarse un novio o una novia extranjera y practicar varios idiomas, y el cerebro se mantendrá sano, si el resto de tu cuerpo lo aguanta.

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Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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