La crisis económica está golpeando España de una manera salvaje. Los que tenemos trabajo gozamos, de momento, de algo que parece un privilegio y los que tienen dinero, incluso de mejores oportunidades para hacer inversiones, pero somos parte de una sociedad y seríamos ciegos y estúpidos si no nos preocupásemos de la situación de nuestros conciudadanos. Según les vaya a ellos, nos irá a nosotros y creo, además, que tenemos una obligación con los que vienen detrás, con los más jóvenes, con los que acceden por primera vez al mercado laboral. En estos momentos estamos a punto de ser, la primera generación en muchísimo tiempo que deja a la generación siguiente las cosas peor de los que nos las dejaron a nosotros. Debemos ayudar a los más jóvenes que se enfrentan al acabar sus carreras a una situación que no entienden y de la que no son responsables. Debemos ayudarles en la búsqueda de empleo.

Los estadounidenses junto a algunos defectos ¿quién no? tienen muchas virtudes. Una de ellas es no esperar a que el Estado, los políticos o quien sea, resuelva las cosas, sino hacer cada uno lo que pueda y ponerse en marcha de forma inmediata. Cuando trabajaba en el Salk Institute en La Jolla (California) hubo unas terribles inundaciones en Tijuana. Tijuana está

a solo treinta kilómetros pero era como otro mundo y para algunos de mis compañeros gringos no solo era otro país sino un lugar donde residían todos los peligros. Ello no obstante, a la mañana siguiente de las inundaciones que arrasaron algunas de las barriadas más pobres, apareció un cartel en el laboratorio que ponía “Esta tarde vamos a Tijuana a ayudar. Hemos alquilado un autobús. El billete cuesta siete dólares. Llevar mantas, comida en lata y agua embotellada”. Lo recordaba al leer algunas iniciativas sobre cómo ayudar a una persona que acaba de terminar la carrera universitaria y no encuentra trabajo. Proporcionar ayuda, sencilla, sensata, rápida, eficaz. Algunas ideas:

  • Apoyo tecnológico. Hay muchas personas que no tienen un perfil on-line y eso les podría ayudar a venderse mejor o dar a conocer sus habilidades. Puedes ayudarles a crear una página web personal, un blog o una página de Facebook más profesional. Puedes enseñarle a usar redes profesionales como LinkedIn (y dejarles entrar en contacto con todas las personas de tu red que les pueda interesar)
    Puedes colaborar con él o ella en explorar portales de empleo como Infojobs, Laboris o Infoempleo. Puedes ayudarle a incorporar a esa herramienta web sus puntos fuertes y comentar con ellos como incluir aquellos aspectos que hablan a su favor.
  • Recursos materiales. una mesa para sentarse, acceso a Internet, imprimir algunas cosas en una impresora, usar nuestro coche.  Para algunas personas eso puede ser el impulso que necesitan, la diferencia entre estar o no estar.
  • Contactos. Normalmente ninguno tenemos problema para presentar a una o dos personas a alguien conocido. Pero puede hacer falta ser mucho más proactivo. Escribir cartas de recomendación, distribuir el currículum entre personas y empresas con las que tengamos confianza, movernos a su favor.
  • Consejo. Un consejo puede ser como navegar una agencia de empleo o qué formación complementaria le puede hacer más competitivo. Hay que intentar, aunque suene un poco esotérico, visualizar qué puesto de trabajo buscas, haciendo qué, en qué empresas se hace eso, cuáles son tus puntos fuertes, por qué te deberían contratar a ti. También puedes apoyarle y aconsejarle en un tema de autoempleo,ver quién le puede aconsejar sobre ayudas, tipos de empresas, tendencias de mercado, etc.
  • Apoyo psicológico. La persona buscando empleo tiene que dedicar parte del día a buscar trabajo pero también tiene que cuidar las cosas importantes de la vida (familia, amigos, deportes,..) Puede ser interesante hacer también alguna cosa que no podía cuando trabajaba, para que no todo tenga un aspecto negativo. Hay que huir de encerrase en casa, de ver la tele a todas horas, de cualquier camino que pueda acabar en una depresión. Si una empresa es muy interesante para él, puedes acompañarle, puedes entrenar con él entrevistas de trabajo, puedes criticar su currículum, ver cómo venderlo mejor.
  • Amistad. Hacerle sentir que no está solo, que puede compartir con alguien que le aprecia y le valora sus ilusiones y sus dificultades. Invitarle al cine o a cenar. No es un momento de celebración, no hay que ir a un restaurante de campanillas. Hay mucha gente que tiene problemas para aceptar algo que suena a caridad pero solo hay que recordarles que ellos harían lo mismo si la situación fuese al revés. Es un momento de hacer saber estoy a tu lado, eres un tío cojonudo, creo en ti y en tu futuro.
  • Dinero. Es un tema delicado pero realmente puede ser necesario y debes valorar hasta qué punto quieres ayudar. Tenemos un refrán, esa cristalización de lo mejor y lo peor de la sabiduría popular que dice que “el que presta dinero a un amigo, pierde el dinero y pierde el amigo”. En nuestra cultura, parece que la ayuda económica es un tema restringido a la familia, al círculo de sangre pero es decisión de cada uno, qué hacemos con nuestro dinero, a quién se lo regalamos o a quién se lo prestamos. Personalmente, creo que es un buen destino al dinero usarlo para ayudar a alguien a quien quieres, sea quien sea. Tan solo es importante, el respeto a la otra persona y recordar que simpatía y compasión, vienen las dos, etimológicamente, de “sufrir juntos”.

 

Y me gusta esa campaña que decía “esto solo lo arreglamos entre todos” aunque todos los listos aprovecharon la oportunidad para hacer su chistecito. Y a pesar de eso, creo que va a ser así y vamos a ser un mejor país.