Nuestro cerebro es sorprendentemente bueno reconociendo lugares, animales y, sobre todo, personas. En una fracción de segundo, aunque lo veamos en condiciones muy diferentes a las que estamos acostumbrados, podemos reconocer a un compañero de instituto que se ha dejado barba, lleva gafas, y se quedó calvo, después de llevar veinte años sin vernos. Cómo las neuronas consiguen esa flexibilidad, esa capacidad, enormemente superior a la de cualquier sistema informático de reconocimiento de caras es algo que todavía desconocemos. En monos, cuyo sistema visual es muy parecido al nuestro y con los que se pueden profundizar muchas investigaciones, se ha visto que las neuronas muestran una respuesta eléctrica ante caras y objetos y al mismo tiempo esa respuesta no es afectada frente a algunas propiedades del estímulo, del objeto observado, como el tamaño, la posición o el ángulo con que lo estamos viendo.  Es decir, aunque veamos a alguien de frente o de perfil, más cerca o más lejos, nuestro cerebro reconoce e identifica a esa persona mostrando una misma respuesta eléctrica.

Una estrategia para tratar a los pacientes con ataques epilépticos debilitantes y que no responden a los tratamientos es destruir o aislar el foco epiléptico. Para hacer ello, un neurocirujano debe identificar con claridad esa zona y llegar a ella con sus herramientas quirúrgicas. El cerebro no tiene receptores de dolor, por lo que una vez aplicada una anestesia local en la superficie del cabeza se puede “abrir el coco” y trabajar en el cerebro de una persona mientras él o ella están perfectamente conscientes. De este modo, el neurocirujano puede cartografiar la zona de la operación, lo que le permitirá una aproximación más eficaz y certera al foco epiléptico y también se puede aprovechar con el consentimiento informado del paciente, para hacer algunos experimentos.

Utilizando esta técnica se ha visto que las neuronas del lóbulo temporal medial disparan selectivamente cuando se les muestran imágenes de personas, animales, objetos o escenas. Pero dentro de esas neuronas se han encontrado un grupo que se activa selectivamente por fotos diferentes de la misma persona. Ello parece indicar que existe un código invariante, explícito, que permite transformar una imagen visual compleja en memorias abstractas y que se pueden mantener a largo plazo. Eso hace que podamos reconocer a aquel viejo compañero del instituto a pesar de los estragos del tiempo.

Un neurocirujano de la universidad de California Los Ángeles (UCLA) llamado Itzhak Fried realizó una de estas investigaciones donde al mismo tiempo que hacía un registro eléctrico de la actividad de las neuronas le iba enseñando fotos de personas y de animales. Su sorpresa fue que una de esas neuronas que él iba registrando se activaba siempre que se le mostraba una foto de Jennifer Aniston. Cuando al mismo paciente se le mostraban fotos de Julia Roberts o de personas desconocidas, o de animales, de lugares o de objetos, no se producía ninguna respuesta. Y sin embargo, disparaba con fotos de la protagonista de “Friends” de distintas épocas, en distintos ángulos, con distinta ropa o peinados. A continuación, Fried buscó en otras personas, en la misma región, y tuvo la fortuna de hallar la misma neurona, una que disparaba frenéticamente ante la imagen de Jennifer Anniston y que se mantenía en reposo frente a cualquier otro tipo de estímulo. Después de que este estudio tuviera una amplia repercusión en los medios de comunicación, distintos grupos de investigación siguieron la misma estrategia y encontraron otras neuronas que disparaban solamente en presencia de imágenes de Julia Roberts, de Hale Berry, de Bill Clinton, de Saddam Hussein o de Kobe Bryant. Aquí es donde propongo, sin pruebas experimentales pero con bastante lógica puesto que los cerebros a uno y otro lado del atlántico son similares que en Celtiberia debemos tener una neurona que responda ante la visión de Belén Esteban. Belén Esteban de frente o de perfil, llorando o riendo, en la portada de Interviú o en el plató de Sálvame, contando de su vida privada u opinando de la de los demás. En este momento creo que es necesario convocar un homenaje a cualquier lector que llegado este punto pregunte ¿y esa quién es? ¡Feliz mortal!

No sabemos porqué sucede eso, una neurona disparando es algo muy simple, muy pequeño, muy localizado para lo que se produce cuando vemos una foto de Belén Esteban. Por lógica hay partes del cerebro que se activan al recuerdo de su voz, de su relación con Jesulín, de su segunda boda y posteriores desavenencias con Fran Álvarez, de sus rifirrafes con “Mermelada”, de apodos como la “princesa del pueblo”, de los efectos de la cirugía plástica. Nuestro cerebro almacena memorias relacionadas con imágenes visuales o con auditivas relacionadas con ella y todos sus personajes asociados e inmediatamente todas esas piezas relacionadas con Belén Esteban se empiezan a pasar información haciendo, posiblemente, que una neurona en el centro de esa red de información sea la que diga “¡es ella!”. Esas otras neuronas es muy posible que estén haciendo, a la vez, otras cosas en el cerebro, guarden información sobre Jesulín, o sobre labios maltratados o sobre las personas que parece que no tienen vida propia y disfrutan metiéndose en las cloacas de las vidas ajenas, y de todos esos circuitos surjan solapamientos que terminen concentrándose, confluyendo en “la neurona de Belén Esteban”.

Así, ante la foto de Jennifer Aniston, o la de Belén Esteban, y líbreme Dios de meterlas en el mismo saco, pero sí en el mismo cerebro, un montón de neuronas se activan, formando una estructura, un patrón jerárquico y organizado, que nos dice: sí, es Belén Esteban, hoy es mi día de suerte (de mala suerte). Esa neurona solitaria que grita “La Esteban” está recibiendo señales de miles, quizá decenas o centenares de miles de neuronas e integrando todos esos disparos en un esquema coherente. Es también un esquema en evolución, ahora usted tiene en su cerebro que en un libro de Neurociencias se habla de esta señora, de los mecanismos cerebrales de su reconocimiento, de un cerebro que almacena datos sobre ella y la identifica en circunstancias muy diferentes. Estas líneas anteriores se han incorporado a esa estructura y su encéfalo ha establecido una nueva relación con nueva información: hasta los neurocientíficos hablan de la ex del torero.

Otro punto interesante es que parece que cuando reconocemos a una persona —y somos capaces de recordar muchos miles— generamos instantáneamente una de esas estructuras jerárquicas en nuestro cerebro utilizando datos relevantes y específicos. Somos muy parecidos unos a otros, dos ojos, una nariz, una boca,.. y  los otros elementos más variables (corte de pelo, ropa) en vez de ayudarnos pueden ser un elemento contraproducente porque no se parecen en nada a la imagen que almacenó nuestro cerebro en ocasiones anteriores. Aún así, lo hacemos remarcablemente bien. Y remarcablemente rápido. El investigador que ha trabajado más estos temas, Rodrigo Quian Quiroga, de la Universidad de Leicester (Reino Unido) encontró que una de esas estructuras respondía a una foto ¡de él! y eso que había conocido al paciente el día anterior.

Podríamos llegar a pensar si estudiando los disparos de nuestras regiones cerebrales seriamos capaces de saber lo que nuestra mente está pensando, lo que está haciendo. Si pudiéramos tener un mapa exacto de esos circuitos que se activan con la foto de Belén Esteban y luego, sin saber a quién está viendo, pudieramos determinar que el patrón de actividad es ese mismo, habría muchas posibilidades de que estuviera viendo una foto de esa persona, pensando en ese mismo ser. Sin embargo, no es tan fácil. Las técnicas no invasivas dan una información con poca definición, son señales de zonas que contienen, cada una, cientos de miles de neuronas. Vemos un patrón regional de activación, pero no podemos identificar los elementos concretos, individuales, de esos circuitos neuronales. Las técnicas invasivas permiten estudiar neuronas individuales pero causan un daño, no se pueden emplear ni mucho tiempo ni muchas veces. Así que de momento nos fallan las herramientas pero es lógico pensar que se irán perfeccionando con el tiempo y quizá algún día se pueda hacer eso tan desasosegante de poder leer —literalmente— la mente.

Algunos autores, como Seung, piensan que nos falta descifrar el código neuronal, pequeños circuitos de conexiones que correspondan, como una entrada en un diccionario a una información pequeña y concreta (por ejemplo, ojos saltones, labios carnosos, pelo rubio). Los que defienden esta posibilidad consideran que algún día nuestras técnicas de seguimiento de actividad neuronal nos permitirán identificar a las neuronas individuales implicadas en un proceso determinado y que nuestra capacidad informática nos permitirá almacenar esa información perteneciente a  un sistema formado por 80.000 millones de neuronas, conectadas por un billón de conexiones, una mapa que, además, está en continuo cambio por lo que mi cerebro de esta mañana ya no es el mismo que el de esta tarde. Otros investigadores piensan que sería un esfuerzo baldío, que aunque pudiéramos conseguir y operar esa cantidad ingente de información no sabríamos cómo funciona ese cerebro, que sería como intentar entender cómo funciona un ordenador a base de radiografías, de cortarlo en lonchas finas, de meter un cable haciendo agujeros en la carcasa y registrar sus señales eléctricas.

Por último, se ha utilizado la misma técnica de localizar neuronas con una respuesta específica y se ha visto que algunas neuronas de la amígdala derecha responden exclusivamente a imágenes de animales, no mostrando ningún cambio de actividad cuando se les mostraban fotos de personas o de paisajes. Mientras que había neuronas que respondían a todos los animales que se les presentaban, había algunas que respondían solo a algunos de ellos (una de ellas mostraba actividad cuando se le presentaban fotos de ratones o conejos, pero no respondía a rinocerontes, tigres o águilas). Los investigadores decidieron probar qué pasa con alguno de esos seres imaginarios que hemos creado y que evidentemente parecen una mezcla, humanos animalizados o animales humanizados. El estudio se ha hecho y los sujetos de experimentación han sido Yoda y mi querido Shrek. El resultado es que consideramos a Yoda y Shrek en la categoría de animales, nuestras neuronas especializadas en animales se activan ante su imagen. Puede ser un mecanismo de defensa porque la amígdala interviene en la memoria emocional como el miedo, algo que nos protege de un posible daño.  Si Shrek se enterara de ello probablemente se enfadaría y le respondería al investigador lo mismo que dijo en la tercera película de la serie: “No importa todo lo que la gente diga de ti, lo que importa es lo que tú crees que eres”.  Y seguro que Belén Esteban está de acuerdo con él.

Para leer más:

  • Mormann F, Dubois J, Kornblith S, Milosavljevic M, Cerf M, Ison M, Tsuchiya N, Kraskov A, Quiroga RQ, Adolphs R, Fried I, & Koch C (2011). A category-specific response to animals in the right human amygdala. Nature neuroscience, 14 (10): 1247-1249.
  • Viskontas IV, Quiroga RQ, Fried I. (2009) Human medial temporal lobe neurons respond preferentially to personally relevant images. Proc Natl Acad Sci U S A. 106(50): 21329-21334.
  • http://cellularscale.blogspot.com.es/2012/03/how-animals-shrek-and-yoda-stimulate.html