mom-brainBastantes mujeres comentan durante el embarazo o después de dar a luz que su cerebro está «desaparecido en combate», se quejan de falta de memoria, de dificultades para concentrarse, de problemas de coordinación, de quedarse en blanco como si les costase más pensar, recordar o tomar decisiones. En encuestas fiables, cerca del 80% de las mujeres embarazadas explican que tienen más dificultades para recordar números de teléfono o para estructurar una frase compleja que antes de su embarazo. Se ha llamado «momnesia», «baby brain», «pregnancy brain» o «mommy brain» (amnesia de las mamás, cerebro de bebé, cerebro del embarazo o cerebro de mamá).

Es un mito más pero sí es cierto que el cerebro de la mujer sufre importantes cambios estructurales y funcionales durante el embarazo y tras dar a luz. 121015_ls_brain-shapes_freeA pesar de ello el seguimiento durante diez años de 2.500 mujeres de entre 20 y 24 años al inicio del estudio no encontró diferencias en su capacidad mental antes y después de sus embarazos y, de hecho, algunas habilidades mentales mejoraron, tales como su memoria y su capacidad de aprender, un incremento que al parecer se estabiliza y se hace permanente. ¡Bien por la maternidad!

Los datos sobre cerebro, embarazo y hormonas son complejos. En 1997 un grupo de anestesistas y radiólogos liderado por Anita Holdcroft de la Royal Postgraduate Medical School en Londres publicaron que el cerebro de las mujeres disminuía de volumen un 7 % al final del embarazo y que tenía que pasar medio año hasta que el encéfalo recuperaba su volumen normal. El estudio estaba hecho en solo 10 mujeres sanas a las que se tomó tres grupos de imágenes de resonancia magnética: uno al final del embarazo; el segundo, de 6 a 8 semanas después del parto y el tercero, seis meses después.

Anita Holdcroft

Anita Holdcroft

En esos primeros meses tras el parto, una serie de áreas cerebrales aumentaban de tamaño, entre las que se encontraban las implicadas en el razonamiento y el juicio (corteza prefrontal), la regulación de la emoción (amígdala e hipotálamo), la empatía y el reconocimiento de las emociones (ínsula, giro temporal superior y tálamo) y el aprendizaje (sustancia negra).A  los seis meses esas regiones habían formado nuevas conexiones neurales de alta densidad. Holdcroft pensaba que los cambios cerebrales eran el resultado de un cambio en el volumen de las células, más que alteraciones en el número de células y, de hecho, durante el embarazo los ventrículos cerebrales aumentan su volumen y vuelven a su estado inicial seis meses después del parto.

La remodelación del encéfalo es seguramente debida a cambios hormonales. Durante el embarazo, los ovarios y la placenta producen estrógenos y progesterona mientras que el hipotálamo y la hipófisis secretan prolactina y oxitocina. Estas hormonas alteran la morfología y la fisiología de las neuronas. Así, el estrógeno y la progesterona incrementan la densidad de espinas dendríticas, un típico lugar postsináptico, y también incrementan la excitabilidad neuronal en el hipocampo. La prolactina incrementa la regeneración de la sustancia blanca en el encéfalo y también participa en la neurogénesis que se produce en el hipocampo y la zona subventricular de animales adultos. La oxitocina incrementa la actividad de las neuronas inhibitorias del hipocampo y puede mejorar la transmisión de las señales de esta estructura. slide_41Son por tanto cambios importantes estructurales y funcionales, en particular en el hipocampo, una estructura cerebral implicada en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Los cambios hormonales durante el embarazo incrementarían las conexiones cerebrales para responder más rápido a los estímulos sensoriales de las crías y, de hecho, se ven nuevos contactos entre neuronas en las zonas implicadas en memoria y cognición. Un jugador clave parece ser el olfato y tras el parto se produce una hipersensibilidad a las señales olfatorias que son clave en las interacciones entre madre y cría. Unos cambios tan llamativos solo se suelen ver después de sucesos importantes como un daño cerebral o una enfermedad lo que implica que el embarazo es también un suceso importante y con cambios en al estructura cerebral tan marcados como los que se ven en la diferenciación sexual o en la pubertad.

Las hembras de los mamíferos, de los ratones a las mujeres, muestran cambios importantes en su comportamiento durante el embarazo. Antes de la preñez, las hembras centran su actividad en satisfacer sus propias necesidades. Durante el embarazo, sin embargo, la prioridad es el cuidado y bienestar de su futura descendencia. Esos cambios van asociados a los niveles hormonales, que a su vez actúan sobre la estructura cerebral y esta sobre la función neuronal que es la base del comportamiento. Hay evidencias claras de que tras dar a luz, las mujeres mejoran en temas claves como la empatía, el razonamiento y el juicio.

motherlitter1Parte de las dudas surgen de que muchos estudios se hacen en animales de experimentación, y a pesar de los claros paralelismos, hay similitudes y diferencias entre lo que sucede en las madres roedores y en las madres humanas. Una semejanza es que tanto unas como otras suelen estar mucho menos estresadas en el último tercio del embarazo. Es algo positivo para la madre y para su descendencia pues las hormonas asociadas al estrés podrían dañar la salud física y mental del bebé. Del mismo modo, las ratas madre tiene menos miedo y ansiedad en una situación estresante, tienen menores niveles de hormonas del estrés en la sangre y muestran menos actividad en las regiones cerebrales que regulan el miedo y la ansiedad como la amígdala. Se cree que en ambos casos es debido a una caída de actividad en el eje hipotálamo-hipófisis-glándulas suprarrenales, el sistema responsable de la respuesta lucha o huye. Estos cambios se mantienen después del embarazo.

Una diferencia entre roedores y primates, por ejemplo, es que ante una provocación, las mujeres madres son más agresivas que las que no lo son, tienden a ser también más resilientes y más valientes, una diferencia que no se ve tan clara en roedores. Son probablemente tendencias evolutivas en las que una madre, en un ambiente más peligroso que el nuestro, preparaba su cuerpo —cerebro incluido— para morir o matar por su bebé. Un roedor, que puede tener varias camadas numerosas en el mismo año pone al parecer  su propia supervivencia por encima de la de sus crías.woman-stops-cops-from-beating-her-son

Otros datos también descartan el mito del cerebro del embarazo. En animales de experimentación como las ratas, se ve que su inteligencia se incrementa después de dar a luz. En la última etapa del embarazo, estos animales tienen una pequeña caída en su habilidad espacial, pero después de parir superan a las otras hembras en recordar la localización de la comida en laberintos complejos y son mucho mejores a la hora de capturar presas. En un estudio realizado por Craig Kinsley, las hembras sin crías necesitaban de media 270 segundos para cazar un grillo escondido en una jaula mientras que los roedores que acababan de dar a luz lo lograban en 50 segundos. En resumen, en los roedores hay marcadas mejoras en la memoria prospectiva, el reconocimiento de objetos y la memoria espacial. En las mujeres hay en cambio una ligera caída en la memoria prospectiva pero solo para experiencias novedosas y complejas.

Una de las regiones más claramente asociadas con los cambios durante el embarazo es el área preóptica medial que se ha asociado al comportamiento maternal. Las lesiones en esta región en ratas preñadas o recién paridas reducen o eliminan los comportamientos maternales, tales como la construcción del nido, el acicalamiento de las crías y el cuidado de la prole. hypothalamus2El área preóptica medial de humanos también está asociado con la motivación y el interés maternal. Se supone que la madre mejora su repertorio de comportamientos en todo aquello que aumente su eficacia en el cuidado, la protección y atención a los hijos y de hecho se ha visto que la maternidad hace que el cerebro de la mujer planifique mejor, sea más estratégico. Una posible explicación para estas importantes diferencias entre roedores y primates es que las ratas hembra crían a su prole solas mientras que en nuestra especie y otros primates en la mayoría de los casos los cuidados son compartidos por ambos progenitores y a menudo por otros miembros del grupo. La mejora en la localización espacial y en la memoria de los roedores les ayudan a encontrar comida y a volver con rapidez a la madriguera mientras que los humanos hemos evolucionado viviendo en parejas y en grupos y las madres no tienen que afrontar las mismas presiones evolutivas, no tienen que salir a buscar alimentos y volver desesperadas a ver si sus hijos siguen vivos. El cerebro de las madres humanas ha optado por otras prioridades. Desde el final del embarazo, las mujeres mejoran a la hora de detectar miedo, enfado y asco en rostros, mientras que su habilidad para detectar sorpresa o emociones positivas como la felicidad, no cambian. Tiene todo el sentido, porque si lo primero es proteger a tu hijo, pones tus recursos neuronales en identificar algo que pueda ser una amenaza o un riesgo, alguien que pueda venir con malas intenciones, mientras que algo positivo aunque sea más normal, es menos importante en esa situación.

Es posible que el mito del cerebro materno se deba a estereotipos y a la asunción de estas ideas por las propias madres. 97969cad9271a0c6023038d145e25d45Eso hace que, por ejemplo, las mujeres que nunca han estado embarazadas puntúan mejor su habilidad espacial que las que están embarazadas o han sido madres, que se valoran más negativamente. Otro factor clave es la falta de sueño asociada a las molestias del final del embarazo y a los primeros meses tras el parto debido a la carga que supone criar a ese mamoncete. Nadie tiene la mente clara cuando no duerme lo suficiente y se calcula que las madres acumulan 700 horas de déficit de sueño el primer año tras tener un hijo. Otra posibilidad es el cambio en las prioridades: podemos atender a muchas cosas pero el orden de prioridades cambia después de dar a luz —mi hijo— y eso puede hacer que algunas cosas dejen de importar en nuestro comportamiento cotidiano. Finalmente, conocer lo que está pasando en el cerebro de la mujer durante el embarazo y tras el parto es fundamental para entender la depresión postparto y para ver la relación entre los factores hormonales y el envejecimiento cerebral. Hasta ahora la información es contradictoria y hay un estudio que encuentra una correlación positiva entre el número de hijos y el riesgo de sufrir un alzhéimer mientras que otra publicación concluye que el embarazo y la lactancia protegen contra esta enfermedad neurodegenerativa.

 

Para leer más:

  • Chan RW, Ho LC, Zhou IY, Gao PP, Chan KC, Wu EX (2015) Structural and functional brain remodeling during pregnancy with diffusion tensor MRI and resting-state functional MRI. PLoS One 10(12): e0144328.
  • Clark L (2009) ‘Baby brain’ is a myth – women’s intelligence increases during motherhood, claims study. Mail Online http://www.dailymail.co.uk/news/article-1138954/Baby-brain-myth–womens-intelligence-increases-motherhood-claims-study.html
  • Holdcroft A (1997) MRI brain changes. Mod Midwife 7(8): 5.
  • Oatridge A, Holdcroft A, Saeed N, Hajnal JV, Puri BK, Fusi L, Bydder GM (2002) Change in brain size during and after pregnancy: study in healthy women and women with preeclampsia. AJNR Am J Neuroradiol 23(1): 19-26.
  • Rendell PG, Henry JD (2008) Prospective-memory functioning is affected during pregnancy and postpartum. J Clin Exp Neuropsychol. 30(8): 913-919.
  • Young E (2016) The real baby brain. New Scientist 3055: 36-39.