descarga (1)Entre un 10 y un 30% de las mujeres embarazadas muestran síntomas de depresión. La incidencia se mantiene alta en el año siguiente tras el nacimiento del niño, lo que todo el mundo conoce como depresión postparto. Lo que es menos conocido es que un número variable de hombres, entre un 1,2 y un 25,5% según estudios, sufren una depresión durante el embarazo de su pareja o tras ser padres.

La gran variabilidad de estos números —no es lo mismo un 1,2 que un 25%—  se debe a los criterios metodológicos (período que se mide, selección de los padres estudiados, escalas para establecer el nivel de depresión, etc.)

La depresión durante el embarazo y tras el parto se relacionaba con los profundos cambios hormonales que experimenta el cuerpo de la mujer, incluido su cerebro, en estos periodos. fdr_imageSin embargo, también había una serie de factores que podíamos llamar externos o sociales que influían en el riesgo de depresión, en su gravedad y en su duración: falta de apoyo familiar, mala relación de pareja, estrés, problemas financieros, etc. Evidentemente, los padres no experimentan los cambios bioquímicos pero sí están sujetos a algunos de los factores estresantes como puede ser los problemas maritales, familiares y socioeconómicos.

Father_holding_son_BRAND_PHO_ENEl riesgo de esa depresión masculina aumenta con factores como la mala comunicación en la pareja, las dificultades en la estructura familiar (separación, divorcio, hijos de relaciones previas), la presencia de síntomas depresivos en la mujer, y una historia previa de depresión u otras enfermedades mentales en el padre. Como siempre en este trastorno, el impacto afecta a toda la familia. Un padre deprimido interacciona menos con el bebé y puede influir sobre algunos riesgos psicológicos para el niño o afectar a su desarrollo puesto que se ha comprobado que la calidad y cantidad de la dedicación del padre al recién nacido influye en su desarrollo posterior. La depresión del padre está asociada con problemas de comportamiento dentro y fuera de la familia en niños de tres años y medio, una reducción de las actividades conjuntas entre el padre y el hijo (incluyendo juegos, canciones, cuentos), un aumento del estrés asociado a la paternidad, dificultades en el vínculo padre-hijo y una relación con la madre más problemática.

Como en el caso de la madre y su maternidad parece que un paso exitoso del padre a la paternidad está mediado por una buena relación de pareja, que incluya el apoyo mutuo, una comunicación fluida, Duchess-of-Cambridge--and-002el reparto de las nuevas cargas domésticas, los ajustes necesarios en la economía, la redefinición de los espacios y tiempos conjuntos e independientes, el compartir unos valores comunes y el mantener una buena capacidad de negociación. Solventar con éxito estas premisas ayuda a minimizar el efecto de las situaciones estresantes y a disminuir el riesgo de un trastorno del ánimo tanto en el padre como en la madre.

 

Para leer más:

  • Paulson JF. (2013) Focusing on Depression in Expectant and New Fathers. Psychiatric Times. http://www.psychiatrictimes.com/focusing-depression-expectant-and-new-fathers/page/0/3?GUID=E2880F7B-41B0-494E-AB13-E2EEC223B761&rememberme=1&ts=09072013#sthash.Kkg6Dq7k.dpuf

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