Jorge Luis Borges tiene un cuento titulado “Funes el memorioso”, publicado en La Nación en 1942 y luego en su libro “Ficciones” (1944) donde habla de un curioso personaje uruguayo, Irineo Funes, que tiene rarezas como saber “siempre la hora, como un reloj”. A los 19 años, Funes tiene un accidente en el que pierde el conocimiento y tras recobrarlo, su memoria se ha hecho completa, recordando todos los detalles, la forma de las nubes cada minuto de un día determinado, y eterna, es incapaz de olvidar. Funes le explica al estudiante porteño que hace de narrador “Más recuerdos tengo yo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo.” Es posible que Borges se inspirara en un ensayo de Nietszche titulado “De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos para la vida”. En el ensayo, subrayado por Borges en su biblioteca personal,  el filósofo alemán plantea que imaginemos “a un hombre que estuviera absolutamente desprovisto de la facultad de olvidar y que estuviera condenado a ver en todas las cosas el devenir”.   Algo así plantea sobre el efecto de la Historia.

En el relato borgiano, el estudiante le ha dejado a Funes algunos libros en latín, entre ellos un tomo de la “Naturalis Historia” de Plinio, y Funes refiere a su visitante los casos de memoria prodigiosa allí recogidos: “Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la nemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez.”

Existen campeonatos en el mundo real para identificar a las personas con esa capacidad, ese gran desarrollo de la memoria. En noviembre de 2009, un hombre de negocios chino, Lu Chao, consiguió recitar los sucesivos decimales del número pi, hasta la posición 67.890. Tardó veinticuatro horas y seis minutos en decirlos. Como todos los expertos en estos concursos, usó trucos nemotécnicos. Para recordar una lista impresionante de números como esa, lo que hizo fue asignar consonantes a los números del 0 al 9. Luego los separó en grupos de cuatro y asignó vocales aleatorias para formar algo parecido a palabras. Entonces convirtió esas palabras en imágenes y las fue colocando en un recorrido, un viaje o las distintas habitaciones de un gran edificio, lo que los nemotécnicos llaman el “palacio de la memoria”. Luego volvió a recorrer ese camino, en el mismo orden de pisos y habitaciones, haciendo una traducción inversa de las imágenes a las letras, y de las letras a los números originales. El mismo sistema se utiliza para recordar palabras inconexas o las cartas que han salido de una baraja.

Además de los caminos de asociaciones, los campeones de la memoria utilizan los siguientes sistemas:

Usar pistas visuales. Por ejemplo, para recordar los nombres de personas. Si nos están presentando a alguien que se llama Miguel Santos, es imaginarle en ese momento que se señala a sí mismo y luego asiente diciendo que está bien (mi?-well ) y luego señala una mesa llena de figuras de santos.

Crear pequeñas historias. Una prueba frecuente en los campeonatos de memoria es recordar tantos números de una lista aleatoria como sea posible. Nelson Dellis, campeón en Estados Unidos consiguió 178, utilizando el método de paquetes numéricos. Él usa combinaciones de números de dos cifras para pequeñas historias con un  personaje famoso, una acción y un objeto. 17 puede ser, por ejemplo, Zapatero pelando un plátano (no segundas lecturas, por favor). 24 es Ana Belén bebiendo agua. Un número complejo como 172417 se puede recordar como Zapatero bebiendo un plátano (insisto, sin segundas). Es un método complejo, que necesita muchas horas para memorizar el “código” y solo útil a quien se gana el pan en estos concursos de memoria y en exhibiciones, pero hay muchos ejemplos de pequeñas frases para recordar listas de términos, usadas por los estudiantes de muchas disciplinas. Por poner un par de ejemplos:

  1. Química Orgánica: el término sin sentido “omsgap” ayuda a recordar los nombres de los ácidos dicarboxílicos de cadenas crecientes de carbono: oxálico, malónico, succínico, glutárico, adípico y pimélico.
  2. Astrofísica: el orden de los espectros de las estrellas o escala de Hertzsprung–Russell tiene la siguiente secuencia: OBAFGKMRNS. Es más fácil de recordar con la frase Oh Be A Fine Girl, Kiss Me Right Now Sweetheart . Los tres últimos grupos (RNS) se consideran ahora subdivisiones de la clase M.

Repetir, repetir y repetir. Cada vez que releemos unos apuntes estamos reforzando los engramas de memoria. Los campeones que recuerdan cartas asociándolas a objetos, repasan una y otra vez las cartas, pero no para aprenderse la baraja, sino para reforzar esas asociaciones que han construido en su mente.

Hacer exámenes. Los resultados en estudios científicos comprueban que si a unas personas se les dan unas horas para que recuerden algo (por ejemplo, palabras en otro idioma) y a otros, dentro del mismo tiempo, se les examina cada hora, los resultados son mucho mejores en el segundo grupo, aunque todos los sujetos del experimento se estén esforzando en recordar los términos que deben aprender y han dispuesto del mismo tiempo.

Evitar distracciones. Suena elemental pero se ha comprobado que ser distraído por otros pensamientos o por estímulos externos es el mayor enemigo a la hora de memorizar algo. Cada uno debemos encontrar el sistema, lugar de trabajo, horario, ambiente que nos rodea que nos ayude a evitar esas distracciones. Por ejemplo, hay quien usa tapones para los oídos para no oír ruídos o estudia en una biblioteca donde sabe que no puede sonar su teléfono móvil.

Ejercitar también el cuerpo. Los ganadores de los concursos de memoria se llaman a sí mismos atletas metales, pero prácticamente todos ellos, al igual que los jugadores de ajedrez, están en buena forma física. Es el viejo adagio latino de “mens sana in corpore sano”.

Utilizar varios sentidos a la vez. Por ejemplo cuando estudiamos, si repetimos palabras en voz alta, nos será más fácil recordarlas que si solo las leemos, pues estamos usando también el oído. Una imagen característica de los niños que vemos aprendiendo el Corán o la Torah es como se balancean rítmicamente, al mismo tiempo que recitan en voz baja los versículos. Mezclan vista, oído, equilibrio. Dicen que un viejo rabino untaba las páginas con una disolución de miel con lo que los niños al pasar el dedo por los renglones impregnaban su dedo que luego chupaban. Era un refuerzo positivo, un dulce, y al mismo tiempo involucraban un sentido más, el gusto. Al estudiar, muchos se tocan el pelo, ponen música suave, colocan una varita de incienso, comen un trocito de chocolate, fuman un cigarrillo o beben un café para memorizar unos apuntes antes de un examen. Están reforzando la capacidad memorística simultaneando varias entradas sensoriales.

Parece que esta capacidad de usar varios sentidos era uno de los méritos de Solomon Shereshevsky uno de los más famosos nemotécnicos o memoriosos, estudiado por el neuropsicólogo ruso Alexander Luria. Shereshevsky era periodista y su editor se enfadó con él porque no tomaba notas cuando daba instrucciones a la redacción. Shereshevsky le repitió todas las instrucciones palabra por palabra y pensaba que todo el mundo tenía la misma capacidad. El editor le mandó al médico y es donde Luria le “descubrió”. Shereshevsky tenía sinestesia, una rara cualidad mental donde los sentidos se mezclan y se confunden y, por ejemplo, los colores tienen, cada uno, un olor característico. Él veía los números con personalidades características (el uno era un hombre envarado y rígido, el dos era una mujer sensual y alegre, el tres un hombre mustio, oscuro, ..) En su caso, las palabras, al oírlas o leerlas generaban un color brillante y una sensación en el gusto llamativa, lo que hacía más fácil recordarlas.

La capacidad de Funes se muestra en el relato de Borges como una desgracia: su memoria prodigiosa le hace incapaz de pensar. “Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer.” Del mismo modo en el ensayo filosófico: “Tanto las grandes dichas como las pequeñas –señala Nietzsche- son siempre creadas por una cosa: el poder de olvidar o, para expresarme en el lenguaje de los sabios, la facultad de sentir”.  A Sheresheveski, su don le hizo imposible la vida. Su problema es que era incapaz de olvidar. Tenía grandes problemas para comunicarse con la gente puesto que todos los recuerdos se le agolpaban en el cerebro haciéndole casi imposible mantener una conversación fluida con nadie. Tuvo que desarrollar trucos para conseguir hacer desaparecerlas memorias de su cabeza, como colocarlas en una pizarra mental e irlas borrando.

Así que puede ser cierto esos que opinan que tener una buena memoria es una desgracia, pero no en época de exámenes.

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