alcohol11El alcohol es una sustancia depresora que actúa de forma bifásica; es decir su efecto es distinto a baja concentración que a alta.  A bajas dosis genera una euforia leve, reduce la ansiedad y aumenta la sociabilidad —exaltación de la amistad— mientras que a dosis mayores genera intoxicaciones, estupor y pérdida de consciencia. La intoxicación etílica o borrachera se caracteriza por una mala coordinación, pérdida de memoria, visión borrosa y fallos en el proceso cognitivo, razonamos pobremente y tomamos malas decisiones. Las dosis muy altas pueden causar vómitos, coma y la muerte por fallo respiratorio. En el largo plazo, el consumo reiterado de etanol puede llevar a una dependencia física y al alcoholismo. El alcohol incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular, de ictus y de al menos siete tipos de cáncer: boca y garganta, laringe, esófago, hígado, colon, colorrectal y mama. De hecho, causa un 5,8% de las muertes por cáncer, en torno a medio millón de personas al año. Cuando se suma el daño a uno mismo y a los demás (violencia, accidentes de tráfico, síndrome alcohólico fetal, etc.), el alcohol es responsable directo de unos 3,3 millones de muertes al año y es la droga que más perjuicio causa a la humanidad.alcohol-500x363

Aun así, llevamos consumiendo alcohol desde tiempos prehistóricos. En Jiahu, un poblado neolítico en el valle del Río Amarillo se han encontrado recipientes de arcilla que contenían restos de una bebida hecha mediante la fermentación de arroz, miel y frutos de espino albar, fechados entre el 7000 y el 6600 a.C. Las bebidas se aromatizaban con hierbas, flores y resinas de árboles. La base del proceso es la misma que hoy en día: el etanol se produce por la fermentación que realizan las levaduras sobre los azúcares de frutas, semillas o tubérculos. En la actualidad, aunque el consumo de alcohol está prohibido para muchos millones de personas, la industria de las bebidas alcohólicas mueve más de un billón de euros al año, cerca del PIB de España.

Las bebidas alcohólicas son muy variadas y su contenido en etanol es muy variable: del 3% en las cervezas suaves a más del 40% en los destilados como vodka, ginebra o whisky. También difieren en su contenido de congéneres (productos químicos tóxicos que se generan durante el proceso de fermentación). Entre los congéneres hay algunos que son deseados como el propanol o el 3-metil-1-butanol pero la mayoría son problemáticos como las acetonas, el acetaldehído y los glicoles pues incrementan la toxicidad y son responsables del malestar que conocemos como resaca.

1460141290070Uno de los mitos más extendidos es que el problema es «mezclar», consumir diferentes tipos de bebidas alcohólicas en vez de quedarse solo con una. No es cierto, da igual. En realidad, lo que importa es la cantidad de alcohol consumido y si se toma solo o con comida. La comida ralentiza la absorción del alcohol y minimiza la intoxicación, aunque al final nuestro cuerpo absorberá también ese alcohol, pero el efecto será más lento. Hay también un efecto novedad, al cambiar de bebida, nos sabe distinto y bebemos más que si nuestro paladar está ya «aburrido» de la misma bebida.

En algunos países se habla también del orden del consumo. Los anglosajones dicen «Beer before liquor, never been sicker; liquor before beer, you’re in the clear». Es algo así —traducido en ripio— como «la cerveza antes del licor, nunca estarás peor; el licor antes de la cerveza, salva tu cabeza». La posible explicación del mito sobre el orden de la bebida es que la mayoría de la gente no toma mucha cerveza después del licor por lo que, al final, consume menos alcohol. De nuevo, el factor fundamental es la cantidad de alcohol ingerida, por encima de cualquier otra consideración.

Otro mito es que el efecto es menor si tomamos un cubata, es decir si mezclamos la bebida alcohólica con un refresco. 10En realidad, es lo contrario, todas las bebidas carbonatadas como la cerveza, los vinos espumosos o las mezclas que contienen refrescos azucarados y gasificados como colas, naranja o limón incrementan la absorción del alcohol. Un estudio encontró que en dos tercios de las personas el alcohol con agua con gas se absorbía más rápido que si iba mezclado con agua normal mientras que en el otro tercio no hubo diferencias. Un estudio con champán normal y con champán agitado (para eliminar las burbujas) encontró que los niveles de alcohol en sangre se elevaban mucho más rápido en los que tomaban burbujas: 0,54 g/l en sangre frente a 0,39 g/l en los que tomaban el champán sin gas, al cabo de solo cinco minutos.

Un tercer mito es que lo mejor para evitar la resaca es combinar la ingesta de bebidas alcohólicas con bebidas energéticas ricas en cafeína. La realidad es que las bebidas energéticas enmascaran algunos efectos del alcohol. El etanol es una sustancia depresora, por eso cuando hemos bebido de más tendemos a sentarnos, a tumbarnos, caminamos despacio, hablamos más lentamente y decimos que «tenemos la boca pastosa». La buena noticia es que esos efectos sedantes hacen que dejemos de beber. Sin embargo, las bebidas energéticas con su alto contenido en cafeína alteran la percepción y hacen creer a la persona alcoholizada que las consume  que tiene más juicio del que realmente tiene y que está mejor de lo que realmente está, lo que puede llevar a seguir bebiendo, con lo que se agrava la borrachera y la resaca, y también a intentar conducir, un riesgo temible de hacerse daño a sí mismo y hacerlo a los demás. La FDA ha prohibido las bebidas alcohólicas con cafeína tras realizarse un estudio que demostraba que las personas que tomaban estas bebidas tenían el triple de posibilidades de llegar a una intoxicación etílica grave y el cuádruple de coger el coche. En Europa parece que de momento no nos hemos dado por aludidos y, desde luego, en ningún sitio hay problemas para comprar los dos tipos de bebida por separado y consumirlas al mismo tiempo. Una mala idea.

12429334035_91cb638105_bUn cuarto mito es que los alcoholes oscuros son más saludables que los claros. La explicación que aportan es que las cervezas oscuras y los vinos tintos tienen más antioxidantes que las cervezas rubias y los vinos blancos (los tonos oscuros significan mayor contenido en flavonoides en las cervezas y más polifenoles en los vinos). Sin embargo, aunque lo de los antioxidantes es cierto, las bebidas oscuras contienen más congéneres, que en general son los responsables de las resacas y su daño puede ser mayor que el beneficio de los antioxidantes. Ahí el truco recomendado es tomar bebidas de buena calidad —los destilados malos contienen más congéneres— y más claras, por la misma razón.

Un quinto mito es que vomitar ayuda a pasar la borrachera. En realidad lo que interesa es eliminar el alcohol del cuerpo lo antes posible y, por tanto, si queda alcohol en nuestro estómago y vomitamos, no será absorbido y la borrachera y la resaca posterior serán menores. Sin embargo, el etanol es una molécula muy pequeña y se absorbe con rapidez y facilidad, en pocos minutos. 87e838ae15aa8ac86748d1c074b6bf1bSi estamos ya ebrios lo normal es que en el estómago no quede gran cosa y el alcohol esté por nuestro torrente circulatorio, por el cerebro, el hígado, por todas partes. Vomitar no aliviará la borrachera, es tan solo una respuesta habitual del organismo cuando el cerebro dice que ha tomado un producto tóxico o venenoso e intenta vaciar su sistema digestivo.

Un sexto mito es que tomar un analgésico, aspirina o ibuprofeno, antes de beber reduce los efectos de la resaca. En realidad, los efectos de los analgésicos son rápidos y lo normal es que ya se hayan pasado cuando la resaca empieza. Además, hay un riesgo muy grave si se toman cuando se está bebiendo. congener_levelsEstos fármacos pueden dañar el epitelio del estómago, lo que sumado a la acción de los congéneres puede ampliar la absorción del etanol y los demás tóxicos y su paso hacia el torrente circulatorio, causar una inflamación del hígado, generar daño hepático y un nivel de alcohol en sangre mayor de lo normal. Tomar algún analgésico a la mañana siguiente para aliviar el dolor de cabeza, no genera ya esos problemas y puede proporcionar un poco de alivio.

Otra idea equivocada, el mito séptimo, es tomar comidas muy ricas en grasa junto con el alcohol, con la idea de que la absorción, y el daño, sea menor. En realidad, la grasa no ayuda a que el alcohol se metabolice antes y la combinación de alcohol y lípidos puede incrementar el reflujo gástrico, lo que hace que por la mañana te encuentres peor. Por el contrario, puede ser de ayuda comer antes de empezar a beber, que no nos encontremos con el estómago vacío cuando empecemos a ingerir alcohol.

El octavo mito, que sale en numerosas películas, es que se puede salir de la borrachera con una ducha fría o café cargado. En realidad, ese tratamiento puede despertar a la persona que está medio dormida por el efecto depresor del alcohol pero no hará nada para disminuir su intoxicación. h3Su nivel de borrachera, la concentración de alcohol en sangre, sigue siendo la misma. Un hígado humano sano elimina una bebida estándar a la hora, unos 12,7 ml de alcohol, eso equivale aproximadamente a un botellín de tercio de cerveza (330 ml), una copa de vino (150 ml) o un trago de un destilado (40 ml). El café o la ducha puede espabilar pero no hará que el hígado trabaje mejor o más rápido. El tiempo es lo único que hace que el nivel de alcohol disminuya, según el hígado trabaja a pleno rendimiento y lo va metabolizando.

El noveno mito es que se puede engañar a los aparatos de la policía que nos hacen soplar para ver nuestro nivel de alcohol. Un submito es que estos aparatos detectan el olor del alcohol y que tomando un caramelo de menta se les puede confundir. En realidad utilizan una reacción química que detecta alcohol en el aire de nuestros pulmones y da una estimación bastante realista de nuestro nivel de alcohol en sangre. Otra posibilidad es hiperventilar, es decir hacer rápidas inspiraciones y espiraciones para limpiar los pulmones de alcohol. Sin embargo, con eso solo se reduce como máximo un 10% la medida y más vale que el policía no descubra lo que estás haciendo.

coyote-ugly-640x406El décimo mito es que las distintas bebidas nos afectan de manera diferente. Por algún lado he leído que el whisky te pone violento mientras que el tequila te anima a bailar y el ron te relaja. A pesar de lo que digan las películas del oeste, las de mexicanos y las de caribeños respectivamente, el alcohol es alcohol y no es diferente en función si proviene de la fermentación de centeno, de ágave o de caña. Es más probable que las diferencias sean de tipo psicosocial: no bebemos las mismas cosas en distintos ambientes o con distintos tipos de gente.

Para terminar, el alcohol es una sustancia problemática pero algún estudio reciente vuelve a reclamar que la cantidad ideal no es cero sino un poco mayor. La cantidad recomendada parece ser unos 5 gramos de alcohol por día, medio vaso de vino, unos 50 ml. Un estudio realizado por Nichols y colaboradores en una región del Reino Unido calculó que con ese nivel de consumo 840 personas más morirían al año de enfermedad cardiovascular pero habría 2670 menos muertes por cáncer y otras 2830 menos por enfermedad hepática. Curiosamente, menos de 1 gramo de alcohol al día iba asociado a un incremento de la mortandad pues los abstemios tienen un mayor riesgo de ataques al corazón. Así que el mensaje que nos da la ciencia actual dice consuma con mucha moderación y si bebe no conduzca.

 

Para leer más:

  • Nichols M, Scarborough P, Allender S, Rayner M (2012) What is the optimal level of population alcohol consumption for chronic disease prevention in England? Modelling the impact of changes in average consumption levels. BMJ Open 2: e000957.
  • Roberts C, Robinson SP (2007) Alcohol concentration and carbonation of drinks: The effect on blood alcohol levels. J Forensic Legal Med 14 (7): 398–405.
  • Siegel K (2014) The 13 Biggest Myths About Alcohol, Busted. Greatist 16 de junio http://greatist.com/health/13-biggest-myths-alcohol