806016-redDiversos grupos de investigación han estudiado en los últimos años tanto en niños como en adolescentes si el TEA va unido a unos hábitos de vida más sedentarios, a menor actividad física, a mayor tiempo dedicado a los artilugios electrónicos y a un mayor riesgo de obesidad. La metodología era bastante parecida, recoger datos de encuestas de los padres o directamente con acelerómetros u otras aplicaciones digitales que permiten registrar la actividad en cada momento, establecer con criterios comunes los diagnósticos  y clasificar a los muchachos  por su índice de masa corporal, una fórmula sencilla basada en el peso y la altura y que da una estimación sencilla y útil de si el peso es normal, inferior a lo normal o si se trata de sobrepeso u obesidad.

Un primer estudio en 29 niños de la Universidad de Oregón (Tyler et al., 2014) mostró que los chavales con TEA tenían unos niveles similar de agilidad y flexibilidad a los que no tenían un TEA. La única diferencia se encontró en una prueba de fuerza física. Esto indica que estos niños -aunque la muestra es muy pequeña y seguro que hay excepciones- están en condiciones físicas parecidas a sus compañeros, que pueden realizar actividad física de la misma complejidad e intensidad que los demás  y el problema puede ser que van moviéndose cada vez menos y, además, se van quedan progresivamente aislados de los programas de deporte en equipo. Los niños con TEA hacían una media de 50 minutos menos al día de una actividad física suave (andar) y 70 minutos más al día de estar sentados. Los investigadores planteaban a los padres por un lado que incluyeran la actividad física en sus rutinas diarias como dar un paseo o ir al parque a jugar y, por otro lado, que pidieran a los responsables de actividades deportivas que funcionaran de forma inclusiva, incorporando a los chavales con autismo en los equipos y atendiendo a sus peculiaridades.fitness-zone

En un segundo estudio, realizado por Must y su grupo (2014) analizaron el comportamiento sedentario de 53 niños con TEA y 58 normotípicos de entre 3 y 11 años. El comportamiento sedentario iba ligado a tres actividades: ver la televisión, usar videojuegos y pasar tiempo delante de una pantalla (ordenador y otros aparatos electrónicos similares como tabletas o teléfonos). Al comparar específicamente los niños con TEA con los niños normotípicos se ha visto que durante los días de cole los niños con TEA tenían una hora más de comportamiento sedentario con aparatos electrónicos que los niños normotípicos (5,2 horas frente a 4,2 horas). La diferencia la marcaba prácticamente el tiempo delante de un ordenador que era de 2,5 horas en los niños con TEA y 1,6 en los niños sin TEA. No es algo específico de Estados Unidos. Un estudio realizado en Tailandia (Chonchaiya et al., 2011) encontraba que los niños con TEA veían más del doble de televisión que los niños normotípicos y que era más común que vieran la televisión solos que junto con sus padres o cuidadores. El tiempo pasado delante de pantallas es preocupante porque estudios en niños normotípicos han encontrado que tiempos prolongados de uso de medios electrónicos y en particular la televisión está asociado a problemas de atención, agresión, bajo rendimiento escolar, retraso en la adquisición del lenguaje y obesidad.

En los últimos años, las cosas no van a mejor. Un estudio realizado en Estados Unidos encontró que en solo cinco años, entre 2004 y 2009, el tiempo diario viendo televisión había aumentado 38 minutos, el uso de ordenadores 27 minutos y el uso total de medios electrónicos se había incrementado en más de 70 minutos cuando el objetivo del plan nacional de salud pública era reducirlo y dejarlo en menos de dos horas al día durante la semana. Al ir creciendo los niños, las cosas empeoran. Un estudio usando pulseras con acelerómetros ha mostrado que un 42 % de los niños entre 6 y 11 años cumplían los 60 minutos mínimos de actividad física recomendada para los días laborales. Sin embargo, en el grupo etario siguiente, el de los que tenían entre 12 y 15 años, solo cumplían ese nivel el 8 %.

El estudio realizado por McCoy y su grupo (2016) analizó los datos de 42.747 adolescentes, de los cuáles 915 tenían un TEA encontró que los muchachos con TEA tenían una probabilidad mayor de tener sobrepeso u obesidad y que tomaban parte con menor frecuencia en actividad física frente a lo que sucedía en adolescentes normotípicos. Tras ajustar para la actividad física, la probabilidad de tener un peso excesivo era menor pero todavía presente. La mayor gravedad del TEA también se correlacionaba con mayores niveles de sobrepeso y obesidad y a una menor probabilidad de actividad física, hacer deporte y de participación en clubs deportivos. Los déficits sociales, comportamentales o intelectuales que muestran los muchachos con TEA hacen que su participación en actividades formales (clubs deportivos) o informales (jugar en la plaza) sea más difícil para ellos, incrementando potencialmente de rebote el tiempo dedicado a actividades sedentarias. Por el contrario, la actividad física y el bienestar generado por el deporte son importantes para una vida sana y aprendemos estos comportamientos durante la niñez. Algunos padres de niños con TEA también comentan que usan la televisión por su efecto calmante sobre el niño y también como una forma de tener un respiro de los retos constantes que supone hacerse cargo de él, algo que es comprensible pero que puede llevar a esos problemas encontrados de obesidad y peor estado físico.

Estos resultados sugieren que tanto los niños como los adolescentes con autismo necesitan programas específicos, que pueden organizar los padres por su cuenta o en colaboración con maestros o terapeutas, diseñados a controlar su peso y a aumentar su actividad física.

 

Para leer más:

  • Chonchaiya W, Nuntnarumit P, Pruksananonda C (2011) Comparison of television viewing between children with autism spectrum disorder and controls. Acta Pædiatrica 100(7):1033–1037.
  • McCoy SM, Jakicic JM, Gibbs BB (2016) Comparison of Obesity, Physical Activity, and Sedentary Behaviors Between Adolescents With Autism Spectrum Disorders and Without. J Autism Dev Disord. 2016 Mar 3. [Epub ahead of print]
  • Must A, Phillips SM, Curtin C, Anderson SE, Maslin M, Lividini K, Bandini LG (2014) Comparison of sedentary behaviors between children with autism spectrum disorders and typically developing children. Autism 18(4): 376-384.
  • Tyler K, MacDonald M, Menear K (2014) Physical Activity and Physical Fitness of School-Aged Children and Youth with Autism Spectrum Disorders. Autism Res Treat 2014: 312163.