Una de las principales preocupaciones en el mundo occidental son los atentados terroristas. El asesinato indiscriminado de personas inocentes forma parte de nuestra realidad cotidiana, del aeropuerto de Moscú a los mercados de Afganistán, los boletines de noticias nos acercan la crueldad de quien usa el terror como estrategia. A pesar de las medidas de seguridad es fácil esconder explosivos en un paquete, en un vehículo, bajo la ropa. Es por tanto lógico que una vía de defensa sea detectar los explosivos escondidos, especialmente en sitios sensibles como aeropuertos y lugares con altas densidades de personas.

Los explosivos más usados son derivados del TNT. Mauricio Antunes y su grupo de investigadores de la Universidad del Estado de Colorado han creado por ingeniería genética una planta que cambia de color cuando existen cantidades infinitesimales de TNT en el aire. Han diseñado receptores de superficie de alta sensibilidad y los han ligado a una ruta metabólica que genera la expresión de nuevos genes que, a su vez, originan cambios en un sistema detectable a distancia y cuantificable. En contacto con los vapores que desprende el TNT, las plantas retiran la clorofila, el pigmento verde que absorbe la luz, con lo que las hojas se blanquean. Es algo que puede notar cualquier persona aunque no tenga una formación o un entrenamiento especial.  El fundamento biológico de esta invención es que las plantas han evolucionado para adaptarse a las condiciones de su medio. Al no poder desplazarse necesitan estar continuamente monitorizando el ambiente que las rodea y ajustándose a él. Se sabe que las plantas detectan contaminación o agentes infecciosos, además de los cambios fundamentales en luz, humedad o CO2.

El sistema es sensible, las plantas son capaces de detectar cantidades de vapor de TNT en el aire cien veces menor de las que puede detectar un perro con su olfato. El problema es que el mecanismo es lento. Los cambios bioquímicos necesitan varias horas para producirse ya que hay expresión de nuevos genes pero los investigadores responsables del artículo publicado en la revista científica  PLoS One, creen que se puede acelerar y hacerlo más fiable para evitar posibles falsos negativos o falsos positivos. También están trabajando en que la respuesta de la planta sea lo más clara posible y que la planta vuelva a su condición original pudiendo ser reutilizada. Así que habrá que confiar que en vez de descalzarnos, quitarnos los cinturones, examinarnos las prótesis y demás actividades humillantes actualmente en boga en los aeropuertos en un futuro no muy lejano nos hagan, en cambio, pasear a lo largo de un jardín.