Autismo. Teorías explicativas actuales

Rubén Palomo Seldas

Alianza Editorial

 

El libro escrito por Palomo es una aportación interesante y sugestiva en un ámbito importante, el del conocimiento sobre las teorías que proponen una explicación para el autismo. El autor demuestra conocer el tema y haber dedicado tiempo a recoger información y a organizarla en un esquema coherente. El libro, que es casi enciclopédico, está bien escrito y dirigido a un lector especializado. Realmente es una obra de referencia, muy al día y con una visión amplia y detallada del conocimiento del autismo desde el ámbito de la Psicología. Leyendo el libro he aprendido cosas, he comprendido mejor otras y he valorado que un colega español aborde un tema ambicioso y decida explicarlo para un público más amplio. Es una maravilla que esta obra haya nacido en nuestro país por lo que implica del excelente nivel de nuestros profesionales dedicados al tratamiento de las personas aquejadas de un trastorno del espectro del autismo.

Sin embargo tengo también una seria discrepancia con el autor y probablemente nace de eso que erróneamente llamamos «deformación profesional» y que en realidad es un conocimiento específico de una parte de la materia. Soy un neurobiólogo interesado en el autismo y mi reseña es por fuerza diferente de la que pueda hacer un psicólogo que comparta el mismo interés. Creo que debería haberse aclarado en el título que se trata de teorías psicológicas. En mi caso, me parece asombroso y hasta peligroso que se hable de teorías sobre el autismo sin decir apenas nada sobre genes, moléculas de señalización, desarrollo cerebral, sinaptogénesis, plasticidad neuronal, apoptosis, modelos animales, comorbilidad con otros síndromes y trastornos, y un enorme etcétera. Perdónenme ustedes, y que me perdone sobre todo Rubén Palomo, pero si alguna vez disponemos de marcadores tempranos sobre el autismo, si podemos evitar el autismo o limitar su progresión, si podemos plantearnos estrategias terapéuticas o paliativas será, por encima de cualquier otro planteamiento, por reconocer que se trata de un trastorno de origen biológico. No hacerlo ha sido el denominador común de todas las aberraciones, teorías estúpidas y tratamientos absurdos que se han planteado sobre este trastorno desde 1943 hasta nuestros días.

Esta es mi única pero importante crítica a este libro: no son las teorías explicativas sino una revisión de lo que la Psicología dice sobre el autismo sin incorporar apenas nada de lo que genetistas, bioquímicos, pediatras, biólogos celulares, farmacólogos, neurofisiólogos, psiquiatras y neurólogos han aportado en los últimos treinta años. Me hace pensar, salvando todas las distancias, cuando se intentaban explicar las enfermedades infecciosas sin conocer que existían los microorganismos. El autor es consciente de ello porque en el prefacio dice (p. 23) «Dada su importancia, también hemos querido recoger lo que hoy día sabemos sobre la base neurobiológica de los procesos psicológicos que los diferentes modelos postulan como alterados en el autismo». Desgraciadamente, no lo ha hecho. La información sobre esa base neurobiológica brilla por su ausencia en este buen libro.

Quizá mi discrepancia con este texto se puede plantear con claridad basándome en un párrafo del libro. El autor indica «Aunque la biología es necesaria para explicar el origen del autismo, no es en absoluto suficiente para dar cuenta de sus alteraciones características (conductuales y funcionales). Situarnos únicamente en el plano de análisis biológico no nos va a proporcionar una explicación completa del trastorno, puesto que este es el producto de la interacción entre la biología, el entorno y la psique del individuo». (p. 73)

Estoy de acuerdo con que el conocimiento actual de la biología del autismo no ha avanzado lo suficiente para dar cuenta de sus alteraciones conductuales y funcionales. Tampoco sucede en el síndrome de Down, en la depresión o en cualquier otro trastorno de origen neurobiológico pero si obviamos esa parte estamos caminando entre nube y nube. Primero, si la biología es necesaria para explicar el origen del autismo, ¿por qué no lo hace en este libro? Además, la biología no imagina ningún organismo fuera de su entorno, el ejemplo más claro puede ser la existencia de una parte de la biología, la ecología, dedicada específicamente a esas interacciones entre los organismos y el medio. Hablar de «la biología y el entorno» como dos entidades independientes no tiene ningún sentido. Reconozco que también tengo problemas con ese concepto de «psique» que necesito que me expliquen qué es. Etimológicamente es el alma humana y aunque afortunadamente se le ha ido despojando de ese barniz metafísico, me gustaría saber qué es lo que queda de la psique, según los que usan este término, cuando se deja aparte la biología. Es un debate antiguo pero el concepto mente o psique, en mi opinión, cada vez tiene peor defensa. Haciendo una reducción al absurdo, ¿por qué al resultado de la actividad cerebral se le da un nombre con tantas connotaciones y al resultado de la actividad del páncreas no se le da ninguno? Si dejamos aparte la biología, el sistema nervioso ¿qué queda de la psique?

Me resulta también preocupante, y de esto no tiene ninguna responsabilidad el autor, el increíble listado de teorías psicológicas sobre el autismo que se suceden una tras otra, con unas evidencias tan poco sólidas. No sucede igual en otras ciencias. Tras la aberración de las teorías psicodinámicas, y por poner solo algunos ejemplos, tenemos según el autor (p. 104) la teoría del déficit metarrepresentacional, la del déficit intersubjetivo, la de la disfunción ejecutiva, la de la coherencia central, la de la imitación y el déficit en cascada… Parece que no eres nadie si no tienes tu propia teoría y al final la sensación es que para algunos una persona con autismo sería como un coche con un funcionamiento anómalo para el que proponen teorías sobre qué es lo que va mal, sin abrir el capó y sin conocer nada sobre las piezas. En este sentido, me hubiera gustado que el autor se «mojara» más, algunas de esas teorías deberían haberse ido hace ya tiempo por el sumidero de la historia y este libro, con un buen profesional como es Rubén Palomo, debería ayudar a separar el grano de la paja (y de los excrementos entre la paja).

Un último detalle menor. El autor se queja en alguna página de los errores de traducción pero él comete uno común, traducir como «severo», lo que en realidad es «grave». «Severe» es uno de esos falsos amigos del inglés y desgraciadamente mucha gente cae en su trampa.

En conclusión, la Neurociencia surge de aceptar que el único enfoque posible para el conocimiento del sistema nervioso y sus trastornos tiene que ser multidisciplinar. En el caso del autismo es especialmente evidente. Es un camino que, afortunadamente, no tiene marcha atrás y aunque la Psicología ha sido la responsable de la mayor parte de lo que conocemos sobre el autismo ya no puede quedarse ahí porque será una silla con una sola pata. El libro, a pesar de mi crítica, es excelente pero hace falta un volumen II: La base biológica del autismo.