Nicole Kidman, la magnífica actriz australiana que le gusta a Javi y a unos pocos millones más, tiene un problema psicológico: tiene lepidopterofobia, fobia a las mariposas. Así, unos seres que para muchas personas son delicados, hermosos, frágiles, inofensivos; para otros, como Kidman, son un elemento de terror.

El miedo es una de nuestras sensaciones más poderosas. Nos hace sufrir y nos protege, puede ser causa de nuestras mayores desdichas y también ser un aliado principal para nuestra supervivencia. Una fobia es un tipo de pánico especial, un trastorno de ansiedad definido como un miedo persistente hacia un animal, objeto o situación en la cual la persona se toma un  enorme trabajo para evitar al origen de su fobia. Ante ese elemento causante, el organismo muestra una respuesta sistémica de supervivencia, lo que llamamos una reacción del tipo “luchar o huir”. Lo que para unas personas genera una ansiedad enorme, para otras es atractivo y viceversa. Nicole Kidman indicaba “Es algo extraño. No tengo miedo a las serpientes o a las arañas, pero tengo pánico a las mariposas.”

En un libro reciente titulado “Who’s Afraid of Butterflies? Our fears and phobias named and explained”, el antropólogo Stephen Juan cita las 50 fobias más frecuentes. Podemos tener fobias a cosas como envejecer (aetatemofobia) o a los vómitos (emetofobia). Entre las fobias más comunes están la agorafobia (a los espacios abiertos), la claustrofobia (a los espacios cerrados), la acrofobia (a las alturas), la mysofobia (a estar contaminado), la xenofobia (a los extranjeros), la necrofobia (a los muertos y otros seres sin vida), la brontofobia (a los truenos y relámpagos), la carcinofobia (al cáncer), la aviofobia (a volar) y la aracnofobia (a las arañas). No solo tenemos más fobias identificadas, hay también más personas sufriendo fobias en la actualidad que hace años. Parece que estamos tan acostumbrados a nuestra calidad de vida, al confort de nuestros domicilios, a nuestro estilo personal, que algo que lo pueda poner en riesgo, en forma real o imaginada, nos genera un auténtico trastorno psicológico.

Las fobias varían en gravedad entre distintas personas. A algunos individuos les basta con evitar el tema de su fobia y sufren una ansiedad relativamente leve sobre ese miedo. Otros sufren un ataque de pánico muy grave, que les genera una incapacidad para reaccionar, un bloqueo completo. La mayoría de las personas, salvo los niños, entienden que tienen un miedo irracional, pero no pueden evitar que la reacción incontrolada de pánico les supere .

Los psiquiatras y psicólogos clasifican las fobias en tres grandes grupos:

  • Fobias sociales: Cuando involucran a otras personas o un entorno social. Miedos al escrutinio de la gente: por ejemplo, a comer en público o a hablar delante de un grupo de personas.
  • Fobias específicas: Cuando hay un elemento concreto que lo desencadena: ratones, arañas, serpientes, aviones, truenos, agua, altura, contagiarse una enfermedad determinada,…
  • Agorafobia: Un miedo generalizado a dejar tu domicilio o un sitio concreto que se considera “seguro”. Incluye también el miedo a tener ataques de pánico por esa situación. Puede ir unido con fobias específicas como a los espacios abiertos, a las situaciones sociales complejas (fobia social) o estar relacionado con otros trastornos de la mente como la manía obsesiva o el trastorno de estrés postraumático. Kim Basinger, otra actriz maravillosa, sufre de agorafobia.

La mayoría de las fobias se originan en la infancia, pero puede haber también un factor aprendido o social. Si una niña ve que su madre tiene miedo a los truenos y la ve temblar y mostrar señales evidentes de su pánico, es posible que esa niña desarrolle también miedo a las tormentas. Pero hay también fobias que aparecen en la vida adulta. Jennifer Aniston, la protagonista de “Friends” tiene fobia a los aviones pero parece que se originó después de que estuviera a punto de estrellarse en un vuelo de Toronto a Nueva York, así que no es algo totalmente irracional.

Dentro del cerebro, las fobias van asociadas a la amígdala, una zona encargada de dotar de un componente “emocional” a la memoria. Si tenemos un mal encuentro en una calle oscura, la amígdala lo grabará en nuestro cerebro y la siguiente vez que estemos en un escenario parecido, nos hará sentir miedo, con lo que estaremos alerta para evitar ese peligro y luchar o huir. Parece que cuando se inicia esa respuesta de miedo o agresividad, la amígdala inicia la liberación de hormonas en nuestro cuerpo que nos ponen en un estado de alerta y nos preparan para correr o pelear. Un mono con la amígdala dañada ve en serio peligro su supervivencia porque se mete continuamente en problemas con monos más fuertes. No es capaz de recordar el daño sufrido, no tiene miedo, y la ausencia de miedo, la valentía irracional suele ser fatal para él.

Los datos sobre fobias en las “celebrities” son numerosos. Según mis búsquedas en las revistas y webs del cotilleo, una actividad científica realmente apasionante, Orlando Bloom tiene fobia a los cerdos, Christina Ricci a las plantas de interior, Johnny Depp y Daniel Radcliffe a los payasos, Scarlett Johansson a las cucarachas, Madonna a los truenos, Matthew McConaughey a las puertas giratorias, Justin Timberlake a los tiburones, Tobey Maguire a las alturas (¡y eso que fue Spiderman y se columpiaba entre los rascacielos de Nueva York!), Alfred Hitchcock la tenía a los huevos y Andy Warhol a los hospitales. Mi favorita es Pamela Anderson quien tiene, al parecer, fobia a los espejos. Puede ser una reacción natural ante las barrabasadas que se ha hecho en el cuerpo con la colaboración de algún cirujano “de plástico.” Así que parece que cualquiera que quiera ser un famoso o famosillo, debería ir pensando a qué fobia apuntarse. Y Javi se queda con Kidman y los demás a aguantarse.