Según el libro Guinness de los Récords, el hombre más alto del que se tiene constancia documental es Robert Wadlow, un americano que midió 2,72 metros. Wadlow murió a los 22 años, un detalle común a las personas de ese tamaño: la mayoría mueren a edades muy tempranas aquejados de graves problemas de salud. Además, en muchos es difícil medir la altura exacta pues tienen una curvatura patológica de la columna vertebral que les impide colocarse erguidos.

Los animales que más llaman la atención a un niño son los grandes mamíferos africanos: leones e hipopótamos, elefantes y jirafas, rinocerontes y gorilas. Pero a menudo olvidamos un detalle evidente en la Naturaleza: que la inmensa mayoría de las especies animales son pequeñas, diminutas o microscópicas. Nosotros somos, por así decirlo, una de las excepciones. Y sin embargo, no es así en las plantas. Numerosas plantas tienen un gran tamaño, considerablemente mayor que el de los animales y las llamamos árboles. De hecho, para definir una planta como árbol tiene que tener en su madurez una altura mínima entre tres y seis metros.

Los árboles más altos de la Tierra son las secuoyas de la costa del Pacífico, una de las cuales ocupa el centro del claustro del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca. Según la leyenda, el plantón fue traído como obsequio por uno de sus antiguos alumnos, Hernán Cortés.

Las diez especies más altas, con especímenes en pie correctamente medidos son las siguientes:

  1. Sequoya (Sequoia sempervirens): 115.56 m, Redwood National Park, California, EEUU
  2. Eucalipto australiano (Eucalyptus regnans): 99.6 m, sur de Hobart, Tasmania, Australia.
  3. Abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii): 99.4 m, Brummit Creek, Coos County, Oregón, EEUU
  4. Palisandro filipino (Petersianthus quadrialatus): 96.9 m, Agusan del Sur, Mindanao, Filipinas
  5. Pícea de Sitka (Picea sitchensis): 96.7 m, Prairie Creek Redwoods State Park, California, EEUU
  6. Secuoya gigante (Sequoiadendron giganteum): 94.9 m, Redwood Mountain Grove, Kings Canyon National Park, California, Estados Unidos.
  7. Eucalipto común (Eucalyptus globulus): 90.7 m, Tasmania, Australia.
  8. Manna Gum (Eucalyptus viminalis): 89 m, Evercreech Forest Reserve, Tasmania, Australia.
  9. Shorea faguetiana: 88.3 m  Tawau Hills National Park, Isla de Borneo
  10. Fresno alpino (Eucalyptus delegatensis): 87.9 m, Tasmania, Australia

Tenemos que imaginar lo que significa para estas plantas ser capaz de subir una gota de agua desde el suelo a más de 100 metros de altura.

Todos los seres vivos están formados por células y todos los organismos tienen un sistema de aumentar su tamaño que es aumentando el número de células. Las células del hígado de un ratón tienen un tamaño parecido al hígado de un oso, solo que el hígado del oso tiene muchas más células. Pero las plantas tienen, además, otro sistema de crecimiento del organismo que es aumentando el tamaño de sus células. Las células vegetales pueden “expandirse” y convertirse en mucho más grandes que las células animales, que no tienen esta posibilidad. Así, las encinas que veo desde esta ventana, preciosas en la primera luz de la mañana, tienen un número de células parecidas a un hígado humano. Si todas las células de esa encina majestuosa de más de cien años tuvieran el tamaño de las células de un animal, ese árbol tendría el tamaño del gato que está dormitando en su base.

La razón por la que las células vegetales pueden alcanzar esos tamaños es porque tienen una envuelta especial que es la pared celular. La pared actúa como una envoltura más o menos rígida (por decirlo de una manera gráfica y pensando en tres productos cotidianos hechos mayoritariamente con paredes celulares vegetales, puede ser de papel, de cartón o de madera).

La célula vegetal empuja su pared desde dentro haciendo que la pared se expanda y la planta crezca. Además, la célula vegetal puede presentar grandes vacuolas en su interior con lo que tampoco necesita gastar mucha energía para llenar su volumen de estructuras celulares; puede rellenar gran parte de ese volumen con agua.

Es difícil imaginar cómo seríamos los animales si nuestras células tuvieran paredes. Perderíamos muchas funciones importantísimas, las neuronas no podrían funcionar si estuvieran envueltas por una pared, pero es posible que pudiéramos medir, nosotros también, cien metros de altura. En el Señor de los Anillos, aparecen unos seres llamados “Ents” que son árboles que caminan y hablan. Curiosamente, después de los dragones, los árboles que hablan y/o se desplazan son los seres mitológicos más frecuentes, con una distribución más amplia entre las culturas del mundo.

Los Ents tienen un papel decisivo en el segundo volumen de la Trilogía, “Las dos torres”, donde  guiados por Bárbol, el más antiguo de ellos, y acompañados por dos hobbits destruyen Isengard y atrapan a Saruman. Tolkien contó que la inspiración para este ataque fue la escena de Macbeth cuando los soldados de Malcolm camuflados con ramas se acercan al castillo de Dunsinane. A Macbeth le habían profetizado que no sería  derrotado hasta que el gran bosque de Birnam subiera a la colina de Dunsinane por lo que estaba tranquilo. Cuando el centinela le avisó que parecía que los árboles se movían acercándose al castillo, el mensaje estaba claro: había llegado su hora.

Para leer más:

  • http://en.wikipedia.org/wiki/Tallest_Tree_in_the_world#Tallest_trees