En 1923 un psiquiatra francés, Joseph Capgras publicaba en el Bulletin de la Société Clinique de Médicine Mentale un articulo realizado junto a su ayudante, Jean Reboul-Lachaux sobre una paciente, madame M., que decía que su esposo y otros familiares habían sido sustituidos por dobles, por sosias, por personas de un parecido físico increíble pero que “no eran ellas”. Con el tiempo, su delirio se fue ampliando a vecinos, amigos y conocidos: ellos también habían sido sustituidos. Madame M. nunca se preocupó demasiado sobre estos impostores porque, según ella, cada uno desaparecía al cabo de un tiempo para dejar su hueco al siguiente. De hecho, afirmaba haber tenido más de ochenta maridos distintos, eso sí enormemente parecidos entre sí. En la actualidad se conoce como síndrome de Capgras o delirio de Capgras. Veamos un par de casos recientes de historias clínicas sobre esta sintomatología: “La señora D, un ama de casa casada de 74 años recientemente dada de alta en el hospital después de una primera admisión en Psiquiatría vino a nuestra consulta para una segunda opinión. En su anterior admisión a comienzos de este año había recibido un diagnóstico de psicosis atípica por su convencimiento de que su marido había sido reemplazado por otro hombre distinto. Rechazaba dormir con el impostor, se encerraba en su dormitorio por la noche, pidió un arma a su hijo para defenderse y finalmente se enfrentó a la policía cuando fueron a proceder a su hospitalización. Algunas veces pensaba que su marido era su padre, que había fallecido tiempo atrás. Reconocía sin problemas a otros miembros de la familia y con el único que cometía ese error era con su marido”. “Mary, de 40 años de edad, ha sido remitida para evaluación psiquiátrica tras la preocupación sobre que un trastorno mental estaba interfiriendo con su capacidad para cuidar apropiadamente  y con seguridad a su hija. La paciente ha manifestado en numerosas ocasiones que su hija de 9 años, Sarah, está bajo la custodia de los Servicios de Protección de Menores y ha sido reemplazada por una impostora. Mary también ha reclamado que dio a luz a gemelos pero los registros del hospital solo documentan el nacimiento de Sarah. En una ocasión, ha acudido a la escuela de su hija, rechazando recogerla y gritando “Dadme a mi verdadera hija, sé lo que habéis hecho”. A pesar de los intentos de numerosos profesionales sanitarios y de parientes suyos por tranquilizarla y convencerla, Mary continúa manifestando que su hija no es, en realidad, su hija. Además relata varios episodios en los que mientras hacía sus tareas habituales su hija fue “alejada antes de que pudiera hablar con ella”. Por ejemplo, cuenta haber visto un coche conducido por un desconocido, con Sarah en el asiento del pasajero, que pasó junto a ella mientras estaba dando un paseo, pero una vez que ella se dio cuenta, el coche aceleró y desapareció.” El delirio de Capgras o síndrome de Capgras se define como un trastorno mental en el cual una persona piensa que un amigo, la pareja u otro familiar han sido reemplazados por otra persona de un aspecto prácticamente idéntico. Hay informes de casos donde el delirio se produce con animales, un hombre pensaba que su caniche había sido sustituido por otro, e incluso con objetos: otro paciente pensaba que durante la noche alguien le cambiaba sus zapatillas de deporte y otros objetos personales. También se han visto casos en los que la persona afectada cree que el tiempo ha sido manipulado o directamente cambiado por otro. El síndrome de Capgras se incluye dentro de los trastornos de identificación, pudiendo afectar al reconocimiento de personas, lugares u objetos y puede tratarse de un episodio momentáneo (agudo) o extendido en el tiempo (crónico). Es algo más frecuente en mujeres que en hombres. No todos los sentidos están igualmente afectados en este trastorno: un hombre con síndrome de Capgras tenía la certeza de que su esposa era su esposa cuando hablaba con ella por teléfono pero cuando la veía tenía el mismo firme convencimiento de que había sido sustituida por un sosias. Las personas afectadas por el síndrome de Capgras pueden incluso dudar sobre su propia identidad tras ver su reflejo en un espejo. Un hombre se pellizcó en el brazo tras ver su imagen en la consulta del médico y mostraba en voz alta sus dudas sobre si el hombre en el espejo y él eran la misma persona. También se ha descrito el caso de una mujer que entraba en un episodio de celos patológicos cada vez que veía su propia imagen creyendo que “la otra mujer” estaba tratando de robarle a su marido. Su esposo terminó quitando o tapando cualquier superficie reflectante en su hogar para evitar que ella pudiera terminar haciéndose daño a sí misma. Curiosamente, no tenía problema para reconocerse a sí misma en el espejo de su estuche de maquillaje pero cualquier superficie de mayor tamaño generaba un ataque violento a la impostora imaginaria. Como tratamiento, el médico preparó una serie de espejos de tamaños crecientes y hacía que la mujer se mirase en el más pequeño. Cuando estaba tranquila y conforme con su reflejo pasaba al siguiente de mayor tamaño, saltando al siguiente de la serie cuando se reconocía. Finalmente fue capaz de verse en un espejo de cuerpo completo y no volvió a mostrar el delirio desde entonces. Hay muchas teorías sobre el posible origen del delirio de Capgras. Es más común en personas con esquizofrenia, epilepsia, daño cerebral en el lóbulo temporal derecho o demencia. Es más común en personas con enfermedades neurodegenerativas que los que no las padecen, en mujeres que en hombres (proporción 3:2), en la población de origen maorí que en la población de origen europeo en Nueva Zelanda (lo que sugiere una propensión genética) y en personas mayores más que en jóvenes. También se ha descrito su asociación con la prosopagnosia (dificultad o imposibilidad para distinguir rostros), diabetes, hipotiroidismo, con ataques de migraña y con el consumo de ketamina, una droga. Vilayanur S. Ramachandran publicó un estudio de un paciente afectado de delirio de Capgras tras una lesión cerebral. El paciente era capaz de sentir emociones y reconocer caras pero no sentía emociones al identificar la cara de un familiar por ejemplo en una fotografía. Ramachandran postuló que el origen del Capgras podía ser una conexión anómala entre la corteza temporal, donde se produce el proceso de reconocimiento de rostros y el sistema límbico, donde son procesadas muchas emociones. Según él se produciría un fallo en el sistema que enlaza sucesivas memorias episódicas (situaciones que han pasado, por ejemplo, nuestra vida junto a un hermano) en un relato coherente. Se cree que las emociones son fundamentales para crear memorias y si el sistema funciona mal, los recuerdos de una persona estarían distorsionados con la realidad actual, es decir, los recuerdos de un esposo y la visión de ese esposo que está a nuestro lado no encajarían y se viviría como alguien distinto, como un impostor. El tratamiento del síndrome de Capgras no es fácil. La terapia individual puede ayudar a tratar los delirios del paciente y suele ser necesario establecer una empatía entre la persona afectada y el terapeuta que no suponga aceptar las alucinaciones del paciente u oponerse de una forma agresiva a ellas, enfrentarse a esa imagen delirante. Lo más usado son técnicas cognitivas que permitan someter a prueba a la realidad. En algunos casos también se comenta un cierto éxito tras el uso de antipsicóticos y otros fármacos. Junto a estas personas que, sin serlo, son tratados como si fueran impostores, existen los impostores que intentan hacerse pasar por otra persona distinta. Entre los más famosos está Anna Anderson, que realmente creía ser la Gran Duquesa Anastasia, hija del zar Nicolás II, Victor Lustig que vendió dos veces la Torre Eiffel o Michael Sabo, llamado el Gran Impostor, que tenía más de cien identidades distintas y fraudulentas en los archivos del FBI. Hay algunos tan llamativos como Terry Alan Whittredge, que se hizo pasar por un astronauta, un alto miembro de la CIA, condecorado con la Medalla del Honor y ganador del tropeo Top Gun. Fue arrestado después de colarse en un Centro de control de misiones de la Nasa, de haber tenido dos visitas VIP en bases navales y de recibir información específica sobre las lanzaderas espaciales. Cuando fue detenido indicó que su abogado era el presidente Bill Clinton. Pero mi favorito es un seudolama tibetano que se llamaba Lobsang Rampa. Su primer libro  se titulaba “El tercer ojo” y en él contaba como había sido sometido en su supuesta infancia en un monasterio tibetano (no hablaba ni una palabra de tibetano ni quería nunca encontrarse con algún tibetano) a una perforación en su frente para con esa trepanación tener clarividencia. El libro describe así la operación De pronto se oyó un chasquido y el instrumento penetró en el hueso. Instantáneamente el muy alerta cirujano detuvo el movimiento. Sostuvo firmemente el asa del instrumento mientras el lama Mingyar Dondup le entregaba una astilla de madera muy dura y muy limpia, que había sido tratada con hierbas y expuesta al fuego para hacerla tan dura como el acero. Esta astilla fue insertada en la U del instrumento y la deslizaron hasta que entró en el orificio de mi cabeza … De pronto sentí picazón en el puente de la nariz. Desapareció y alcancé a sentir una cantidad de aromas muy suaves que no pude identificar … Mientras me ataban la astilla para que no se moviera, el lama Mingyar Dondup se volvió hacia mí y dijo:  “Ahora eres uno de los nuestros, Lobsang. Por el resto de tu vida verás a la gente tal cual es y no como pretenden ser.” Algo que parece que no funcionaba con el pobre Dondup ni con muchos de sus seguidores en todo el mundo porque se negaban a ver que el tal Lobsang se llamaba Cyris Hoskin y era un escritor británico nacido en Plympton, Devon, Inglaterra. Según él esa no era su verdadera identidad y tan solo “ocupaba” el cuerpo de Cyril. Pero él era capaz de superarse, su libro “Mi vida con el lama” había sido, según él, dictado por su gato.    Para leer más: