INNOVADORES_1_Escribo esta columna sobre innovación. Y me doy cuenta que la gente, mis compañeros me hablan de cosas que no son innovación, como por ejemplo la investigación o la invención. Hay muchas definiciones pero las mejores son las más sencillas: Innovar es implementar ideas que generen valor, que se conviertan en nuevos productos. Un invento es una idea y solo se trasforma en innovación cuando se convierte en algo por lo que alguien paga dinero. Cuando patentamos algo es porque estamos pasando de inventar o investigar a innovar. Y patentamos poco: 53 patentes por millón de habitantes frente a 1.113 por millón en Corea del Sur (datos de 2008). El valor puede ser económico pero también social, el producto puede ser un objeto pero también un servicio, un proceso, un modelo de negocio, un nuevo mercado. Y ese valor obtenido mediante la innovación se aplica tanto a la persona, la empresa o la institución que lo creado como la persona  que lo usa. Y mejora un país, tanto en los productores como en los consumidores. Normalmente pensamos que ese beneficio se produce en el producto final; es decir, los consumidores valoran una innovación como para pagar más por esa novedad pero también se puede producir en la fase inicial, en la de los costes, generando un producto de una manera más eficiente, más económica, más rápida o más respetuosa con el medio ambiente. La innovación aumenta la competitividad y crea futuro.

Hay términos de la Biología que han pasado a la cultura general: uno de ellos es “ecosistema”. Los biólogos decimos que un ecosistema es un lugar físico, los seres que habitan en esa zona y las relaciones que establecen entre todos ellos (quién se come a quien, quién colabora con quién,…) Los elementos que forman un ecosistema de innovación son muchas veces intangibles: confianza, curiosidad, tolerancia, diversidad, valentía y la capacidad y el deseo de cambiar cosas: puede ser hacer del mundo un lugar mejor o modificar un status quo o asumir riesgos y fracasar. Una vez leí que el cambio brutal que se produjo en España al comienzo del siglo XVI, donde lo que pocos años antes era un grupo de reinos medievales se enfrenta a imperios y conquista territorios mucho más extensos que el propio es porque aquellos españoles acababan de lograr una serie de retos, las conquistas de las islas grandes de Canarias, las batallas de Melilla y Orán, la toma de Granada,…  y pensaron que cualquier empresa, por difícil que fuera, estaba a su alcance. Ahora temo que caigamos en lo contrario, que sintamos que todo nos supera, que generamos la crisis y ahí nos quedaremos, que este país no tiene solución ni casi futuro. No es verdad. Podemos y saldremos. Tenemos fundamentos sólidos y llegan unas magníficas generaciones. Con trabajo, con sacrificios, asumiendo riesgos afrontando nuevos retos. Y el futuro será lo que queramos que sea.