band-redDesde finales de la II Guerra Mundial, los Estados Unidos ostentan la supremacía militar en el mundo. Solemos pensar que esta hegemonía se basa exclusivamente en su fuerza económica y tecnológica, desdeñando la capacidad de estudio y análisis que han demostrado en numerosas ocasiones, su inteligencia práctica y la aplicación de los nuevos conocimientos en neuropsicología con el objeto de reforzar el espíritu militar. Al final, las guerras no las libran los aviones sino los soldados, y la Neurociencia ha dejado claro que el éxito final en la batalla depende también de esos circuitos cerebrales que codifican el valor, la resistencia, el espíritu de lucha, la alta moral, el trabajo de equipo, la fe en la victoria, y también el sobreponerse al pánico, superar el horror de los estragos, el ser capaz de matar a un semejante y tantas otras cosas.320px-Prado_-_Los_Desastres_de_la_Guerra_-_No._33_-_Que_hai_que_hacer_mas-

David H. Marlowe, un antropólogo del que luego hablaré, estudió en qué momento se fraguaba el compromiso del soldado con la guerra que libraba, es decir, cuándo la psicología del combatiente se imponía sobre el miedo a la muerte. Marlowe contaba que en la II Guerra Mundial el momento definitivo fue el descubrimiento de los campos de concentración

Los que estuvieron allí no tuvieron ninguna duda cuando vieron esos campos de lo que hacían y por qué. La importancia moral de su misión estuvo clara y siempre lo estaría.

cartelNos lo cuenta maravillosamente una miniserie producida en 2001 por Steven Spielberg y Tom Hanks: Band of Brothers, que en España fue traducido como Hermanos de Sangre y en Latinoamérica como Hermandad en la trinchera o Banda de hermanos.

A finales del siglo XVIII, uno de los grandes militares de la historia, el británico Horatio Nelson, usó esta expresión: «Band of Brothers», en una carta de queja. Nelson esperaba recibir el mando de una escuadra que le permitiera atacar los puertos españoles pero fue preterido. Indignado por que le privasen a él y a sus capitanes de la gloria escribió a sus superiores:

Y mis propios pensamientos, no son por mí, o no es principalmente por mi propio interés que siento esta punzada y este malestar. ¡No! Es por mis bravos oficiales, por mis amigos y camaradas de nobles mentes ¡Ese grupo gallardo de compañeros! ¡Esa banda de hermanos! Mi corazón se inflama cuando pienso en ellos.

Poco después, en 1798, la flota francesa zarpó de Tolón con Napoleón como general y se lanzó hacia dos puntos clave en el Mediterráneo: Malta y Egipto. El Almirantazgo británico reforzó la escuadra de Nelson y le mandó a la caza de los franceses. Al principio no tuvo éxito y los barcos del vicealmirante François-Paul Brueys d’Aigalliers le esquivaron e invadieron Malta. Después partieron hacia Egipto, por entonces una provincia otomana, con la intención de cortar las rutas entre la India y Gran Bretaña, distrayendo a ésta del conflicto nacional francés. Napoleón desembarcó con éxito en Alejandría y venció en la batalla de las pirámides, pero Nelson encontró a la flota francesa en la bahía de Aboukir y se lanzó sobre ella. nelsonnileTomando a los franceses por sorpresa, obtuvo una victoria decisiva, capturando, hundiendo o quemando la mayor parte de los navíos enemigos. Napoleón se quedó aislado en Egipto y la derrota animó a varios países a volverse contra Francia, lo que propiciaría el estallido de la guerra de la Segunda Coalición.

Tras la victoriosa batalla del Nilo, Nelson mandó distintas cartas y despachos a sus superiores elogiando a sus capitanes y llamándoles «banda de hermanos», sin distinguir a unos sobre otros. Con eso consiguió que todos fueran recompensados y evitó los celos y discordias que plagaron otras victorias navales. Nelson implantó una nueva forma de liderazgo, inspirando a sus capitanes, repasando con ellos sus objetivos y sus métodos, dejándoles libertad en la batalla para dirigir su barco como creyesen mejor. En una de esas reuniones con sus capitanes uno de ellos le dijo «Está, Señor, rodeado de amigos a los que inspira con su confianza». Era lo que él mismo llamaba «el toque Nelson». Victors_of_the_NileEsos capitanes conformaron una de las mejores cosechas de la Armada británica, acompañando a Nelson en la batalla de Copenhague y en la de Trafalgar. La expresión «bands of brothers» pasó a describir una fuerza de combate de una profesionalidad excepcional, que destaca por su unidad y cohesión y que es dirigida por una persona que inspira a aquellos bajo su mando con un sentimiento de camaradería, de empeño compartido, de orgullo patriótico.

Pero volvamos a nuestro antropólogo. David H. Marlowe (1931-2015) era nativo de Brooklyn y sus padres eran inmigrantes judíos procedentes uno de Rusia y el otro de Ucrania. El padre vendía seguros y la madre era ama de casa, pero durante un tiempo tuvieron un puesto como adivinos en el paseo marítimo de Coney Island. Su hijo nunca lo olvidaría y, divertido, contaba a la gente «No puedo leer mentes, como mis padres, pero puedo leer los comportamientos». Fue un excelente estudiante y se graduó cum laude en el Brooklyn College, denominado «el Harvard de los pobres», antes de incorporarse al ejército en 1956. Tras finalizar el servicio militar, se matriculó en el verdadero Harvard, donde hizo su doctorado (los del Brooklyn dicen con sorna que en realidad la Universidad de Harvard es «el Brooklyn College de los ricos».)

Tras leer la tesis, Marlowe no se dedicó a la tranquila vida académica sino que realizó estudios de campo en Tailandia, Somalia y Haití, investigando distintos conflictos y rebeliones, y finalmente se centró en una de las profesiones más constantes de la historia: los soldados. Analizó su adaptación a la experiencia de combate, el estrés postraumático, la integración de mujeres en el ejército y muchos otros temas. Vio que cada guerra era la misma y, al mismo tiempo, cada guerra era diferente y quiso conocer qué cambio se produce en las mentes para que un grupo de soldados dispares y desconocidos entre sí se convierta en una banda de hermanos.

Las investigaciones de Marlowe generaron el interés de los generales del ejército estadounidense y de los políticos responsables de Defensa. Uno de sus primeros estudios fue sobre los desertores en la guerra de Corea. Su conclusión fue que la mayoría no eran ni delincuentes ni cobardes, sino jóvenes que no conseguían adaptarse a las rigideces de la vida militar, que chocaban con la disciplina. Quienes peor lo pasaban eran los más pobres, los que procedían de familias desestructuradas. No tenían miedo —sus barrios en Detroit o Pittsburgh podían ser más peligrosos que los arrozales asiáticos— pero pasar de vivir sin normas a una vida donde todo estaba reglamentado era demasiado difícil. Marlowe propuso relajar la disciplina y suprimir los castigos por faltas menores, como los descuidos en el uniforme. WAR AND CONFLICT BOOK ERA:  KOREAN WAR/AID & COMFORTAplicaron sus propuestas y para sorpresa de jefes y oficiales quedó demostrado que con un cambio tan poco significativo, no castigar constantemente por pequeñas faltas, las deserciones disminuían extraordinariamente y la moral de la tropa era mucho mayor. Una de las cosas que nos llama la atención de las imágenes de Vietnam es que cada soldado viste un poco como le da la gana, algo que probablemente se debe a Marlowe.

En la guerra de Vietnam, la siguiente a Corea, uno de los problemas más graves de las tropas fue el consumo de drogas. Miles de soldados volvieron enganchados a la heroína tras su servicio militar en el país asiático, lo que generó un auténtico desgarro social y restó apoyo al ejército y a la propia guerra. Al abordar este nuevo problema Marlowe se centró en las relaciones interpersonales que se creaban dentro de los grupos. Cuantificó la cohesión analizando los vínculos entre los miembros de la misma unidad y valorando cómo de bien conocía su superior a cada uno de ellos. Los resultados fueron impactantes: en las unidades en las que el recambio de soldados era muy alto y eran prácticamente extraños unos para los otros, el uso de heroína y otras drogas era rampante; sin embargo, en los pelotones y compañías que llevaban tiempo juntos, que se conocían bien, que tenían una historia común, las drogas era un problema menor. vietnamSorprendentemente, el factor clave en el riesgo individual de la drogadicción era la cohesión del grupo, ser realmente una banda de hermanos. El ejército, tras conocer estos estudios, actuó en consecuencia. El Estado Mayor reorganizó las adscripciones administrativas para que los soldados que hicieran juntos la instrucción, se movilizaran conjuntamente como una misma unidad operativa y se mantuvieran juntos durante más tiempo en el mismo destino. Marlowe fue denominado el «padre de la cohesión del ejército americano».

Spielberg, un cineasta que en mi opinión ha contado magníficamente la II Guerra Mundial, cierra la serie Band of Brothers con la cita original de la que se extrajo esta expresión. No se trata de la carta de Nelson, sino de una obra de Shakespeare: Enrique V. La lee, en voz en off, Carwood Lipton, un verdadero teniente de la compañía Easy del regimiento 506 de infantería aerotransportada en la que está basada la serie. Shakespeare, ese maravilloso descriptor de las virtudes y defectos del hombre, usó esa expresión: «band of brothers» para describir en su drama a esos soldados que afrontarán, codo con codo, espalda con espalda, el encuentro con su destino. En la obra, las tropas inglesas se enfrentan a las francesas en los campos de Azincourt en 1415.Stratford Shakespeare Festival Promotional Image - Henry V La situación de los británicos parece desesperada, Enrique cuenta con 12.000 soldados agotados frente a 60.000 franceses frescos y descansados. Los franceses desean que llegue el día (Acto III, escena 7), mientras que los ingleses temen el amanecer. Esa noche, el rey recorre el campamento, de incógnito, para compartir con sus hombres sus temores y esperanzas. En la mañana, en el famoso discurso del día de San Crispín, el rey arenga a sus tropas, les explica que su lucha es justa, les pide que peleen a su lado y les dice que hasta el final de su vida podrán presumir de haber luchado esa batalla:

Nos pocos, nos felices pocos, nos, banda de hermanos;

Porque aquel que hoy vierta su sangre conmigo

Será mi hermano; por muy vil que sea,

Este día ennoblece su condición:

Y los caballeros ahora en sus lechos de Inglaterra

Se considerarán malditos por no haber estado aquí,

Y tendrán su hombría en baja estima cuando oigan hablar

a aquel que luchara con nos ¡el día de San Crispín!

bobEnrique ganará y será heredero del trono de Francia. Dos de los capitanes de Nelson y él mismo caerán en la batalla, pero los trece restantes alcanzarán mando de flota. De los 366 hombres adscritos a la compañía Easy a lo largo de la II Guerra Mundial, 49 morirán en combate, pero los demás volverán a casa. La banda de hermanos vivirá para contarlo, para explicar que no hay una buena guerra ni una mala paz.

 

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