Los niños con autismo tienen una habilidad extraordinaria para encontrar símbolos escondidos dentro de una imagen compleja en una pantalla. Ellos, sin embargo, no encuentran patrones, no deducen reglas de un proceso que aparentemente es aleatorio pero en realidad no lo es. En un experimento dirigido por Liz Pellicano del Instituto de Educación de Londres se construyó una zona de 49 luces parecida al suelo de una discoteca. En ese suelo especial se encendían 16 luces verdes y los niños tenían que moverse presionando hasta encontrar una que se convertía en roja, lo más rápidamente posible. 20 niños con autismo y 20 niños sin autismo eran los protagonistas del experimento. El juego tenía trampa de manera que el 80% de las veces, la luz que se volvía roja estaba localizada en una de las dos mitades de la habitación. Se pensaba que los niños con autismo encontrarían este patrón antes que los niños control pero sucedió lo contrario. Los niños sin autismo pasaban el 60% de su tiempo en la mitad “sembrada” mientras que solo lo hacía el 45% de aquellos con autismo. La  conclusión parece ser que los niños con autismo pueden tener  buena concentración y ser excelentes en la atención a  los detalles, algo interesante para tenerlo en cuenta en su inserción laboral, pero les resulta más difícil extraer reglas generales a partir de observaciones aisladas, aunque sean repetitivas.