Cae la noche.

El corazón desciende

infinitos peldaños,

enormes galerías,

hasta encontrar la pena.

Allí descansa, yace,

allí, vencido,

yace su propio ser.

 

El hombre puede

cargarlo a sus espaldas

para ascender de nuevo

hacia la luz penosamente:

puede caminar para siempre,

caminar…

¡Tú que puedes,

danos nuestra resurrección de cada día!