8-glasses-of-water_blue-redEl agua es fundamental para la vida. Es el componente químico fundamental del cuerpo humano —un 75% del cuerpo de los niños es agua, una proporción que cae al 55% en el cuerpo de los ancianos— y en un órgano blando como el cerebro, entre el 77 y el 78% del cerebro es agua. Sin agua solo sobrevivimos unos días y es necesaria para las actividades de las neuronas: la producción de neurotransmisores, el transporte intracelular de vesículas sinápticas, la transmisión nerviosa, la nutrición; en realidad, para todo.

Aun así, sabemos sorprendentemente poco sobre el agua: no conocemos realmente cuánta agua necesitamos, ni su importancia en la prevención de enfermedades, ni su influencia en la promoción de la salud. 3020560-poster-p-1-how-algae-could-one-day-cure-parkinsons-diseaseCuriosamente no hay biomarcadores adecuados para medir el estado de hidratación de una persona y las técnicas utilizadas para ello, tales como la dilución de deuterio, la medida de la osmolaridad de la orina o la determinación de la hipertonicidad, tienen todas diferentes pegas. También se habla de agua en general pero no todas las aguas son iguales: puede ser blanda o dura, clorada o no, de origen subterráneo o superficial, natural o con gas y no está claro si para el organismo o el cerebro los efectos de todas ellas son idénticos. Además, los promotores de las pseudociencias promueven errores como el consumo de agua marina, que nunca es beneficioso para la salud, o venden aparatos tales como el Kangen Water que convierte el agua del grifo en «agua alcalina hidratante», y dicen que cuánto más básico sea su pH, más sano y con emociones más positivas. Una memez. Si no sabe qué hacer con el dinero, gásteselo en libros o déselo a alguna ONG, pero no a un sinvergüenza.3889479_orig

Obtenemos agua bebiéndola, de los alimentos y de algunas relaciones químicas entre moléculas (agua metabólica). La cantidad de agua que nos aportan los alimentos es muy variada: las fresas y la sandía tienen entre un 90 y un 99% de agua; el yogur y las peras, entre el 80 y el 89%; los plátanos y la patata cocida, entre el 70 y el 79%; la pasta, el helado y la pechuga de pollo, entre el 60 y el 69%;smoothies-with-strawberries-by-green-blender un filete o una hamburguesa, entre el 50 y el 59%; la pizza, entre el 40 y el 49%; el queso y el pan, entre el 30 y el 39%; las galletas o el salchichón, entre el 20 y el 29%; la mantequilla o las pasas, entre el 10 y el 19%; los frutos secos y los cereales del desayuno, entre el 1 y el 9%, y el azúcar o los aceites, el 0%.

Uno de los mitos más extendidos en todo el mundo es que hay que hidratar el cerebro, que es necesario beber dos litros de agua al día para un correcto funcionamiento neuronal. En los países anglosajones lo llaman el «8 x 8», que significa 8 vasos de 8 onzas, que son aproximadamente 236 mililitros cada uno y sale cercano a esos dos litros. La recomendación mítica aparece en muchos periódicos, en webs y también lo recomiendan bastantes profesionales sanitarios que se olvidan de aquello de la medicina basada en la evidencia. No hay ningún estudio serio que apoye este mito de los vasos de agua y menos aún de beber cuando no tienes ganas si tu salud es normal. Aun así, el consejo se sigue y es frecuente ver en los exámenes a alumnos que llevan su botella de agua, no vaya a ser que una mala hidratación les impida demostrar lo mucho que han estudiado. En realidad, como no lleven algunas notas escritas en la etiqueta de la botella —lo que podríamos llamar una chuleta acuática— no les va a ayudar a sacar mejor nota, aunque ya hemos hablado de la potencia del efecto placebo.

alkaline_water_and_teethOtra cosa es si la persona está deshidratada. Entonces nuestro cerebro nos dice que tenemos sed y conseguir agua u otro líquido se vuelve prioritario con lo que no nos vamos a centrar en el examen ni vamos a poder hacer bien nada que requiera concentración. Un grupo de la Universidad del Este de Londres realizó un estudio en 34 voluntarios. No habían comido o bebido nada durante la noche y se les pidió hacer una serie de pruebas cognitivas dos veces, una después de desayunar solamente una barrita de cereales y otra, después de tomar otra barrita similar pero con una botella de agua. Los que dijeron que no estaban sedientos al comenzar los test los hicieron a la misma velocidad en la prueba con agua y en la sin agua. Sin embargo, los que dijeron tener sed, lo hicieron un 14% más rápido después de beber agua. Los investigadores piensan que el agua ayudaba a liberar partes del cerebro que estaban ocupadas enviando el mensaje «tengo sed».reachingforwater

En condiciones normales el tiempo más largo que pasamos sin ingerir líquidos es cuando estamos durmiendo, entre seis y ocho horas. Como con cada respiración perdemos un poco de agua, lo normal es que nos despertemos con la boca un poco seca y nuestros desayunos incluyen indefectiblemente líquidos: café, infusiones, zumo, leche o mi querido Cola-Cao. Muchos creen que el mito de los dos litros de agua surgió con una recomendación del Food and Nutrition Board americano en 1945 que decía que una persona necesitaba en torno a 2,5 litros de agua al día. Lo que suelen olvidar es que la siguiente frase era «la mayor parte de esa cantidad está presente en los alimentos preparados». No hace falta beber más agua de la que nos pida el cuerpo y aumentar el consumo no es bueno para la función renal ni rebaja la mortalidad como también se dice a veces.

Heinz Valtin publicó una revisión sobre este mito de los dos litros y lo que encontró fue lo siguiente

  • No encontró estudios científicos que apoyen la necesidad de beber ocho vasos o dos litros de agua al día.
  • Los estudios de ingesta de comida y fluidos en miles de adultos de ambos sexos sugieren que no son necesarias esas cantidades, que la gente que no se preocupa de este mito, que no bebe nada más de lo que le apetece, está sana.
  • El consumo de bebidas con cafeína como las colas o el café, o con cantidades moderadas de alcohol, como la cerveza, contribuyen a la hidratación del cuerpo. Es falso que no aporten agua.
  • Las personas que viven en climas templados y tienen una vida más o menos sedentaria no sudan mucho y no necesitan mucha agua adicional.

water-brainDe hecho, la literatura científica sugiere lo contrario: que puede ser contraproducente beber un exceso de agua. El agua es considerada una de las sustancias menos tóxicas que existen pero como con cualquier otra sustancia un exceso la convierte en un veneno. Y sí, aunque les haga torcer el gesto a los quimiofóbicos, el agua es química pura: ¡hidróxido de hidrógeno! ¡ácido oxhídrico! Los problemas encontrados entre la gente que bebe demasiada agua son hiponatremia (bajos niveles de sodio en sangre), intoxicación por agua o hiperhidratación e insomnio. Si los niveles plasmáticos de sodio se desploman, caen por debajo de 100 mmol/l, se pueden producir edemas cerebrales irreversibles, coma o la muerte. Es algo que ha pasado a corredores de maratón, a estudiantes sujetos a novatadas a los que se forzó a beber cantidades ingentes de agua y a Jennifer Strange, una concursante de un programa radiofónico de la cadena KDND 107,9, que intentaba ganar una Wii. El concurso consistía en beber tanta agua como pudieras sin orinar y aunque una persona llamó a la emisora avisando de los riesgos, los locutores dijeron que «lo sabían» e hicieron bromas sobre que los concursantes habían firmado un documento liberando a la emisora de cualquier responsabilidad y sobre cómo la barriga de Strange le hacía parecer embarazada de tres meses. La joven de 28 años murió pocas horas después, la emisora despidió a los locutores, el marido e hijos denunciaron a la empresa radiofónica y un jurado les concedió la cantidad de 16 millones y medio de dólares como indemnización por los daños sufridos.

Los seres humanos bebemos por diferentes razones, por disfrute o porque tenemos sed, un proceso fisiológico que se genera inmediatamente de que se produzca un déficit de agua. thirst-regulation-brain-scan_redEs decir, si necesitamos líquido nuestro cerebro nos avisa inmediatamente lo que indica, por un lado, que no tenemos que preocuparnos de pensar cuántos vasos hemos bebido pues el cerebro ya lleva la cuenta de nuestro estado de hidratación y, por otro lado, que sí hay que preocuparse en las personas que pueden tener dificultades para conseguir agua por sí mismas como un bebé, un enfermo grave o un anciano impedido y también en las que tengan un cerebro alterado, como una persona con una demencia. También hay que tener precaución en los ancianos porque su reflejo de sed es menor y en algunos casos se genera una respuesta de sed débil para un nivel de deshidratación serio. Lógicamente, el nivel de alerta debe ser mayor en épocas de calor cuando nuestro encéfalo da la orden de sudar para mantener la termorregulación. Por tanto, beber agua ayuda en la prevención de algunos problemas de salud (por ejemplo, algunos tipos de piedras en el riñón) y es necesario para algunas circunstancias como el trabajo que requiera un intenso esfuerzo, el ejercicio físico, especialmente en climas cálidos pero también en esos casos el cerebro nos va a decir con un mensaje claro —la sed— que hay que ingerir agua.

El agua es tan importante para el organismo que el cerebro se encarga de regular su ingesta y utiliza la información de distintos sensores para alcanzar unos niveles adecuados. Una zona encefálica, el hipotálamo, regula la conducta de bebida, revisa los niveles de hidratación y de sales minerales y supervisa la producción de orina. Este centro regulador recibe información de sensores distribuidos por el cuerpo que controlan la osmolalidad de los tejidos, el volumen vascular, la sequedad de la lengua, la hipertermia, etc.; da instrucciones a los órganos efectores (riñones, glándulas sudoríparas y glándulas salivares) para que trabajen más o menos y contacta con otras zonas encefálicas para, por ejemplo, levantarnos e ir al grifo y ponernos un vaso de agua. También es sensible a neurohormonas que se producen para el ajuste de la diuresis (producción de orina), la natriuresis (eliminación de sodio en la orina) y la presión sanguínea.

1101Si bebemos más agua de lo debido, los riñones la eliminan con rapidez, si hay menos agua, la economizan reduciendo la cantidad de orina. Pero este mecanismo solo aplaza la necesidad de beber agua o de dejar de beber agua. Un ejemplo de consumo innecesario son las bebidas azucaradas o las bebidas con alcohol: nuestro organismo quiere esa sacarosa o ese etanol y el agua es el vehículo para esa ingesta. Una prueba sencilla es ofrecer agua a ese amigo cervecero que tiene sed y comprobar que la cantidad que consume es baja en comparación con las cañas que se toma si le damos esa segunda opción. Es decir, tenía sed pero tenía aun más ganas de cerveza. Así que el mensaje es no te preocupes de hidratar tu cerebro, ya se encarga él de que lo hagas cuando hace falta. Aun así, quizá por influencia de las empresas que venden agua embotellada, siguen apareciendo una y otra vez mensajes a favor de beber por beber. De hecho, las cifras de ventas del agua embotellada no paran de crecer y no está mal recordar que en la mayoría de las ciudades y pueblos españoles la calidad del agua de grifo es excelente.

Se ha valorado también si el estado de hidratación influye en el volumen cerebral o en su contenido en agua. Se eligieron veinte voluntarios sanos y se les hicieron tres resonancias: una en estado basal, otra tras beber tres litros de agua y la tercera tras la deshidratación de nueve horas durante la noche sin beber nada. El resultado fue que no había cambios en el volumen o en el contenido total de agua en ninguna región cerebral entre los tres estados de hidratación. Otro error repetido frecuentemente es que «la sed llega tarde»; es decir, que cuando tenemos sed ya estamos deshidratados. boy-drinking-water-696x465No es así, una subida en la osmolalidad del plasma de menos del 2% es suficiente para generar sed pero la mayoría de los expertos consideran que la deshidratación empieza cuando alguien ha perdido un 3% o más de su peso corporal, un nivel que se corresponde con una subida de la osmolalidad plasmática de al menos el 5%. Otro error común es considerar que una orina oscura significa deshidratación, algo que es alarmista y falso en la mayoría de los casos.

Dicho todo eso, la deshidratación afecta al funcionamiento cerebral. Una deshidratación leve produce alteraciones en el estado de ánimo y puede alterar el funcionamiento cognitivo (concentración, estado de alerta y memoria) y generar resultados ligeramente inferiores en pruebas de memoria a corto plazo, discriminación de percepciones, habilidad aritmética, seguimiento visuomotor y habilidades psicomotoras. Una ingesta correcta de agua va a evitar todos esos problemas y, como hemos dicho, no es lógico en condiciones normales estar deshidratado. Un estudio con personas jóvenes con un 2,6% de deshidratación durante 24 horas no encontró diferencias en su rendimiento cognitivo —en qué tal hacían distintos tipos de test— aunque si a eso se suma un estrés debido al calor u otros factores como la fatiga, la rabia o la confusión, pueden aparecer algunos efectos leves.

erika-shrayer-of-baldi-middle-schoolLos pequeños déficits que se pueden ver tras una deshidratación suave se deberían revertir rápidamente tras tomar agua pero esto no ha sido apenas estudiado. Un estudio tras una restricción de agua de 12 horas encontró que los resultados cognitivos no variaban ni tras la restricción de agua ni tras su consumo pero los participantes decían que se notaban más alerta tras beber. En resumen, el estado de hidratación afectaba al nivel de alerta expresado por cada persona pero los resultados sobre la cognición no eran consistentes.

Algunos estudios recientes han examinado si se veían mejoras en la atención y el funcionamiento cognitivo en niños a los que se daba agua extra antes de ir a clase. Los niños habían seguido su régimen normal de comida y bebida y a unos se les daba un vaso de agua entre 20 y 45 minutos antes de un examen y a los otros no se les daba nada. Los resultados fueron poco concluyentes, no se vio ninguna diferencia marcada. En algún estudio los niños que bebieron agua mostraban una ligera mejoría en la atención visual pero no mostraban cambios en la memoria visual. No hay resultados que animen a dar agua a niños que no la han pedido por el mero hecho de mejorar sus resultados académicos. Tampoco vale para mejorar el estado de nuestra piel, eliminar arrugas, tener un aspecto más juvenil, eliminar toxinas de la piel, conseguir un aspecto luminoso, etc., todas esas cosas que nos cuentan. Es una pena porque sería un tratamiento de belleza barato, pero no funciona. Así que ni más guapos ni más listos, beba agua cuando le apetezca y eso sí, de todas las posibles bebidas es, sin duda, la más recomendable.

 

Para leer más:

  • Carroll A (2015) No, You Do Not Have to Drink 8 Glasses of Water a Day. The New York Times 24 de agosto http://www.nytimes.com/2015/08/25/upshot/no-you-do-not-have-to-drink-8-glasses-of-water-a-day.html
  • Edmonds CJ, Crombie R, Gardner MR (2013) Subjective thirst moderates changes in speed of responding associated with water consumption. Front Hum Neurosci 7: 363.
  • Meyers SM, Tam R, Lee JS, Kolind SH, Vavasour IM, Mackie E, Zhao Y, Laule C, Mädler B, Li DK, MacKay AL, Traboulsee AL (2016) Does hydration status affect MRI measures of brain volume or water content? J Magn Reson Imaging 44(2): 296-304.
  • Popkin BM, D’Anci KE, Rosenberg I (2010) Water, Hydration and Health. Nutr Rev 68(8): 439–458.
  • Valtin H (2002) “Drink at least eight glasses of water a day.” Really? Is there scientific evidence for “8 x 8”? Am J Physiol Regul Integr Comp Physiol 283(5):R993-1004. http://ajpregu.physiology.org/content/283/5/R993.long