Constantin von Economo fue un neurógo y psiquiatra rumano, de padres griegos, que en 1929 descubrió unas neuronas, las llamadas neuronas en huso que ahora llamamos células de von Economo, en recuerdo de su descubridor. En un principio se pensó que estas neuronas eran exclusivas del cerebro humano, lo que abrió un debate sobre esas cosas que pensamos que solo están en nosotros. La lista de habilidades que se han considerado exclusivas de los humanos es muy larga, muchas de ellas se han caído (lenguaje, uso de herramientas, planificación, capacidad de resolver problemas, etc.) y muchas otras no podemos comprobarlo (sentimientos,  consciencia de uno mismo, racionalidad, sabiduría,..) Posteriormente, las células de von Economo se encontraron en otros primates, como los grandes simios con quien tenemos tantísimas cosas en común y finalmente, se han encontrado en otros dos grupos interesantes de animales: los cetáceos (ballenas, cachalotes y delfines) y los elefantes, tanto asiáticos como africanos. En ningún otro grupo. De todas las especies en que están presentes estas grandes células nerviosas, los humanos son los que tienen más y donde son de mayor tamaño.

Las neuronas de von Economo (NvE) son muy grandes, con una forma determinada, de huso (fusiforme) o de músculo. De este cuerpo celular nace una única dendrita y un único axón. Es una forma llamativa porque la mayoría de las neuronas de la corteza cerebral tienen muchas dendritas. Una segunda característica llamativa de las NvE es que se encuentran solo en dos localizaciones concretas, la corteza cingular anterior y la corteza ínsulo-frontal. El gran tamaño de las NvE les permite tener enormes árboles dendríticos y axónicos por lo que se piensa que permiten una rápida comunicación entre zonas alejadas del cerebro, algo especialmente necesario porque los grupos de especies donde están presentes son las que tienen el cerebro más grande de todos los animales: el cerebro de un cachalote pesa 7,8 kilos, el de un elefante 4,8, el de un delfín 1,6 y el de un humano 1,3-1,4.

Junto a la relación con cerebros de gran tamaño, se ha pensado, debido a su presencia exclusiva en las especies mencionadas que pudieran estar involucradas en funciones de alto nivel, relacionándolas con capacidades únicas de estos grupos como la percepción, el tono perfecto, características enormemente desarrolladas como el lenguaje o problemas que, por lo que sabemos hasta ahora, también son exclusivos de los humanos, como el autismo o la dislexia. Todas las especies donde hay NvoE son también muy sociales por lo que es posible que estén relacionadas con aspectos exclusivos del manejo neuronal de unos vínculos sociales de gran intensidad.

Un investigador norteamericano, John Allman, del California Institute of Technology, considera que las neuronas de von Economo son como controladores del tráfico aéreo, pero para las emociones. Y eso lo conseguirían canalizando señales entre zonas alejadas entre sí del encéfalo. De hecho, la corteza cingular anterior, una de esas dos zonas donde están presentes estas neuronas, se activa con las emociones intensas y también durante tareas complejas que requieren juzgar y discriminar, como la detección de errores (esos dibujos del periódico aparentemente idénticos donde nos piden encontrar las siete diferencias o corrigiendo un texto a máquina para buscar errores ortográficos o tipográficos). Esta zona de la corteza parece que es fundamental en tareas complejas y cuando experimentamos sensaciones intensas como amor, rabia o deseo. Un ejemplo llamativo del papel de la corteza cingular anterior en las emociones y la discriminación es que se ha visto que estas neuronas de se activan intensamente cuando una madre oye llorar a su hijo y no si al que escucha es otro niño.

La otra zona donde están presentes, la corteza ínsulo frontal forma parte de un circuito complejo relacionado con el tacto, con la consciencia de uno mismo y con las emociones más complejas. También interviene en la navegación y en la percepción de las rotaciones tridimensionales. Es decir, esta corteza es la encargada de solventar el cubo de Rubik.

Las neuronas de von Economo son especialmente susceptibles a la degeneración en la enfermedad de Alzheimer. Se ha visto que un 60% de las NvE desaparecen en la corteza cingular anterior, una vulnerabilidad mucho mayor que la de otros tipos de neuronas de la misma región. Algo que no sabemos porqué sucede pero que parece de enorme interés. También se ha visto que están selectivamente dañadas en otros trastornos mentales como la demencia frontotemporal. Cuando el desarrollo de las NvE presenta alguna anomalía se ha visto que son mucho más comunes los trastornos psicóticos caracterizados por una realidad distorsionada, alteraciones del pensamiento o el lenguaje y rechazo de los contactos sociales.

Pero hay otro tema en el que las neuronas von Economo pueden estar relacionadas y que es también uno de esos puntos que han llegado a la cultura popular. La relación ante la muerte de precisamente esos tres grupos de mamíferos: elefantes, cetáceos y homínidos.

Existe la idea de que los elefantes escoltan a los elefantes enfermos, y según una leyenda popular les acompañaban en la muerte hasta un cementerio de elefantes. No existen esos cementerios de elefantes y parece que sería una observación donde en períodos de sequía los animales se van concentrando en zonas donde quedan las últimas reservas de agua o de comida. En esas zonas, los elefantes se van debilitando y muriendo con lo que finalmente se observa una llamativa concentración de osamentas de elefantes, el sueño de un traficante de marfil. Pero sí que es evidente que elefantes, gorilas o chimpancés, por poner solo

algunos ejemplos muestran comportamientos especiales en el momento de la muerte de un miembro del grupo, que tienen algunas similitudes con lo que hacemos nosotros cuando perdemos a un ser querido.  Estudios recientes en delfines han visto también comportamientos llamativos en relación con la muerte. Se ha visto que los animales responden de manera diferente si la muerte es súbita, inesperada o si el animal estaba enfermo y llevaba un tiempo más o menos prolongado de agonía, con lo que estarían de alguna manera preparados. Todo esto debe comentarse con prudencia. Observar la muerte en la naturaleza es algo muy poco frecuente y los humanos tendemos a aplicar nuestros criterios, dar una “explicación humana” a lo que vemos en otros seres, especialmente si les tenemos simpatía.

Joan Gonzalvo, un barcelonés que trabaja en el Instituto de Investigación Tethys de Milán lleva años observando una población de delfines (Tursiops truncatus) en el mar Jónico. En 2007, este biólogo vio un delfín hembra con el cadáver de su cría recién nacida. La madre levantaba el cadáver por encima del agua, una y otra vez, aparentemente intentando ayudarle a que respirara. Vieron a la madre repetirlo sin parar, en ocasiones de una manera angustiosa, durante dos días. “La madre nunca se separó de la cría” —indicaba Gonzalvo— “podíamos oír sus llamadas cuando le tocaba con las aletas pectorales o el hocico. El recién nacido tenía una gran magulladura en su mandíbula inferior, lo que podía indicar que había sido asesinado por otro delfín. Gonzalvo indicaba que “el infanticidio es conocido en esta especie.” Es una imagen similar a esos casos de chimpancés que han trasportado durante días una cría muerta o a una madre humana luchando para que no la separen de un hijo recién fallecido.

En los elefantes se han observado comportamientos característicos alrededor de la muerte. Algunos llegan a hablar de rituales funerarios. Se les ha visto moviendo con un enorme cuidado los huesos de otros elefantes con sus trompas y patas. También hay referencias de elefantes que visitan el lugar de fallecimiento de otros elefantes, en ese toque antropocéntrico, “visitan las tumbas” de esos parientes. Por otro lado, se ha visto a elefantes que acompañan o intentan ayudar a otro elefante que está enfermo o herido.

Martin Meredith, un escritor especializado en África tiene un libro titulado “Africa’s elephant: a biography” donde cuenta una experiencia de Anthony Hall-Martin. Trata del grupo familiar de una gran elefante hembra, la matriarca del grupo, que acababa de morir. El grupo, incluyendo una joven cría, la tocaban con sus trompas intentando levantarla o animarle a hacerlo por su cuenta. Todo el rebaño de elefantes producía ruidos como si murmuraran. La cría parecía estar sollozando y hacía sonidos que parecían un grito y de repente, todo el grupo se quedó en un silencio impactante. Empezaron a echar hojas y tierra  sobre el cuerpo y rompieron ramas de varios árboles con los que la cubrieron. Estuvieron los siguientes dos días de pie junto al cuerpo. A veces marchaban a por agua o comida, pero volvían siempre junto al cuerpo de la matriarca fallecida.

Hay también numerosas referencias de elefantes que han enterrado a personas fallecidas o dormidas. El mismo Meredith cuenta que George Adamson, un guarda de los parques kenianos le contó que una anciana turkana se quedó dormida bajo un árbol, después de haberse perdido en el camino de vuelta a casa. Cuando despertó había un elefante junto a ella, tocándole con suavidad.  De puro miedo, se quedó muy quieta. Llegaron otros elefantes que empezaron a gemir con grandes voces y la cubrieron con un montículo de ramas. Unos pastores la encontraron a la mañana siguiente, sin ningún daño. El mismo guarda contaba que tuvo que sacrificar un elefante que invadía continuamente terrenos de cultivo. Dio la carne a unos poblados turkana de la zona y se llevó la osamenta a un kilómetro de distancia. Esa noche, los otros elefantes de su manada encontraron el cadáver, cogieron un omóplato y un fémur y los llevaron hasta el sitio exacto donde había muerto el elefante. Pueden ser cuentos de caza de un ranger imaginativo o una señal sobre tantas cosas que desconocemos sobre animales que seguimos asesinando por su carne o su marfil.

Probablemente es poco lo que sabemos y nos estamos moviendo, todavía, en el ámbito de la pura especulación. Pero todo parece indicar que los tres grupos de animales con los cerebros más grandes: elefantes, cetáceos y homínidos, los tres grupos que tienen neuronas de von Economo, comparten una auténtica vida social, sistemas de comunicación elaborados y un concepto de la muerte, de la pérdida, del dolor por el otro, del duelo.

Para leer más:

  • Coghlan, A. (2006). “Whales boast the brain cells that ‘make us human'”New Scientist. 27 de noviembre
  • Meredith, M. (2001) Africa’s elephant: a biography. Hodder & Stoughton, Londres.
  • Wikipedia. http://en.wikipedia.org/wiki/Von_economo_neurons (acceso 6 de diciembre de 2011)
  • http://dougal.union.ic.ac.uk/media/iscience/blog/do-elephants-mourn/