legg1-redEsta investigación —Minnesota Starvation Experiment— fue un estudio clínico realizado en la Universidad de Minnesota entre el 19 de noviembre de 1944 y el 20 de diciembre de 1945 y que se centró en ver los efectos del hambre en personas sanas. Dos motivos animaron a la realización del estudio: por un lado, hacer un tratado que recogiera fielmente los efectos de las hambrunas en el marco controlado del laboratorio y el segundo, aprovechar los resultados científicos obtenidos en esa experiencia para afrontar lo que se consideraba una catástrofe humanitaria inminente en Europa y Asia, al acercarse el final de la II Guerra Mundial.

Ancel Keys y su equipo, bajo las directrices del ejército, analizaron y determinaron los efectos fisiológicos y psicológicos de una restricción calórica severa y prolongada y buscaron establecer la estrategia de recuperación más eficaz. keys1Keys había inventado para el ejército las raciones K, un estándar de comida para los soldados que permitía mejorar la logística —pesaban poco y aguantaban mucho— y garantizar la nutrición de los combatientes aunque no su satisfacción con el rancho. Los Estados Unidos, el único vencedor de la II Guerra Mundial pues los demás países aliados habían quedado arrasados en el conflicto, ya veían que tendrían que intervenir en la posguerra enviando ayuda humanitaria para la reconstrucción del continente en lo que posteriormente se convertiría en el plan Marshall.

La investigación se hizo en colaboración con el Servicio Civil (Civilian Public Service). Tras la aprobación por el Ministerio de Defensa, lo primero fue buscar voluntarios sanos dispuestos a aguantar seis meses de hambre y un año de pruebas y pérdida de privacidad. Decidieron hacerlo entre los objetores de conciencia que se habían negado a incorporarse a las unidades de combate y estaban internados en campos del trabajo. Hubo más de 400 voluntarios de los que en una primera selección se eligieron 100. Tras realizarles entrevistas individuales y distintas pruebas físicas y psicológicas, eligieron a 36. Los factores determinantes fueron buena salud física y mental, capacidad para funcionar en grupo en una situación de privaciones y esfuerzo y un compromiso suficiente con los objetivos del estudio para que completasen todo el proceso. Minnesota StarvationLos 36 seleccionados eran todos hombres blancos, de entre 22 y 33 años y de ellos 25 eran miembros de distintas confesiones pacifistas (menonitas, cuáqueros, Iglesia de los hermanos). Querían poner en riesgo su vida al servicio de su país pero no estaban dispuestos a matar a nadie. Dos fueron expulsados por saltarse las restricciones calóricas —uno confesó que rebuscaba algo de comida en los cubos de basura y los dos tuvieron que ser sometidos a tratamiento psiquiátrico— y los datos de otros dos fueron excluidos al finalizar el año.

El estudio se organizó en cuatro fases: una primera de 12 semanas que servía como control inicial, donde cada participante recibía una dieta de aproximadamente 3.200 calorías (diferentes en cada caso para llevarles a su peso ideal) y se recogían sus datos de partida tanto físicos (antropométricos y fisiológicos) como psíquicos. Una segunda fase de hambruna de 24 semanas de duración, en la cual la ingesta calórica se redujo drásticamente (en torno a 1.560 calorías/día) y las comidas estaban preparadas mayoritariamente con lo que pensaban que sería la dieta en Europa al final de la guerra y en la posguerra: patatas, nabos, pan negro y macarrones. La dieta se ajustó individualmente para que se produjera una pérdida del 25% del peso inicial al final del período de 24 semanas y cada uno debía andar semanalmente 35 km y llevar un diario personal. La tercera fase o de recuperación, en la cual se probaron varios regímenes alimenticios especiales (variando número de calorías, cantidad de proteínas y suplementos vitamínicos) para recuperar la normalidad. Minnesota eatingEn la cuarta y última fase se quitaron las restricciones sobre la ingesta de calorías y los tipos de comida pero se registraba cuidadosamente lo que tomaba cada participante y su estado físico y psicológico seguía siendo monitorizado. El informe final del experimento de Minnesota se publicó en dos volúmenes titulados The Biology of Human Starvation.

Muchas de las características del estudio de Minnesota se parecen a las que experimentan las personas que sufren un trastorno de la conducta alimentaria como la anorexia nerviosa. Uno de los cambios más llamativos fue un aumento dramático en las preocupaciones con la comida, pensaban todo el día sobre distintos platos y hablaban, leían y soñaban sobre comida. Tenían un conflicto entre el deseo de devorar la comida con rapidez o el de saborearla y estirarla lo más posible. Algunos diluían la comida en agua para que pareciera más abundante; otros se llevaban a escondidas pequeñas porciones del comedor y la tomaban en sus literas en un ritual al que dedicaban horas. Otros consumían grandes cantidades de chicle, café o té y hubo que limitarlo. Algunos de los voluntarios buscaban libros de recetas, de cocina y sobre producción agroalimentaria, otros coleccionaban platos, tapaderas y otros utensilios relacionados con la cocina, casi la mitad (40%) comentó que cocinarían cuando terminase el experimento y, de hecho, tres se convirtieron en chefs y uno se hizo agricultor.

KEYS 3 treadmill w mask crop

Durante las 12 semanas de recuperación, la tercera fase, algunos tuvieron dificultades graves y la mayoría de los comportamientos anómalos en relación con la comida persistieron. En la cuarta fase, muchos hombres perdieron el control de su apetito y «comían más o menos continuamente». Incluso después de esas 12 semanas de alimentación reforzada y volver a su peso, los voluntarios se quejaban de volver a tener hambre al poco de una comida copiosa. Uno de ellos después de comer unas raciones inmensas (estimadas entre 5.000 y 6.000 calorías) empezaba a picar una hora después de terminada la comida. Otro comía todo lo que podía durante las tres comidas del día pero a lo largo de todo el día buscaba y consumía distintos tipos de tentempiés. Los atracones hacían que tuvieran náuseas y vómitos y uno de ellos aspiró comida en los pulmones y tuvo que ser hospitalizado. KEYS wilsnack sutton garner on grass cropLas dificultades para comer cantidades racionales eran mayores durante los fines de semana y era común tomar entre 8.000 y 10.000 calorías diarias. A

Más de ocho meses después de que empezase la fase de realimentación, la mayoría habían vuelto a una conducta alimentaria normal, pero había algunos que seguían comiendo cantidades anormalmente altas. Uno de ellos, el nº. 9 comía en torno a un 25% más que lo que comía antes del hambre, pero cuando intentó reducir las cantidades se sentía tan hambriento que no pudo soportarlo. Encajaba con lo visto en prisioneros de la II Guerra Mundial que también mostraron trastornos de atracón después de ser liberados.

F2.mediumCon respecto a los cambios emocionales, la mayoría experimentaron un deterioro de sus emociones, con períodos de alto estrés y en un 20% interfería con su vida cotidiana. Sufrieron fuertes depresiones, algunos con cambios bipolares, ocasionalmente extremos. La irritabilidad, la impaciencia con sus compañeros y los estallidos de ira fueron comunes, aunque muchos eran personas tolerantes antes de empezar la fase de inanición. Algunos empezaron a morderse las uñas o a fumar. La apatía era común, algunos abandonaron su higiene personal y dos de ellos mostraron trastornos psicóticos.

Es interesante señalar que durante la fase de realimentación, los trastornos emocionales no desaparecieron inmediatamente sino que siguieron varias semanas con algunos participantes volviéndose más deprimidos, más irritables, más discutidores y negativos que durante la fase previa de hambre. Alguno decía que esta fase fue incluso peor que la de inanición pues no veían que se recuperasen del hambre. Un motivo para tener paciencia durante un tratamiento de anorexia.

Con respecto a los cambios sociales y sexuales, aunque eran bastante gregarios al empezar el experimento se fueron aislando progresivamente. El sentido del humor y el sentimiento de camaradería fueron disminuyendo al mismo tiempo que se sentían fuera el grupo. Cuando salían del campus iban en parejas para ayudar al otro a no caer en tentaciones. Los contactos con mujeres también disminuyeron en picado durante la fase de hambre. Los que continuaron quedando con mujeres también comunicaron que esas relaciones eran tensas y anómalas. La entrada de uno de ellos en su diario decía:

Soy uno de los tres o cuatro que sigue quedando con chicas. Me enamoré de una de ellas durante la fase de control pero ahora solo la veo ocasionalmente. Es demasiado problema quedar con ella incluso cuando me visita en el laboratorio. Me resulta un esfuerzo hasta cogerle de la mano. El entretenimiento tiene que ser muy tranquilo. Si vamos a ver algo, la parte más interesante es si hay escenas donde se vea gente comiendo.

Las prácticas sexuales, la masturbación, las fantasías y los impulsos sexuales cesaron del todo o se hicieron mucho menos comunes. camp46-2Uno de ellos dijo que «tenía el mismo deseo sexual que una ostra enferma» (también algo comestible). Keys señalaba que «muchos hombres recibían bien la libertad de las tensiones sexuales y las frustraciones que normalmente sienten los hombres jóvenes», algo que se ha relacionado con lo que experimentan las personas con anorexia. Durante la rehabilitación, el interés sexual volvió poco a poco. Algunos comentaron que su situación en ese aspecto tres meses después de la recuperación estaba todavía «lejos de lo normal».

Con respecto a los cambios cognitivos, los voluntarios señalaron problemas de concentración, de alerta, de comprensión y de juicio. Sin embargo, las pruebas  que se realizaron no mostraron que hubieran disminuido sus capacidades intelectuales. Los cambios físicos incluían anemia, fatiga, malestar gastrointestinal, trastornos del sueño, torpor, dolores de cabeza, hipersensibilidad al ruido y la luz, poca fuerza, pobre control motor, pérdida de cabello, diminución de la tolerancia al frío, edema (hinchamiento de las piernas por acumulación de líquidos), trastornos de la vista y del oído y hormigueos en manos y pies. Los análisis mostraron que había disminución de la temperatura corporal, del latido cardiaco, del ritmo de respiración y del metabolismo basal, que cayó al 40% de los niveles normales.

willyoustarve1Todo esto indica que muchos de los síntomas de la anorexia nerviosa son causados por la caída en la ingesta de alimentos. No son solo los temas de comida y peso sino que, como vemos, se extienden a todos los dominios sociales, cognitivos, sexuales, físicos, etc. Por eso es tan importante en el tratamiento de la anorexia el recuperar la ingestión de alimentos para que queden solo los problemas centrales a la anorexia eliminando los causados por el hambre. El estudio de inanición de Minnesota también nos muestra porqué la recuperación de la anorexia es un proceso lento y cómo tarda en recuperarse la normalidad psicológica, emocional y de conducta aunque se haya recuperado el peso normal. También nos muestra lo que sin duda es un proceso evolutivo: si tenemos hambre, todo nuestro pensamiento se centra en la comida y deja de lado otros temas importantes como las relaciones sociales o la búsqueda de sexo. Por eso tampoco son convenientes las dietas brutales. Otro aspecto importante de este estudio es que deja claro que no es fácil reprogramar el peso, simplemente comiendo menos o haciendo más ejercicio, puesto que el organismo se adapta a la época de carestía y a la época de abundancia modificando su metabolismo y tamponando los cambios. 

anorexia_twitter_inEl experimento de Minnesota puede ser útil para los pacientes con trastornos alimentarios porque da una explicación para muchos de los síntomas emocionales, cognitivos y de comportamiento que sufren. No han perdido el juicio, sino que el hambre y la anorexia les están afectando.

En 2003-2004, 19 de los 36 participantes estaban todavía vivos y 18 fueron entrevistados. Todos dijeron que durante la guerra mantenían sus fuertes convicciones contra la violencia pero querían hacer una contribución significativa para ayudar a su país.

Nadie podía hacer que yo matara a otro… Algunos pensaban que la objeción de conciencia era casi como ser un traidor. Pero yo no estaba objetando a mi país sino a lo que mi país estaba haciendo. En otras palabras, mi definición de patriotismo incluye mi rechazo a matar.

A pesar de las dudas éticas sobre este experimento, a pesar del sufrimiento que pasaron, todos fueron unánimes eso sí, si volvían a tener veintipocos años,  en que lo volverían a repetir. Muchos de ellos ayudaron directamente en la reconstrucción de Europa.

 

Para leer más:

  • Garner DM (1997) Psychoeducational principles in the treatment of eating disorders. Garner DM, Garfinkel P E (eds.) Handbook for Treatment of Eating Disorders pp 145-177 Guilford Press, Nueva York, NY.
  • Kalm LM, Semba RD (2005) They starved so that others be better fed: remembering Ancel Keys and the Minnesota experiment. J Nutr 135(6): 1347-1352.
  • Keys A, Brozek J, Henschel A, Mickelsen O, Taylor HL (1950) The Biology of Human Starvation I–II. University of Minnesota Press, Minneapolis, MN.