detallesanlucasAutor: Juan de Sevilla (atr.)
Título: San Lucas (#P01327)
Cronología: 1401-1435
Óleo sobre tabla (95 x 55 cm)

El Museo del Prado conserva esta obra donde se ve a San Lucas realizando una trepanación a un niño. El cuadro, un temple sobre tabla,  se atribuye a Juan de Sevilla y algo interesante es que no muestra ningún milagro, sino que Lucas está trabajando, rodeado de material quirúrgico y realizando algún tipo de operación en el cerebro del paciente. Es una obra que conecta con el gótico internacional y anuncia ya  algunos aspectos de los nuevos conceptos artísticos que desarrollará el Renacimiento.

Juan Hispalense o Juan de Sevilla (activo entre 1400 y ¿1430?) fue un pintor español representante del gótico internacional. Existen dudas sobre si este autor es el mismo que firma otras obras, como un San Andrés de la colección Jean Schmit (París) como Juan de Peralta o el llamado Maestro de Sigüenza, autor de las tablas del Retablo de San Juan Baurista y santa Catalina de la catedral de esta localidad. Para algunos historiadores se trata de un único maestro, que sería sevillano y se llamaría Juan de Peralta mientras que para otros son tres pintores distintos. Las claras diferencias entre las obras adscritas a estas tres denominaciones, en aspectos tales como los tipos humanos empleados o la forma que adoptan los pliegues de las telas,  son para unos señal clara de que son autores diferentes aunque quizá coetáneos mientras que para otros se trata tan solo de evolución temporal en el estilo pictórico de un mismo artista.

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La tradición judía consideraba a la enfermedad como un castigo divino, un correctivo por los actos malvados del hombre. La primitiva Iglesia cristiana, convencida de la pronta segunda venida del Mesías, relativizaba la preocupación por las dificultades en la vida terrenal, incluida la ansiedad por los problemas médicos, puesto que la inminente llegada del Reino de Dios convertía en fútiles los agobios sobre la salud y el sufrimiento ligado a la enfermedad. constantino-y-la-iglesia-primitivaAún así, el cristianismo aporta a la Medicina de la época la compasión, la filantropía y la dimensión ética en el ejercicio de la profesión. La nueva religión de los seguidores de Jesús de Nazaret incluye la ayuda al enfermo entre los deberes del buen cristiano, y establece la obligación de un tratamiento médico igualitario para todos los seres humanos, sin diferencias entre judíos y gentiles o entre hombres libres y esclavos. La religión cristiana incorpora también a sus principios el consuelo, el apoyo mediante la oración y sacramentos como la unción de los enfermos al tratamiento médico interesándose por el bienestar psicológico del paciente. Juliano el Apóstata valora esa dedicación y su impacto en la sociedad “Vemos qué es lo que hace fuertes a los enemigos de los dioses: su filantropía frente a los extraños y los pobres.”

Lucas era natural de Antioquía, gentil y médico de profesión. Hijo de dos esclavos griegos acogidos y educados por una familia romana, el tribuno Priscus y su esposa Antonia. Cuando sus padres, Eneas e Iris, contrajeron matrimonio, además de hacerles numerosos regalos, sus amos les hicieron quizá los dos más preciados: la libertad y la educación de su hijo. El_Greco_035Lucas fue instruido primero por Keptah, un médico esclavo y luego por Cusa otro esclavo que le enseñó griego y literatura. Esa formación se refleja en la riqueza de su vocabulario y en la perfección formal de sus escritos y quizá, por ese agradecimiento del discípulo a sus maestros, Lucas dio una atención preferente durante toda su vida al cuidado médico de los esclavos.

Su formación continuaría en Alejandría, el principal centro del saber de la época. Los gobernantes ptolomeicos de la ciudad financiaron espléndidamente la biblioteca y el museo, no solo por amor a la cultura sino porque era parte del poderío de su reino y su pujanza económica que atraía a la urbe a filósofos, matemáticos, historiadores, poetas y médicos. Se dice que en su afán por recoger el saber existente, se confiscaba a los visitantes los libros que portaban y solo se les devolvían después de haberlos copiado. La mítica biblioteca de Alejandría contendría entre 400.000 y 900.000 libros y documentos. Library_of_Alexandria_Rob_CainDos conocidos médicos presentes en Alejandría son Herófilo y Erasístrato. Herófilo elaboró una teoría sobre el pulso basándose en la música, indicando que el fenómeno más característico del latido cardiaco y el pulso arterial era el ritmo. Erasístrato describió con precisión el cerebro, lo distinguió del cerebelo y sostuvo que aquel era el punto de origen de todos los nervios, en los que distinguió entre motores y sensitivos. Lo lógico es que en su “estancia de investigación” en Alejandría, Lucas pudiera aprender y practicar medicina con médicos egipcios, judíos, hindúes y de otras nacionalidades, atendiendo el dispensario de la ciudad y participando en las autopsias y disección de los cadáveres, una práctica habitual en aquella urbe cosmopolita.

Tras cuatro años en Alejandría, Lucas se embarcó en una galera romana viajando por el Mediterráneo oriental. El trabajo como médico naval le puso en contacto con enfermedades como la peste y la lepra y visitó ciudades como Atenas y Pérgamo. deesis_russ_right_lgEn esta última ciudad, conocería y curaría a San Pablo, que se convertiría en su amigo y su maestro en la fe. Lucas es llamado por San Pablo, “el médico amado” y habla de él como médico en la carta a los colosenses. Debe acompañar a Pablo a Roma y en la segunda carta a Timoteo (4:11), Pablo escribe: “Demas me ha abandonado por amor a este mundo. Él se fue a Tesalónica, Crescente emprendió viaje a Galacia, y Tito a Dalmacia. Solamente Lucas se ha quedado conmigo.” La imagen perdurable de un médico al lado de un paciente y de un amigo.

Se dice que Lucas murió en Boecia a los 84 años y la leyenda dice que también fue pintor, llegando a retratar a la Virgen María.  st-luke-iconCuadros de la virgen aparecidos siglos después de su muerte le fueron atribuidos. El más famoso puede ser el retrato de la Virgen María Negra de Czestochowa, de gran devoción en Polonia y que según la leyenda, mientras lo pintaba, María le habría contado la vida de Jesús, relato que posteriormente Lucas incorporaría en su evangelio. Él es el único que cuenta la historia del nacimiento y la infancia de Jesús y además describe dieciocho parábolas y veinte milagros, seis de los cuales no se encuentran en los otros evangelios.

Los primeros padres de la Iglesia le consideraban el autor del Evangelio según San Lucas y de los Hechos de los Apóstoles. En el evangelio puede notarse cierta “deformación profesional” con numerosos milagros relacionados con la salud : el endemoniado de la región de Gerasa (8:26-29) [los endemoniados serían diagnosticados actualmente como enfermos mentales]; el endemoniado ciego y mudo (11:14-15); el niño epiléptico (9:37-43); el de la sinagoga en Cafarnaúm (4:31-37), la sanación de María Magdalena (8:1-3), de Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y de Susana. Las curaciones de paralíticos como el criado del centurión en Cafarnaúm (7:1-10), otro paralítico de Cafarnaúm (5:17-26), el hombre de la mano seca (6:6-11), la mujer encorvada de la sinagoga (13:10-17), Bartimeo, el ciego de Jericó (18:35-43), el leproso de Galilea (5:12-16) y otros diez leprosos (17:11-19) que iban camino a Jerusalén. La fiebre de la suegra de Pedro (4:38-39), la mujer con flujo de sangre (8:41-48), el hidrópico (14:1-6), la  oreja de Malco (22:50-51), la resucitación de la hija de Jairo (8:49-56) y el hijo de la viuda de la ciudad de Naín (7:11.17) y otros  pasajes que hacen referencia a ocasiones en que Jesús curó de modo genérico diversas enfermedades (4:40-41, 16:17-19). La operación reflejada en el cuadro del Prado no tiene ninguna referencia en los Evangelios y parece ser más una de las cirugías más impactantes de la práctica médica, la apertura del cráneo o su trepanación.

El evangelio de Lucas es también el más social, el que más claramente combina caridad con justicia social. Según la tradición, en su práctica médica Lucas destacaba también por su atención a los esclavos y a los pobres. La Iglesia primitiva crearía establecimientos para atender a los pobres (Ptochia), los ancianos (Gerontochia), los monjes enfermos (Infirmarium), los extranjeros (Xenodochia), los huérfanos (Orphanotrophia) los expósitos (Blephotrophia) así como nosocomios para cuidar de los enfermos y los desamparados.

Crane-trepanation-img_0507_cropLa trepanación lleva con nosotros miles de años. Hay casos documentados, por cientos, en todos los continentes, en todas las eras y en numerosas culturas. Es el primer acto quirúrgico del que tenemos pruebas documentales y parece que era realmente frecuente. En un enterramiento en Francia fechado en torno al 6.500 antes de Cristo, de las 120 calaveras encontradas, 40 tenían trepanaciones u otras modificaciones hechas por el hombre. Aún más llamativo resulta el dato de que muchas de esas personas en aquel poblamiento mesolítico sobrevivieron por períodos prolongados tras la operación. Hay otros que quizá fallecieron o cuyas trepanaciones se hicieron ya sobre la calavera pues no se ven señales de cicatrización en el hueso, pero son una minoría. En la región de Cuzco en Perú se han encontrado más de 10.000 calaveras trepanadas, alcanzando en algunas necrópolis el 47% de los cráneos encontrados.

En 1865 se presentó un cráneo preincaico con trepanación en la Academia de Ciencias de Nueva York. Los científicos norteamericanos no querían creer que aquella operación hubiese sido realizada por un indígena peruano, mucho antes de la llegada de los europeos, con herramientas de piedra y que el hombre hubiese sobrevivido, puesto que en los mejores hospitales neoyorquinos el índice de supervivencia no superaba el 10% y era considerada una de las cirugías más peligrosas. trepanationDe hecho, se decía que si un cirujano quería realizarte una trepanación, tú deberías hacérsela a él de vuelta. Se ha calculado que el índice de supervivencia tras la trepanación en todos esos cráneos prehistóricos y de la historia antigua se movía entre el 50 y el 90%, lo que contrasta con lo que sucedía en los hospitales occidentales en los siglos XVI al XIX, donde la mortandad era masiva. Las infecciones hospitalarias son uno de los legados más negativos de la Medicina moderna.

Los huecos de las trepanaciones varían de unos pocos centímetros a la mitad del cráneo y el lugar más común era en la región parietal, fácilmente accesible y sin suturas. Hay tres formas diferentes de llevarla a cabo. Lógicamente siempre hay que empezar cortando el cuero cabelludo y llegando hasta el cráneo. Una vez allí, se puede:

  • Perforar: Realizando un único agujero, utilizando un cilindro dentado y algo que lo haga girar, o haciendo pequeñas perforaciones alrededor de la zona de hueso que queremos cortar y luego ir serrando o rompiendo los puentes entre las perforaciones hasta levantar la tapa ósea.
  • Raspar: Ir limando el hueso con una piedra, una concha u otro material abrasivo hasta llegar a la duramadre.
  • Cortar: Realizar muescas o incisiones que nos permitan separar una ventana poligonal en el cráneo. Paul Broca, el famoso neurólogo, probó a hacer este método con un trozo de cristal, publicando que trepanar un cráneo de un niño de dos años le llevó cuatro minutos y cincuenta un cráneo adulto, “contando los periodos de descanso debidos a fatiga de la mano.

medieval91Se ha discutido mucho sobre el significado de la trepanación, especialmente en las épocas primitivas donde no tenemos un registro documental. Una primera explicación es que se trate de operaciones religiosas, místicas o supersticiosas: una apertura para que salgan los demonios como piensan algunas culturas africanas modernas que siguen realizando trepanaciones. Broca también pensó que los cráneos neolíticos europeos podrían corresponder a personas con epilepsia u otros trastornos cerebrales y, mediante la trepanación, se les daba a los espíritus causantes una vía de escape. Los cráneos preincaicos encontrados corresponden a personas de los dos sexos y de un amplio rango de edades, por lo que se considera una prueba indirecta contra un valor religioso significativo de esta práctica.

Otra posibilidad es que sea una actividad cultural, como las trepanaciones descritas por Herodoto en los niños de la Mauritania para evitarles un problema posterior. Parece que se pensaba que la cabeza podía producir un exceso de legañas, en realidad el resultado de una infección ocular, y una trepanación previa solucionaba el problema.

La tercera posibilidad es que sea un procedimiento médico. Hipócrates describe en su obra “Sobre las heridas de la cabeza” cinco tipos de lesiones y para la única que no propone la trepanación es para una fractura con hundimiento del cráneo. trepanation3Recomienda taladrar la cabeza aunque no haya mucha señal de lesión cerebral, recalca la importancia de realizarlo lentamente evitando dañar la meninge, evitar las suturas y sumergir la herramienta utilizada en agua fría de vez en cuando para evitar calentar el hueso con el rozamiento. La idea clave para Hipócrates parecía dejar salir la posible sangre de una hemorragia no porque los médicos griegos supieran sobre el riesgo del aumento de la presión intracraneal sino porque consideraban que la sangre estancada, como el agua estancada, era algo malo y podía pudrirse y transformarse en pus. En los tiempos de Galeno se realizaban trepanaciones para aliviar la presión intracraneal y para remover fragmentos de hueso que pudieran dañar la meninge. Galeno recomendaba al cirujano practicar en animales, en particular, con el mono de Gibraltar, el único simio que vive en Europa. Algunos de los discos craneales neolíticos encontrados junto a cráneos trepanados tenían pequeñas perforaciones, quizá para ser colgados como amuletos. Broca pensaba que estos amuletos eran la primera evidencia de creer en una vida después de la muerte.

Hay numerosas evidencias y testimonios del uso médico de la trepanación. Robert Burton en su libro “Anatomía de la Melancolía” recomendaba “perforar el cráneo” como cura para la depresión y también se ha usado en epilépticos. En los siglos XVII y XVIII cae en desuso y prácticamente desaparece de la práctica médica. En la actualidad, se realizan trepanaciones o craniotomías como forma de acceder al encéfalo para un diagnóstico invasivo (localización de un foco epiléptico con electrodos), para aliviar la presión intracraneal (como la que se produce tras una hemorragia epidural o subdural), para desbridar una herida penetrante ,  para extirpar un tumor o para realizar un procedimiento (inyección u otras) en el parénquima cerebral.

turner1En esta época nuestra, de tanta seudociencia y tanto iluminado, hay un grupo de personas que se dedican, sin ningún tipo de formación médica, a hacerse o a hacer trepanaciones. Algunos de ellos tienen su propia página web en el International Trepanation Advocacy Group, creado por Peter Halvorson, uno de los autotrepanados.

Hay tres líneas de actuación, tres justificaciones para agujerearse la cabeza. La primera, propugnada por un tal Hugo Bart Huges,  al que también se le llama Dr. Huges aunque nunca terminara la carrera de medicina, es que la trepanación incrementa el volumen disponible para la sangre cerebral y, por lo tanto, aumenta el riego y el metabolismo de las neuronas, mejorando según ellos la rapidez mental. Parece que llegó a estas ideas buscando un sistema para no sufrir alucinaciones después de tomar LSD. La segunda línea utiliza la trepanación para el tratamiento de problemas psicológicos. En el año 2000, dos hombres de Cedar City, Utah, fueron acusados de practicar la medicina sin licencia tras realizar una trepanación a una mujer inglesa para tratarla de síndrome de fatiga crónica y depresión. Otra inglesa, Amanda Feilding se presentó dos veces a las elecciones nacionales británicas llevando como programa electoral que el Servicio Nacional de Salud impulsara la investigación sobre las trepanaciones. Consiguió 49 y 139 votos, respectivamente. Finalmente, ella se hizo la trepanación con un taladro eléctrico. Puede parecer imposible de superar, pero hay algunos insensatos que lo consiguen: la tercera línea de actuación consiste en realizar trepanaciones para conseguir poderes psíquicos, la ambición de todos los esotéricos.

 

Para leer más:

  • Goic Goic A. (2004) Grandes médicos humanistas. Editorial Universitaria, Santiago de Chile.
  • Gross, C.G. (2009) A hole in the head. More tales in the History of Neuroscience. The MIT Press, Cambridge (MA). pp.3-24.
  • Finger, S. (1994) The brain in Antiquity. En: Origins of Neuroscience. Oxford University Press, Nueva York. pp. 4-6.
  • Cure-all hole in the head? BBC News. 30 de septiembre de 1999. http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/461556.stm

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