1952_doctores_ramon-y-cajalLas corridas de toros han sido definidas  como el segundo espectáculo más sangriento en España, por supuesto después de las oposiciones. La conquista de la estabilidad de un puesto de funcionario ha sido el santo grial de generaciones de españolitos y el proceso para llegar allí ha tenido en muchas ocasiones ejemplos de los defectos que sin ser exclusivos de España forman parte también de nuestro peor lado: envidia, nepotismo, inquinas, prevaricación y corruptelas.

Las oposiciones para cátedras universitarias tenían un punto añadido que supongo que compartirían otros tipos de concursos administrativos pero que en el ámbito académico al menos, donde consideramos la ética, el respeto y la educación formal parte de nuestro ADN, dejaba heridas en carne viva. BVS-PromoEran auténticas «oposiciones», es decir, en el ejercicio conocido como la «trinca», el candidato atacaba los méritos del rival, ensuciaba sus logros y buscaba cualquier forma de desprestigiarle ante el tribunal y el público. Un mal trago para todos, en el que Cajal, al que lo que le sobraba de calidad investigadora le faltaba de capacidad oratoria, lo pasaría realmente mal.

El panorama de la enseñanza superior española en tiempos de Cajal era calamitoso:

  • Pobreza material e intelectual. Las universidades españolas estaban anticuadas, atrasadas, con el prestigio internacional que tuvieron en el siglo XVI y XVII definitivamente perdido.
  • Centralismo. Se ordena el traslado de la universidad de Alcalá a Madrid donde se convierte en Universidad Central y de la universidad de Cervera —aquellos de la famosa frase de «Lejos de nosotros, Majestad, la novedad de discurrir», dicha con diferente sentido del que ahora se les vilipendia—a Barcelona.
  • La Universidad Central es la única pensada para hacer investigación y alta enseñanza. El Plan Pidal de 1845 incluirá que es la única que conferirá el grado de doctor y la única donde se harán los estudios necesarios para obtenerlo.
  • Supresión de facultades y universidades. En 1807 el Plan General de reforma universitaria de José Antonio Caballero propone la supresión de las universidades que, por sus escasas rentas, no podían sostener dignamente sus enseñanzas: Almagro, Ávila, Baeza, Gandía, Irache, Oñate, Orihuela, Osma, Osuna, Sigüenza y Toledo fueron clausuradas. BalnearioBurgodeOsma01También hubo una propuesta liberal, de influencia francesa, que dejaría las universidades para explicar solo Teología y Derecho y las demás disciplinas, en especial las científicas y técnicas, se explicarían en Escuelas Superiores, centros que partieran de cero.
  • Varias categorías de profesionales. En 1843 quedan solo dos grandes Facultades de Medicina, Cirugía y Farmacia (las tres unidas), las de Madrid y Barcelona, mientras que los cinco «colegios de arte de curar» de Santiago, Sevilla, Valencia, Valladolid, y Zaragoza impartirían una enseñanza más reducida y de baja calidad. La ley Moyano de 1857 autoriza que los médicos formados en los colegios de curar puedan ejercer, pero solo en localidades de menos de 5.000 habitantes.
  • Aumento del número de estudiantes: Los estudiantes de Medicina que eran 1.372 en el curso 1857-58 son ya 6.817 en el curso 1878-1879 en el que Cajal se presenta a oposiciones a cátedras.cuadro_de_medicos_de_fin_del_siglo_19
  • Creación de cátedras. El gobierno va dotando nuevas cátedras que se convocan con cuentagotas por un motivo razonable: no hay candidatos preparados para ocuparlas. Cajal se preparará para ser uno de ellos.

Para presentarse a cátedra, Cajal necesita el doctorado. Debería haber ido un año a Madrid y así lo cuenta él en sus memorias:

Mi estancia durante un año en la Corte habríame reportado positivas e inapreciables ventajas: hubiera conocido personalmente a algunos de mis futuros jueces; asistido a ejercicios de oposición, a fin de dominar el aspecto técnico y polémico de semejantes certámenes; y aprendido, en fin, en cuanto mi natural, un tanto brusco y arisco, consintiese, ese barniz de simpático despejo y de urbana cortesía que tanto realzan al mérito positivo.

Sin embargo, el padre teme, probablemente con razón, que le vuelvan a entrar las veleidades artísticas y le obliga a quedarse en Zaragoza y hacer el doctorado «por libre». Santiago oposita por primera vez en 1878, a la cátedra de Anatomía General y Descriptiva de la Universidad de Zaragoza. pninfo_zSu padre tiene toda la ilusión, es su ciudad, la universidad en la que él es profesor interino, tiene amigos y todos le conocen pero Cajal solo obtiene un voto y fracasa. Además se produce una profunda y eterna enemistad con el candidato que ha sacado la plaza, esas inquinas entre el que siente que amenazan algo «suyo» y el que se cree con más méritos y ha salido derrotado, algo que todavía sucede. Cajal es también crítico consigo mismo:

En aquella ocasión revelé, además, lagunas de educación intelectual y social no sospechadas por mi padre. Perjudicome, en efecto sobremanera, mi ignorancia de las formas de la cortesía al uso en los torneos académicos; me deslució una emotividad exagerada, achacable sin duda a mi nativa timidez, pero sobre todo a la falta de costumbre de hablar ante públicos selectos y exigentes; hízome, en fin, fracasar la llaneza y sencillez del estilo y hasta, a lo que yo pienso, la única de mis buenas cualidades: la total ausencia de pedantismo y solemnidad expositiva. Entre aquellos jóvenes almibarados, educados en el retoricismo clásico de nuestros Ateneos, mi franqueza de pensamiento y sencillez de expresión sonaban a rusticidad y bajeza. En mi candor provinciano asombrábame el garbo y gallardía con que algunos opositores de la clase de facundos hacían excursiones de placer por el dilatado campo del evolucionismo o del vitalismo, o, cambiando de registro, proclamaban, sin venir a cuento y llenos de evangélica unción, la existencia de Dios y del alma, con ocasión de referir la forma del calcáneo o del apéndice ileocecal.

Debió ser una enorme decepción. Por un tiempo, padre e hijo piensan en abandonar la ilusión de la carrera universitaria y buscar un puesto razonable como médico de pueblo. Afortunadamente para la Ciencia, la experiencia como médico rural no es buena y Santiago, aunque consigue con ayuda de su padre buenos partidos, renuncia a los pocos meses.f0316414-rec

En el año 1879 se vuelven a convocar oposiciones a cátedra de Anatomía descriptiva y general, esta vez para la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Cajal, que tiene muy presente su amarga derrota en Zaragoza, se pone a prepararlas concienzudamente, completa su preparación en Embriología, donde su nivel era mucho peor que en Anatomía, estudia el evolucionismo biológico y la anatomía comparada, que son las nuevas modas en las disciplinas morfológicas, aprende a traducir textos científicos del alemán, y refuerza su formación en Anatomía microscópica, en la que tampoco tiene buena base y que es más actual y prestigiosa.

Pero poco antes de tener lugar los ejercicios de la oposición, un amigo le aconseja que no se presente, la plaza de Granada tiene «dueño» y el tribunal Callejalo preside el doctor Calleja, «inevitable arreglador de jurados médicos». Cajal no hace caso, se presenta y se lleva un nuevo revolcón. La plaza se la adjudican a quien todos sospechaban, Aramendía, él queda segundo y en tercer lugar Federico Olóriz, compañero y rival en ese mal trago en el que los dos establecerán una amistad para toda la vida.

Afortunadamente para Santiago en 1879 obtiene por oposición la plaza de director de los museos anatómicos de Zaragoza algo que hace sin apoyo ni ayuda de su padre que estaba en contra de que se presentase a ese puesto, que tenía un sueldo bajo y nulas posibilidades de promoción y encima con el voto en contra de los dos miembros zaragozanos del tribunal, algo que le duele especialmente. Al menos le da cierta estabilidad económica y le permite algo especial: casarse.

En 1883 se publican dos nuevas vacantes por fallecimiento de sus titulares: las cátedras de Madrid y Valencia. Firman diez candidatos, se presentan tres, llegan al final dos que son declarados aptos por unanimidad pero solo se propone a Cajal para la cátedra de Valencia, la única que ha solicitado. La memoria de Cajal titulada, Concepto, método y programa de Anatomía descriptiva y general, que se conserva en la biblioteca histórico-médica de la Universidad de Valencia, muestra las nociones e ideas con las que iniciaría su labor científica. Toma posesión el 13 de diciembre de 1883.Cajal

Cuatro años después en noviembre de 1887, obtiene por traslado la cátedra en la Universidad de Barcelona que ya se denomina de Histología e Histoquimia Normales y Anatomía Patológica. No tuvo que hacer oposición por tanto. Curiosamente estaba también disponible la cátedra de Zaragoza pero tras pensarlo un tiempo, Cajal opta por la ciudad del Mediterráneo. «Mi primer pensamiento fue trasladarme a la capital aragonesa… Pero las ciudades grandes son preferibles a las pequeñas. En éstas las gentes se conocen demasiado. El animal humano nos amenaza muy de cerca para vivir en santa calma, y las rencillas y aun los conflictos estallan a diario. Y el tiempo se va en alabar a los amigos y combatir a los adversarios. Importa notar, además que por aquellos tiempos el Claustro de mi venerada “alma máter”, a causa de dos o tres desequilibrados, ardía en resquemores y antagonismos impropios del decoro de la toga». Temeroso, pues, «de que mis fuerzas se disparan en rudas y dolorosas frotaciones, resolví al fin, contra el consejo de mi familia, trasladarme a la ciudad condal». 

La última cátedra es la de la Universidad Central de Madrid convocada el 14 de julio de 1890. Es la plaza más apetecible del país —en Madrid está todo y hay oportunidades para todo— y aunque Cajal tiene ya un merecido prestigio internacional se ponen en marcha todas las maquinarias. Luis Simarro, contrincante en la oposición y hasta entonces amigo suyo, utiliza sus amistades e influencias en el ministerio para procurarse un tribunal favorable. Al no conseguirlo empieza a recusar sistemáticamente a todos los catedráticos especialistas del tribunal con el peregrino argumento de que son de la misma disciplina que Cajal y hay entre ellos conexiones manifiestas. Fallada también esta estrategia, y aprovechándose de que los ejercicios son abiertos, organiza un público adicto que anima y aplaude sus ejercicios y protesta o impone un silencio gélido cuando es Santiago el que actúa. El hermano de Santiago, Pedro, pone en pie a su vez un pequeño pero aguerrido grupo de aragoneses que les da cumplida réplica. Las dos facciones se enfrentan e insultan en la sala y llegan a los golpes en los pasillos. Este ambiente tan universitario hizo que los ejercicios se suspendiesen repetidas veces, la oposición se fuese alargando —los tribunales estaban a menudo encantados de recolectar dieta tras dieta— y fueran pasando meses. Cajal, que ha dejado sola a su mujer en Barcelona con una recua de niños pequeños y que ve que sus ahorros se están fundiendo en un proceso que se alarga sin fecha final, está cada vez más nervioso y finalmente desesperado. cajal_familia21En uno de los viajes a Barcelona causados por esas suspensiones intermitentes de la oposición, para en Zaragoza a ver a su padre y le comenta su intención de tirar la toalla. Justo Ramón –y hay que imaginarle con su carácter— saltó furioso «¡Pero si eso es justamente lo que quieren!, que te aburras y te retires: yo no lo he de consentir. Ahora mismo me dejas aquí a tu mujer y a tus hijos, te vuelves a Madrid, te buscas una buena casa de huéspedes y esperas meses o años al final de las oposiciones» ofreciéndole el dinero que necesitara. No hizo falta tanto tiempo. Las oposiciones llegaron a término y el tribunal propuso a Santiago por unanimidad, el 10 de febrero de 1892. En abril de ese año se incorporaba a su cátedra el mejor investigador que ha tenido la Universidad de Madrid.

Juan Andrés de Carlos investigó estos hechos encontrando que Simarro había escrito a Cajal al quedar vacante la cátedra de Madrid preguntándole sus intenciones y diciéndole «aunque yo soy tan solo un histólogo de ocasión, pues la histología no es para mi fin, sino medio para estudiar la neurología, mi verdadero objeto, yo me atrevería a aprovechar esta puerta abierta para entrar en el profesorado y haría oposiciones a esta cátedra. Mas no me atrevería a hacerlas y aunque me atreviese no esperaría ganar la plaza si Vd. se presentase. Es más, si por un azar inverosímil yo pudiera ganar la cátedra contra Vd., me sería difícil en conciencia aceptar el cargo, pues estimo a Vd. como el único histólogo de nuestro país.»11_SIMARRO

No parece, visto lo visto lo que pasó después, que Simarro estuviese a la altura de esas bonitas palabras pero no todos somos iguales. Años más tarde, al morir Simarro, Cajal escribió una carta donde hablaba de él:

Simarro que fue uno de mis íntimos amigos antes de las oposiciones se apartó después un tanto de mí —aunque sin romper jamás del todo vínculos de compañerismo y confraternidad— y murió sin haber leído mis Recuerdos y sin saber lo mucho que yo le veneraba y le quería.

Una vez más, la nobleza, generosidad y bonhomía de Cajal. Y terminaba el maestro «Ello es fruto amargo de nuestro brutal y enconado sistema de oposiciones.»

Cajal deploró mucho «haber tenido que recurrir, para llegar a la Universidad Central, ideal de todo catedrático de provincias, a la pugna, cruel y enconada siempre, de la oposición. Por cultas y corteses que sean las armas esgrimidas en semejantes lides, dejan siempre en pos rencillas y resquemores lamentables, enfrían amistadas, cimentadas a veces en afinidades de gustos y tendencias e impiden colaboraciones que podrían ser provechosas para la ciencia nacional». No hemos cambiado tanto.

Cuando más tarde en su vida le tocó presidir oposiciones, no parece prestar mucha atención y un cuaderno que se conserva de sus notas durante los ejercicios de los candidatos está salpicado de dibujitos, anotaciones sobre algún experimento e ideas filosóficas. También desconfía de que otros métodos menos«violentos» como los que se estaban imponiendo en los principales países europeos pudieran tener éxito en España

¡Supresion de exámenes, autonomía universitaria, retribución por los alumnos, ingreso sin oposición y sin concurso y, frecuentemente, por una especie de contrata!… He aquí un conjunto de reformas que, aplicadas a España, país clásico de la rutina y del favoritismo, nos harían retroceder antes de diez años al estado salvaje.

Así que parece que en el tema de las oposiciones universitarias, como dice la coplilla de Antonio Machado «ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio».

 

Para leer más:

  • De Carlos Segovia JA (2001) Los Ramón y Cajal: una familia aragonesa. Gobierno de Aragón, Zaragoza.
  • Gallego A (1964) Ramón y Cajal opositor a cátedras. Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, Santander.
  • Peset M, Peset JL (1992) Las universidades españolas del siglo XIX y las ciencias. Ayer 19-49.
  • Ramón y Cajal S (1923) Recuerdos de mi vida. 3ª ed. Madrid.
  • http://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_recuerdos/recuerdos/infancia_26.htm
  • http://www.juntadeandalucia.es/educacion/vscripts/wginer/w/rec/3245.pdf