Es una de esas noticias que uno lee y piensa “me están tomando el pelo”. El tuit de “What the f*** facts” decía algo así: “Un médico dice que el hipo se puede curar dando un masaje al agujero del culo y le dan el premio Nobel”. Lo mejor de la historia es que es CASI cierta. Francis M. Fesmire es un médico de urgencias, graduado magna cum Laude en Harvard, director médico del Centro de Dolor Torácico del Erlanger Medical Center y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tennessee. Este especialista con reputación internacional en el tratamiento de los infartos de miocardio publicó en 1988 una nota corta sobre el tratamiento del hipo crónico con un masaje digital rectal (digital en este caso se refiere a con el dedo y no a nuevas tecnologías) en la revista Annals of Emergency Medicine. Un estudio confirmatorio se publicó dos años después por otros autores en el Journal of Internal Medicine.

Lo que no es exacto es que a Fesmire no le dieron el premio Nobel sino el premio Ig Nobel, un famoso acto que celebran los estudiantes de la Universidad de Harvard (guasones y con ganas de fiesta como todos los estudiantes) donde premian investigaciones que tengan un puntito. Un ejemplo es un premio a una investigadora que describió cómo convertir un sujetador en una mascarilla bucal de emergencia, otro que publicó sobre lesiones tras pillarse el prepucio con una cremallera y el famoso estudio con resonancia magnética sobre la actividad cerebral en un salmón congelado. El premio Ig Nobel de Literatura de 2012 se concedió a la Oficina de Auditoría General del gobierno de los EEUU por la publicación de un informe sobre los informes acerca de informes que recomendaba la preparación de un informe sobre el informe acerca de los informes sobre informes. El de Física a una publicación de investigadores americanos e ingleses en Physical Review Letters, una buena revista, sobre los balances de fuerzas en una coleta humana y el de Anatomía a dos primatólogos, Frans de Waal y Jennifer Pokorny, por demostrar que unos chimpancés podían reconocer a otros chimpancés cuando se les mostraban fotos de sus traseros.  Sí, hay algunas partes del cuerpo que parecen tener más posibilidades para lograr un Ig Nobel.

Los premios Ig Nobel buscan reconocer investigaciones “que primero hagan reír y luego hagan pensar” y son entregados por auténticos premios Nobel, algo que en Harvard es más fácil de encontrar que en otras universidades. Muchos de los premiados acuden a recogerlo, aunque sean la diana de las bromas y es una auténtica exaltación, particularmente en un ámbito serio como la ciencia y la investigación, de eso tan importante de reírnos de nosotros mismos.

El hipo es una contracción espasmódica, involuntaria y repetitiva del diafragma y los músculos intercostales que provoca un cese súbito de la inspiración de aire debido al cierre de la glotis. El fuerte golpe de aire pulmonar y el cierre de las cuerdas vocales genera ese sonido característico: Hip (o “hic”, si tienes hipo en inglés). El hipo es normalmente un fenómeno inocuo de duración limitada y que se resuelve solo. Cuando dura más de 48 horas se denomina persistente y cuando dura más de dos meses se considera intratable o refractario. El hipo refractario se llama también singultus un término de origen latino que significa recobrar el aliento mientras se solloza.

La base biológica del hipo es un arco reflejo compuesto por tres componentes: un brazo aferente que incluye nervios simpáticos, el nervio frénico y el vago que llevan señales sensoriales somáticas y viscerales, una unidad central de procesado situada en el mesencéfalo y que incluiría el llamado “generador del hipo” y un brazo aferente que viaja por las fibras motoras de los nervios frénicos al diafragma y por nervios accesorios a los músculos intercostales, respectivamente.

 Por tanto, si en estos circuitos se produce una irritación por factores químicos, físicos, una inflamación, un derrame, una isquemia miocárdica, una sonda nasogástrica, una infección por herpes, una enfermedad de reflujo gastroesofágico o un tumor, que de todas estas opciones hay evidencias, se produce el hipo persistente o intratable, un fenómeno que puede provocar un fuerte deterioro de la calidad de vida de la persona afectada. El hipo refractario puede ser un problema serio, llevando a un cansancio extremo, desnutrición, pérdida de peso, deshidratación e incluso a la muerte, además de las complicaciones que puede implicar el hipo postoperatorio. El propio Hipócrates ya había escrito “Son graves síntomas la convulsión o el hipo tras una hemorragia excesivaLa convulsión o el hipo que sobrevienen a una purgación excesiva son fatales.”

Para el tratamiento del hipo se han utilizado fármacos como el baclofeno, la clorpromazina, la gabapentina, los agonistas serotonérgicos, los procinéticos y la lidocaína. Los tratamientos no farmacológicos incluyen el bloqueo de nervios, el control de la respiración o, incluso, algunos tratamientos quirúrgicos.

Además de los masajes anales anteriormente citados, realizar tres presiones torácicas con un intervalo de 10 segundos (maniobra de Heimlich), meter vinagre diluido en la nariz para estimular la faringe dorsal, respirar dentro de una bolsa, aguantar la respiración, tragar azúcar granulado, beber o hacer gárgaras con agua helada, tirar de la lengua, morder un limón, comer mantequilla de cacahuete, comprimir los globos oculares o un lavado gástrico son algunas de las técnicas que hay recogidas en la literatura científica con aparentes resultados positivos para acabar con un ataque de hipo.

Hay varias teorías para explicar el origen del hipo. Hay quien piensa que es un relicto evolutivo, pues recuerda a los movimientos respiratorios que se observan en las etapas inmaduras de los anfibios (renacuajos) y se observa en los fetos humanos antes de que se hayan desarrollado las vías motoras que modulan la función pulmonar. Otra hipótesis con más aceptación es que es un proceso derivado de la necesidad de coordinar la lactación y la respiración. El hipo es algo exclusivo de los mamíferos y es más común en niños pequeños que en niños mayores o adultos. La hipótesis plantea que el aire atrapado en el estómago de los lactantes escapa mediante el hipo y los eructos, lo que permite ingerir una mayor cantidad de leche. La burbuja de aire estimularía receptores en el estómago, el esófago y el diafragma y generaría el reflejo del hipo. El hipo implicaría una succión en el tórax, sacando aire del estómago y expulsándolo a través de la boca. A favor de esto es que una forma de quitar el hipo a los bebés es ponerles a mamar y que también uno de los remedios caseros para eliminarlo es beber un líquido a través de sorbos cortos por una pajita.

El hipo parece estar también relacionado con el latido cardiaco. Aunque el ritmo del hipo varía de una persona a otra, los hipos coinciden prácticamente siempre con el instante en el que el corazón se contrae. Se ha planteado que la parte del sistema nervioso que regula el latido, tales como los sensores de la presión sanguínea  o los receptores de distensión del corazón estimularían el “generador de hipo” cerebral hasta conseguir un estímulo superior a un umbral que dispararía el hipo. Entre las causas del hipo están un exceso de alimentos, comer con demasiada rapidez, cambios bruscos de temperatura, bebidas gaseosas o con alcohol, pan seco, reír, algunas comidas picantes, algunos medicamentos como los opiáceos o las benzodiacepinas, algunos anestésicos y el abuso del tabaco.

Según el libro Guinness de los récords, el mayor ataque de hipo lo tuvo el americano Charles Osborne que estuvo hipando desde 1922 a febrero de 1980, un período de 68 años en el que tuvo, según se calculó, 430 millones de hipos. La relación cerebral del hipo se comprobó en el caso de Christopher Sands, un británico que tuvo un ataque de hipo cada dos segundos durante quince meses, entre febrero de 2007 y mayo de 2009, causado por un tumor en el tronco del encéfalo. La frecuencia y persistencia de su hipo era difícil de conciliar con comer o dormir y tan solo cesó tras ser operado del tumor por un neurocirujano.

¿Y las témporas? El refrán dice “no hay que confundir el culo con las témporas”. En principio, no entendía nada porque las témporas son breves ciclos litúrgicos, correspondientes al final e inicio de las cuatro estaciones del año, consagrados especialmente a la plegaria y a la penitencia. Pero una hipótesis con mucho más sentido es que las témporas del refrán sean las sienes (los huesos temporales del cráneo), tomadas como referente de cerebro, función superior, inteligencia. Por tanto, el refrán indicaría no embrollar con cosas muy diferentes entre sí, en especial no confundir algo “trasero” y corporal, con algo superior, intelectual. Eso es lo que están haciendo los que se meten con el Dr. Fesmire, dispuesto a soportar una fama no muy glamurosa por aliviar del hipo a los pacientes de su UCI.

Para leer más:

  • Chang F.-Y., Lu C.-L. (2012)  Hiccup: Mystery, Nature and Treatment. J Neurogastroenterol Motil. 18(2): 123–130.
  • Fesmire FM. (1988) Termination of intractable hiccups with digital rectal massage. Ann Emerg Med. 17(8): 872.
  • Odeh M, Bassan H, Oliven A. (1990) Termination of intractable hiccups with digital rectal massage. J Intern Med. 227(2): 145-146.
  • http://en.wikipedia.org/wiki/Francis_fesmire
  • http://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%A9mpora
  • http://www.improbable.com/ig/winners/#ig2006