Katarzyna Chawarska, profesora de la Universidad de Yale y directora del la Clínica de Discapacidades del Desarrollo Infantil de esta universidad ha encontrado que los niños que son posteriormente diagnosticados con autismo tienden a mostrar un crecimiento corporal anómalo, más rápido, excesivo. El estudio, publicado en octubre de 2011 en la revista Archives of General Psychiatry, muestra por primera vez una relación entre autismo y un rápido aumento de peso en el bebé.

Según Chawarska“encontramos que el crecimiento excesivo de la cabeza en el autismo [algo que ya se conocía de estudios previos] se acompaña por una curva similar para un crecimiento excesivo en altura y en peso.

Chawarska y otros colegas de la Universidad de Emory han estudiado los registros pediátricos de 64 niños con autismo y de otros 55 que tuvieron un desarrollo normal. Los datos muestran que aunque los niños con autismo eran normales en el momento del nacimiento, a los cinco meses eran más altos, a los 9,5 meses tenían cabezas más grandes y para su primer cumpleaños pesaban más que los niños que no fueron diagnosticados posteriormente con autismo.

El vínculo entre autismo y crecimiento de la cabeza en bebés ya se conocía pero éste es el primer estudio que muestra que el autismo está relacionado con un crecimiento corporal anómalo en otra zona que no sea la cabeza. El estudio también muestra que aunque las cabezas de los niños con autismo crecen a un ritmo más rápido que aquellas de los niños normales, el crecimiento de la cabeza está en proporción con el crecimiento del cuerpo del niño.

El estudio es sugerente porque abre nuevas perspectivas para la investigación genética y neurobiológica. Nos hace preguntarnos cómo se conectan el desarrollo del niño y el autismo, si es un problema exclusivamente cerebral porqué afecta al resto del cuerpo, ¿son factores genéticos, nutricionales, ambientales? Como tan a menudo sucede con el autismo, las generalizaciones no son posibles: no todos los niños que desarrollan autismo tenían sobrepeso en su primero año y no todos los niños con sobrepeso en su primer año, desarrollan posteriormente autismo. Por lo tanto, un aumento acelerado de peso no puede usarse como un marcador biológico pero puede unirse a otros factores de riesgo que sugieren estar vigilantes con algunos niños y su desarrollo psicológico.

Para el futuro es importante ampliar el estudio porque la muestra es relativamente pequeña y profundizar en los procesos genéticos y fisiológicos por los cuales el autismo puede favorecer el aumento de peso en algunos niños. Ver, por ejemplo, si hay diferencia en procesos hormonales, en el comportamiento del bebé (sueño, ejercicio, movimiento,..) o en la alimentación del niño (lactancia natural o artificial, introducción de alimentos nuevos,…), por citar algunas posibilidades.

Para leer más:

  • Konell, J. (2011) Autism and baby size linked. Yale Daily News. http://www.yaledailynews.com/news/2011/oct/25/autism-and-baby-size-linked/?print