GasterClubDurante su estancia en Valencia (1884-1887), Cajal tiene un intensa vida social, con excursiones en un grupo de amigos al que bautizan como Gaster Club, un guiño al componente gastronómico de esos viajes por la Albufera y otras zonas de Levante, un programa que va «de paella en paella» y donde solo se permite discutir de ciencia y de arte. Es seguro que aquel grupo comentaría las novedades científicas procedentes de Europa, en especial las más sorprendentes y curiosas y ahí estaban, sin duda, los estudios sobre el sonambulismo artificial,  los fenómenos de sugestión y en general el hipnotismo, cuyas noticias llegaban fundamentalmente de Francia. En aquel tema y aquella época se había producido una confrontación entre la llamada escuela de Nancy, con Hippolyte Bernheim y Ambroise-Auguste Liébeault como sus máximos exponentes frente a la del hospital de la Salpêtrière en París, con Jean-Martin Charcot a la cabeza. articleImageThumbnailCharcot consideraba a la hipnosis como una forma de «neurosis inducida», equiparándola a la histeria, tan en boga en la época y valoraba la susceptibilidad a la hipnosis como una señal de enfermedad mental. Por el contrario, Bernheim y Liébeault consideraban la hipnosis y las respuestas a las sugestiones como una herramienta clínica con valor terapéutico, una forma de luchar contra la enfermedad.

Freud_ca_1900_redAmbas escuelas influyeron en la obra de Sigmund Freud. Freud, que había estudiado con Charcot en París, visitó a Bernheim en 1889 y fue testigo de algunos de sus experimentos y tradujo la obra de Bernheim Sobre la sugestión y sus aplicaciones a la terapia. Años después escribió «Fui un espectador de los asombrosos experimentos de Bernheim en sus pacientes del hospital, y recibí la más profunda impresión sobre la posibilidad de que pudiera haber poderosos procesos mentales que se mantuvieran ocultos de la consciencia del hombre». Posteriormente se definiría como discípulo de Bernheim y esas experiencias sobre la sugestión y la hipnosis serían una de las bases sobre las que evolucionaría el psicoanálisis.

Junto con sus amigos del Casino de Agricultura, Cajal, siempre activo, organizó un grupo medio investigador medio lúdico y lo denominó el Comité de investigaciones psicológicas que se reunía en su propio hogar y que comenzó sus actividades «con la busca y captura de sujetos idóneos». Esa localización de individuos para su estudio funcionó con rapidez y se plasmó en una colección de casos muy diversos: «Por mi casa, convertida al efecto en domicilio social, desfilaron especies notabilísimas de histéricas, neurasténicos, maníacos, y hasta de acreditados médiums espiritistas».

Cajal presta especial atención a la hipnosis, monta en casa un gabinete donde trata  a personas «sanas y al parecer limpias de toda tara neurótica (algunos de ellos, abogados, médicos, etc.)». El éxito es tal que los pacientes se apilan en las escaleras de su casa y llama a estas investigaciones «épicas pesquisas sobre la psicología morbosa», los resultados son llamativos y los efectos en los pacientes cubrían campos muy diversos:

Sobrevenido el grado de sopor y de pasividad indispensable, producíanse, a la orden del hipnotizador, y tanto durante el sueño como después de despertarse, la catalepsia cérea y la analgesia; congestiones y hemorragias por sugestión; alucinaciones positivas y negativas de todo linaje (visuales, acústicas, táctiles); amnesia total o parcial; evocación de imágenes olvidadas o casi olvidadas; desdoblamientos de la personalidad; eclipse total del libre albedrío, es decir, de la facultad crítica y de la selección consciente de las reacciones motrices.

N0 obstante no se hace ilusiones «Preciso es convenir que, a despecho de tres siglos de ciencia positiva, la afición a lo maravilloso posee todavía honda raigambre en el espíritu humano. Somos aún demasiado supersticiosos. Miles de años de fe ciega en lo sobrenatural parecen haber creado algo así como un ganglio religioso. Desaparecido casi enteramente en algunas personas, y caído en la atrofia en otras, persiste pujante en las más». Cajal nos hace quedarnos con las ganas de saber más cuando con cierto morbo comenta a continuación:

Hasta los actos más repugnantes al carácter o los más contrarios a la moral y a la decencia, eran fatal y necesariamente ejecutados.

Por su domicilio desfilaron, en sus palabras, «especies notabilísimas de histéricas, neurasténicos, maníacos y hasta acreditados mediums espiritistas». El hipnotismo también aparece también en los relatos de divulgación Cuentos de vacaciones. Narraciones pseudocientíficas que escribe en esa época en Valencia y donde quizá es necesario recordar que los personajes que aparecen tienen siempre algo de un alter ego literario de él mismo. En El fabricante de la honradez, por ejemplo, nos habla del Dr. Mirahonda, un médico que afirma haber descubierto el suero antipasional o vacuna moral, suero que no existe pero el médico, gracias a sus poderes hipnóticos, consigue la desaparición de los desórdenes y la instauración de la paz en la localidad, llamada sin mucha sutileza por parte de Cajal, Villabronca.  Desgraciadamente las interferencias de los anarquistas, que protestan pues dichas prácticas eliminan la libertad personal, y del cura del pueblo, que las considera un atentado a la religión, llevan a Mirahonda a administrar una contraantitoxina pasional que provoca que el pueblo se hunda en el caos.

3715848541_1d4f7a77bcRamón y Cajal alcanzó un buen prestigio como hipnotizador, con una notable influencia sobre la imaginación de sus pacientes y con un enorme éxito también en su uso como terapia, siguiendo la línea del grupo de Nancy: «llevando la sugestión al terreno terapéutico, conseguí realizar prodigios que envidiaría el más hábil de los taumaturgos», logrando la «transformación radical del estado emocional de los enfermos, la restauración del apetito en histeroepilépticas inapetentes y emaciadísimas, la cesión brusca de ataques de histerismo con pérdida del conocimiento, el olvido radical de acontecimientos dolorosos y atormentadores y la abolición completa de los dolores del parto en mujeres normales». Algunas de esas sugestiones se mantenían un tiempo: «Sujeto hubo que ajustó estrictamente su vida, durante una semana, a un programa especial lleno de acciones extravagantes e ilógicas, sugerido durante el estado somnambúlico».

Pero fue tal el éxito que empezó a suponer un problema para el propio Cajal:

La fama de ciertas curas milagrosas recaídas en histéricas y neurasténicos divulgóse rápidamente por la ciudad. A mi consulta acudían enjambres de desequilibrados y hasta de locos de atar. Ocasión propicia hubiera sido aquélla para crearme pingüe clientela, si mi carácter y mis gustos lo hubieran consentido. Pero, satisfecha mi curiosidad, licencié a mis enfermos, a quienes, naturalmente, no solía pasar la nota de mis honorarios: harto pagado quedaba con que se prestaran dócilmente a mis experimentos.

Cajal, viendo las posibilidades que tenía el hipnotismo para generar analgesia, para suprimir la sensación dolorosa decidió probarlo en su propia esposa, Silveira Fañanás, que sufría partos extremadamente largos y dolorosos. Cajal está ya en la siguiente etapa de su periplo académico, la cátedra de Barcelona, y decide ver si el hipnotismo ayuda a doña Silveria que se encuentra en su sexto embarazo. Cajal aclara que su mujer tiene buena constitución física, que ha tenido cinco hijos y que ha participado anteriormente en pruebas de hipnotismo. SILVERIAPor ese motivo sabe que responde con facilidad a las sugestiones hipnóticas, que experimenta catalepsia y anestesia en un estado sonambúlico perfecto y que no recuerda posteriormente lo experimentado durante el sueño. Don Santiago induce en doña Silveria un trance hipnótico diez días antes del parto e intenta implantar en la mente de su esposa que el parto será corto y que «tendrá Vd. conciencia de los dolores más enérgicos que producen la dilatación de la matriz y la expulsión del feto; pero su levedad será tal, que no podrá diferenciarlos de los más ligeros, llamados moscas o preparantes». Es una estrategia prudente no llegar a una analgesia total que quizá pensaría Cajal podría dificultar la colaboración de su esposa en el parto. Llegado el momento del inicio del alumbramiento, la paciente empezó a sentir contracciones pero siguió con sus actividades domésticas. Cuando aparecieron las contracciones de dilatación que se hicieron enérgicas con rapidez, tuvo que abandonar sus quehaceres cotidianos “pero no por lo dolores que según su confesión apenas eran percibidos” sino por la dificultad en la respiración y la aceleración del pulso que iban unidas al esfuerzo muscular. El resultado fue el nacimiento de un bebé en menos de media hora, la señora de Cajal estaba asombrada de que todo hubiese sucedido tan rápido y se trasladó por sí sola a la cama comentando con enorme alegría a los asistentes que no se podía creer que no hubiera sufrido apenas dolor.

Cajal publicó los positivos resultados de esta experiencia en la Gaceta Médica Catalana y en ese artículo aclara que el parto fue breve y el dolor mucho menor de lo habitual tras el tratamiento hipnótico realizado. Del acortamiento del parto, por prudencia de buen científico no llega a atribuirlo con claridad a la hipnosis y nos dice «..es posible que los músculos de la vida orgánica pueden acrecentar sus contracciones bajo el estímulo de la sugestión hipnótica, pero se precisan varios casos concordantes para establecer entre ambos fenómenos una relación etiológica». Sobre la disminución de dolor sí es más contundente en su relación con el fenómeno sugestivo, Silveria Fañanás no experimentó los dolores que preceden al parto ni los que se producen en el alumbramiento. En los momentos de máximo dolor como cuando la cabeza del niño abre el cuello del útero decía notarlo pero muy levemente. Aunque somnolienta en el momento del parto, era consciente de las contracciones de la matriz, en forma de sensación táctil, contracción mecánica e impresión de fatiga, pero no como dolor. Cajal intenta dar una explicación fisiológica a lo acontecido:  «…habíendose paralizado los nervios del dolor, quedan incólumes los que conducen al sensorio las excitaciones táctiles y el estado de la contracción muscular». ramon_y_cajal_santiago_con_su_familia_en_1894_20121221_1033716690Este pequeño trabajo debía ser de su aprecio pues cuando en 1924 prepara una recopilación de los trabajos más relevantes de su carrera científica para su edición conjunta lo incluye en la selección. Los dos últimos hijos de Cajal, Luis y Pilar, nacieron tras la hipnosis de la madre.

Tras aquellos años en que exploró el hipnotismo, Cajal experimentó, como conclusión, dos sentimientos, sorpresa que él denomina estupor y un sentimiento ambivalente sobre el poder de la sugestión que él denomina decepción.

Estupor, al reconocer la realidad de fenómenos de automatismo cerebral, estimados hasta entonces como farsas y trampantojos de magnetizadores de circo.

Decepción dolorosa, al considerar que el tan decantado cerebro humano, «la obra maestra de la creación», adolece del enorme defecto de la sugestibilidad; defecto en cuya virtud, hasta la más excelsa inteligencia puede, en ocasiones, convertirse por ministerio de hábiles sugestionadores, conscientes o inconscientes (oradores, políticos, guerreros, apóstoles, etc.), en humilde y pasivo instrumento de delirios, ambiciones o codicias.

En 1936, el Instituto de Higiene Alfonso XIII del que Cajal había sido director fue destruido en el asalto a la Ciudad Universitaria por parte del ejército franquista y allí se perdió el manuscrito de una obra inédita de Cajal, terminada unos meses antes de su fallecimiento y que estaba a punto de publicarse. minasEl libro se titulaba La omnipotencia de la sugestión: Hipnotismo, Espiritismo y Metempsicosis. Cajal incluía también, quizá por cierta influencia freudiana aunque no era un autor por el que tuviera gran estima,  la síntesis,  análisis y posible significación de miles de sueños cuidadosamente registrados. Este manuscrito terminó siendo una víctima más, intelectual en este caso, de ese conflicto desgarrador del siglo XX, la Guerra Civil española.

Para leer más:

  • Albarracín Teulón A (1978) Santiago Ramón y Cajal o la pasión de España. Ed. Labor, Barcelona.
  • Campos JJ (2006) Un día en el arco de Santa María. En: Santiago Ramón y Cajal: cien años después. (A Gamundí Gamundí, A Ferrús Gamero, eds). Ed. Pirámide-Universitat de les Illes Balears, Palma de Mallorca.
  • Gamundí A, Rial RV, Nicolau MC, Timoner G (1995) La Psicología sugestiva en Ramón y Cajal. Revista de Historia de la Psicología 16(3-4): 225-231. http://digital.csic.es/bitstream/10261/12038/1/LangaRevHistPsicol,%201995.pdf
  • Nieto JM (2009) Santiago Ramón y Cajal. Hipnológica 2: 6-7.
  • Pérez Hernández C (2006) Una investigación experimental sobre hipnosis en Santiago Ramón y Cajal. Rev Hist Psicol 27(2-3): 145-150.
  • Ramón y Cajal S (1889) Dolores del parto considerablemente atenuados por la sugestión hipnótica. Gaceta Médica Catalana 12: 484-486.
  • Ramón y Cajal S (1981) Recuerdos de mi vida. Historia de mi labor científica. Alianza Universidad, Madrid.
  • Ramón y Cajal Junquera, MA (2002) Santiago Ramón y Cajal y la hipnosis como anestesia. Rev Esp Patol 35(4): 413-414 http://www.patologia.es/volumen35/vol35-num4/pdf%20patologia%2035-4/35-4-07.pdf