92824484Claude Bernard nació en Saint-Julien, en la comarca vitivinícola del Beaujolais, en la Borgoña, el 12 julio de 1813. Hijo de una familia humilde, pronto tuvo que ganarse la vida como mancebo de botica en Lyon, y allí soñó con ser autor dramático. Su primera obra de teatro tuvo cierto éxito pero la segunda, un drama en cinco actos, la leyó un amigo de la familia, profesor de literatura en la Sorbona, y le aconsejó que buscara otro camino profesional, que por ése lo tenía crudo. Así que, sin ningún entusiasmo, cursó la carrera de Medicina en París. Sin embargo, le sonrió esa suerte que algunos compartimos: tuvo un excelente profesor, François Magendie, cuyas clases, polémicas y alboratadas, captaron su interés. En el anfiteatro de la facultad, Magendie ponía a prueba la teoría que había explicado el día anterior con algún experimento sencillo y cuando las cosas no encajaban, feliz rompía a reír a carcajadas. Se definía como un trapero que caminaba por el ámbito de la ciencia recogiendo hechos aquí y allá, sin otra pretensión que «echárselos a la espalda» pero el contacto con los secretos de los procesos vitales de aquellas clases terminó despertando la vocación de fisiólogo en el joven Claude.Magendie

Magendie montó uno de los primeros laboratorios del mundo dedicados a la fisiología experimental. Hasta él casi todo lo que sabíamos sobre el cerebro y los demás órganos del cuerpo se basaba en especulaciones y deducciones a partir de la anatomía y la medicina clínica. Él fue de los primeros que defendieron la necesidad de experimentos con seres vivos y realizó vivisecciones en gatos, perros y conejos. Magendie enseñó a Bernard, que entró como alumno interno, a operar y le mostró que de esos experimentos se podía avanzar el conocimiento y deducir las leyes de la biología y que las diferentes estructuras están organizadas armoniosamente en los diferentes órganos que forman un ser vivo. Bernard aplicó esos principios con una calidad y una intensidad desconocida hasta entonces, y lo hizo, al contrario que su maestro, siguiendo una planificación, llegando a decir que «el experimentador que no sabe lo que está buscando no comprenderá lo que encuentra».

Plaque_Claude_Bernard_laboratoire-redAun tras el contacto con un escéptico como Magendie, Bernard vio que había encontrado su camino y desarrolló una vocación decidida y ardiente que le llevó a trabajar sin descanso en condiciones duras, a enfrentarse con dificultades económicas y administrativas sin fin, y a chocar con la incomprensión de su propia esposa, que fundará junto a sus dos hijas un refugio para perros y gatos, una crítica directa a las actividades de su marido. Aunque la anestesia se conocía desde la década de 1840, Bernard apenas la usó en sus experimentos, pues temía que las respuestas, en especial las del sistema nervioso, estuvieran mediatizadas. Para muchos, incluida su esposa, Bernard será un paradigma de crueldad. Él escribió:

El fisiólogo no es un hombre ordinario. Es un hombre formado, un hombre poseído y absorbido por una idea científica. No oye los gritos de dolor de los animales. Está ciego a la sangre que fluye. No ve más que su idea y los organismos que esconden de él los secretos que está resuelto a descubrir.

Su vida familiar será desgraciada, aunque hay que reconocer que su matrimonio fue de conveniencia y que Bernard utilizó el dinero de la dote de su mujer para financiar sus experimentos, algo que a ella no le debió hacer mucha gracia. Las francesas, que tienen poco sentido del humor.

De Magendie, Bernard aprendió un profundo escepticismo sobre los dogmas en la ciencia y cuando le sustituyó en la docencia dijo a sus alumnos:F1-red «Estoy a cargo de enseñarles una medicina científica que todavía no existe; pero podemos establecer sus cimientos cultivando la fisiología experimental de la que derivará la medicina científica, porque la primera es la base de la última». Aunque es contemporáneo de Darwin, fue crítico sobre las teorías del inglés. La razón era su forma de pensar: un fenómeno biológico que no se pudiera demostrar experimentalmente —lo que era el caso con la evolución— era algo de poca validez para él.

Bernard nunca practicó la medicina y con el tiempo heredó la cátedra y el laboratorio de su maestro. A lo largo de los años, fue haciendo una serie de descubrimientos trascendentales, desarrolló el método ciego de experimentación y puso las bases para la construcción teórica de la nueva fisiología. Decía que «las teorías de hoy en día son rápidas; se mueren como moscas. Ya no es como antes. Ya no viven tanto como sus precursoras. Es necesario establecer hechos que vivan para siempre». (c) Wellcome Library; Supplied by The Public Catalogue FoundationEntre ellos están sus descubrimientos sobre la función glicogénica del hígado, el papel del páncreas en la digestión, la regulación de la temperatura por los nervios vasomotores, la acción del curare y el monóxido de carbono en el sistema nervioso y el control por el nervio vago de la función del corazón. La mayor parte de este trascendental trabajo lo hizo en la primera parte de su carrera, entre 1843 y 1858, en un sótano húmedo y sin apenas medios.

Bernard se opuso con tenacidad al vitalismo, indicando que la biología nunca violaba las leyes de la física y de la química. Pero también recalcó la complejidad de los sistemas biológicos y recordó que los enfoques puramente físico-químicos eran demasiado simplistas e insuficientes para la comprensión integral de un ser vivo, algo en lo que se distinguía de los principales fisiólogos alemanes como Helmholtz y Du Bois Reymond, que tenían un planteamiento mucho más reduccionista. Según él mismo comentó «en Fisiología el materialismo ni conduce a nada, ni explica nada».

Una de sus grandes obras no fue un descubrimiento científico sino un libro: nrm0901_703a_b2-redlntroduction a l’étude de la Médecine expérimentale, del que Pasteur dirá: «Nada más luminoso, completo ni profundo se ha escrito sobre los principios del difícil arte de la experimentación». Lo escribió en una larga convalecencia y fue un éxito inmediato, no solo entre científicos y médicos sino también entre escritores y filósofos. Es uno de los textos clásicos de la Biología y hay mucho del autor en él. Bernard explica algunos principios y aspectos prácticos contando su propio trabajo, cómo llegó a esas conclusiones. De acuerdo con el espíritu de la época, los experimentos son siempre limpios, directos, exitosos, y destacan sus impecables razonamientos y el rigor sistemático que aplica en su investigación. Se echa en falta esa otra verdad, la de los errores, los callejones sin salida, los fracasos. Si hay algo que achacar a Bernard es que nos hace creer que su obra fue más fácil de lo que realmente fue, que los experimentos siempre funcionan a la primera vez aunque él mismo había dicho «todo, hasta el error, es enseñanza».

3b3c99277cad060444a3e6f859e43961Si hasta entonces el avance había sido casi exclusivamente de la Anatomía, del conocimiento de la estructura, Claude Bernard inició la época más fecunda de la Fisiología, del estudio de la función. Acérrimo defensor del método experimental, apenas concedía valor al propio órgano para dárselo todo a la correlación y a la función. Tras su trabajo, la Fisiología se va convirtiendo en el paradigma de la ciencia moderna. Los que estudian la estructura, los que van clasificando los tipos de tejidos, de células, son vistos como «coleccionistas de sellos» mientras que la atención ahora se centra en los mecanismos, el funcionamiento. El cerebro de un cadáver y el de un hombre vivo tienen el mismo aspecto anatómico pero la Fisiología es nula en un caso y apasionante en el otro. Cuando Büchner dice en 1865 que «el cerebro filtra las ideas como los riñones la orina» rompe para siempre con el panteísmo idealista de Hegel, el cerebro deja ya para siempre de ser el lugar del alma. Bernard llegará decir que es «el cerebro puede ser considerado como una glándula».

Fue el hombre clave para unir ciencia y medicina. En el sistema nervioso, su principal descubrimiento fue el sistema vasomotor. En 1851 mientras estudiaba los efectos de la temperatura en varias partes del cuerpo cortó los nervios que inervaban esta zona. Se dio cuenta de que la sección de los nervios simpáticos cervicales generaba un aumento de la circulación sanguínea y un pulso arterial más marcado en varias zonas de la cabeza. Meses más tarde, comprobó que la estimulación eléctrica de la porción superior del nervio dividido tenía el efecto contrario. De esta manera estableció la existencia de nervios vasomotores, tanto vasodilatadores como vasoconstrictores.

Bernard tuvo una idea central sobre la que luego se desarrolló la Neurofisiología: el medio interno.

La constancia del medio supone una perfección del organismo de manera que las variaciones externas en cada instante se compensan y se equilibran… Todos los mecanismos vitales, por muy variados que sean, tienen siempre un objetivo, mantener la uniformidad de las condiciones de vida en el ambiente interno… La estabilidad del ambiente interno es la condición para una vida libre e independiente.

Walter Cannon bautizaría este equilibrio como homeostasis y en palabras de Charles C. Gross «estas generalizaciones resumían por un lado muchos de los logros experimentales de Claude Bernard y por otro proporcionaban un programa para los siguientes cien años de fisiología general». CHT166608La fama actual de Claude Bernard se sustenta en esa idea de que la estabilidad de ese ambiente interno —el miliéu interieur— es un prerrequisito para el desarrollo de un sistema nervioso complejo. El medio interno, que al principio era solo la sangre, fue ampliándose hasta ser ese ambiente exquisitamente regulado en el que viven las células y se desarrollan los procesos de la vida.

Bernard tuvo más honores y fue más famoso que ningún científico francés, antes que él o después que él. La calidad literaria de sus escritos le llevó a la Academia Francesa. Napoleón III se complacía en escucharle, le nombró senador y le proporcionó un buen laboratorio en el Museo de Ciencias Naturales, al que Bernard se trasladó desde su cátedra de la universidad. Cuando murió, recibió un funeral público, un honor que jamás se había dado a un hombre de ciencia. Es interesante que al igual que le pasó a Einstein en el siglo XX, Bernard fue el científico arquetípico del siglo XIX y apareció en poemas, biografías y novelas. Un ejemplo notable aparece en Los hermanos Karamazov, la genial novela de Dostoievski en la que conversan Dmitri y Alexei

—… Oye, ¿quién es Carlos Bernard?

— ¿Carlos Bernard? No; Carlos, no: Claudio, Claudio Bernard. Es químico, ¿no?

— He oído decir que es un sabio, pero esto es todo lo que sé de él.

— Yo tampoco sé nada. ¡Que se vaya al diablo! Seguramente está en la miseria. Todos los sabios están en la miseria. Pero Rakitine irá muy lejos. Se mete en todas partes. Es un Bernard en su género. Estos Bernard abundan.

Los que no abundan son los investigadores de esa valentía, constancia y talla. Como él dijo, un hombre que no era ordinario.

 

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