Platón termina su obra “La República” con la historia de un soldado, el mito de Er. Er ha combatido y muerto en la batalla, pero cuando su cuerpo es recogido diez días después, no ha iniciado su descomposición. Er despierta en la pira funeraria dos días más tarde y explica a los hombres su viaje por el Más Allá. Les habla del castigo a los malvados y el premio a los buenos y este relato platónico ha influido enormemente en la filosofía y la religión occidental. Es quizá la primera referencia en la Historia sobre una experiencia cercana a la muerte.

Experiencia cercana a la muerte (ECM) es un término creado por el Dr. Raymond Moody en su libro de 1975, “Life after Life“, que tuvo un enorme impacto. ECM se refiere a una gran variedad de sensaciones muy potentes experimentadas por una persona en un momento de riesgo de fallecimiento o, en algunos casos de graves crisis físicas o emocionales. Las sensaciones pueden incluir la separación del propio cuerpo, que en ocasiones es visto desde el exterior, levitando o en un vuelo suave, serenidad total y una gran sensación de bienestar o seguridad, entrada en paisajes irreales, sensación de movimiento a través de una zona oscura, calidez y la presencia de una luz, a menudo descrita como situada al final de un túnel en tinieblas. En bastantes ocasiones, esa luz no es descrita como algo visual sino algo psicológicamente más impactante y que las personas creyentes identifican con un ser sobrenatural. En muchos casos hay también otros componentes “espirituales”: algunas personas dentro de esa luz encuentran seres brillantes, de los que nace la luz. Pueden ser conocidos o no, en ocasiones personas queridas que han fallecido. En algunos de estos relatos de personas que han pasado por esta experiencia mencionan haber experimentado un repaso de toda su vida o que los seres sobrenaturales les han preguntado si querían continuar o preferían volver a su cuerpo. Las experiencias son, por tanto, muy variadas, aunque  la mayoría de la gente que ha pasado por momentos de muerte inminente, al recuperar la consciencia no recuerdan nada. Una minoría experimenta terror, ansiedad o desolación. No es, por tanto, una experiencia generalizable y la diversidad es amplia aunque hay muchas descripciones comunes.

Las ECM no son algo raro. Según una encuesta de 1997, 18 millones de norteamericanos habían tenido una. Kenneth Ring, un psicólogo, fundador de la Asociación Internacional para el Estudio de la Cercanía a la Muerte (IANDS) ha publicado que la frecuencia sería mayor, alcanzando una de cada tres personas. Parece una cantidad exagerada y distintos estudios científicos la sitúan entre el 4 y el 18% de las personas, habiendo un cierto consenso en que la probabilidad de tener una ECM estaría en torno al 5%. La frecuencia es similar entre creyentes y no creyentes, aunque ambos grupos interpretan la ECM de diferente manera, acorde a sus creencias. Las encuestas realizadas por Ring no encontraron diferencias en función de la raza, el sexo, la edad, la clase social, el nivel educativo o la situación que le había llevado a estar próximo a morir: una enfermedad, un accidente o un intento de suicidio.

En algunas publicaciones, las ECM se describen como experimentadas por personas que han sido declaradas “clínicamente muertas”. Es un error común y peligroso. Salvo en unas circunstancias de torpeza increíble, ninguna persona declarada clínicamente muerta ha “vuelto” para contar sus experiencias. En general, se trata de personas que han tenido problemas de riego sanguíneo como, por ejemplo, por haber sufrido una parada cardíaca. Otras opciones también frecuentes son por haber perdido gran cantidad de sangre, por ejemplo en un parto complicado o un accidente.

Las explicaciones científicas sobre las ECM son muy variadas: caída en el nivel de oxígeno cerebral, intoxicación por aumento del CO2, actividad epiléptica en el lóbulo temporal, crisis alucinatorias, … Kevin Nelson, un neurofisiólogo de la Universidad de Kentucky ha publicado un libro sobre las ECM titulado “The Spiritual Doorway in the Brain”. El equipo de Nelson piensa que las ECM tienen lugar en zonas fronterizas entre los estados de consciencia. Hay tres estados: estar despierto, en sueño REM o en sueño no-REM. Pero los límites entre uno y otro no son nítidos y una persona se podría situar en una zona difusa entre uno y otro, especialmente entre sueño REM y estar despierto. Entre una cuarta y una quinta parte de todas las personas experimentarían ese estado extraño de consciencia al menos una vez en su vida. El equipo de Nelson indica que el interruptor entre esos estados de conciencia se situaría en el tronco del encéfalo y que esta región encefálica que regula estos estados funciona de forma diferente en personas que han tenido una ECM. Estas personas tienen más probabilidad de quedarse en ese estado intermedio entre despertar y sueño REM, y, por lo tanto, tendrían más facilidad para tener una ECM. Es interesante que esa facilidad, cuando se da, aparezca en varios miembros de la misma familia, lo que sugiere un factor genético o un potente factor cultural compartido entre todos ellos.

El funcionamiento cerebral de una ECM y la propia experiencia serían muy parecidos a un sueño lúcido, un sueño en el que uno sabe que está soñando. Muchos conocemos esa sensación que tenemos cuando estamos despertando, ya nos damos cuenta de las cosas que nos rodean, pero el sueño está en sus últimos instantes y podemos estar confusos, sin saber dónde estamos, siendo difícil determinar qué es sueño y qué es realidad. Las medidas de la actividad cerebral indican que el sueño lúcido correspondería a ese estado intermedio entre estar despierto y el sueño REM. En el sueño REM, la corteza prefrontal dorsolateral está inactiva. Puesto que esta región interviene en el control racional, ejecutivo de nuestro pensamiento, explicaría porque los sueños son tan ilógicos, tan extraños, tan insólitos. Si esta zona se activa en medio de nuestro sueño, entonces somos conscientes de que estamos soñando, y tenemos un sueño lúcido o despertamos en medio del sueño. Se supone que en un momento de crisis durante una ECM, nuestro cerebro estaría pasando de la consciencia a quedar inconsciente y por unos momentos quedaría atrapado en esa zona intermedia despierto-sueño REM. En esa zona frontera tendríamos esas sensaciones que luego recordaríamos al volver a la normalidad.

La imagen más repetida en una ECM  es el túnel con la luz al fondo. Parece que en este caso la explicación, la científica al menos, no estaría en nuestro cerebro, sino un poco más externa, en nuestros ojos. En los momentos previos a un desmayo se produce la sensación de que todo se oscurece, una oscuridad invade nuestra visión hasta apagarla por completo. La explicación es que el ojo no está recibiendo suficiente sangre y entonces su funcionamiento se va deteniendo progresivamente. Puesto que el cese de actividad se produce primero en los bordes de la retina y progresa hacia el interior, la sensación es que nuestra mirada va entrando en un túnel. La explicación para la luz al final de ese túnel tiene dos componentes: por un lado, al irse desactivando las células visuales, nuestra sensación luminosa se va reduciendo a un poco de luz en la región central. Por otro la entrada en sueño REM supone una fuerte activación del sistema visual (REM significa “rapid eye movements”, movimientos oculares rápidos) lo que también genera la sensación de luz.

Los científicos también han conseguido una explicación para la sensación de flotar, de abandonar el cuerpo, de levitar, de tener una experiencia extracorpórea. Sería debida a la inactivación de la corteza temporoparietal. Esta zona cerebral interviene en establecer la situación de nuestro cuerpo en el espacio por lo que nuestras referencias se distorsionarían inmediatamente si esta región cerebral está inactiva. Olaf Blanke, un investigador de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne (Suiza), en un experimento con electrodos pudo activar y desactivar esta región cerebral en una paciente, haciéndola sentir que abandonaba el cuerpo y luego, al reactivar la zona, que volvía a él, una y otra vez, como si pulsáramos el interruptor de la luz. Este grupo también pudo, utilizando realidad virtual, crear una imagen de un voluntario delante de su propio cuerpo. Los sujetos del experimento se equivocaban en su localización sintiendo que ellos mismos estaban fuera de los límites de su propio cuerpo. Estos resultados indicaban que la consciencia de uno mismo podía alterarse y estudiarse en el laboratorio.

El estado  sueño REM inactiva la región temporoparietal, por eso en nuestros sueños volamos con tanta facilidad, por lo que en ese nivel intermedio despierto-sueño REM sería comprensible experimentar una sensación extracorpórea, una mezcla de estar en la cama o en la mesa de operaciones y volando al mismo tiempo. Estas sensaciones de levitar son muy comunes en los sueños lúcidos, en la narcolepsia, en los desmayos y en las parálisis en el sueño, todos estados “frontera” en el nivel de consciencia.

Shakespeare, en “La tempestad” pone en labios de Próspero el siguiente verso “Estamos hechos de la misma materia de que están hechos los sueños”. Parece que en el caso de las experiencias cercanas a la muerte, también es así.

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