Aunque dicen que la crisis es global, no está afectando por igual a todos los países ni están todos respondiendo de la misma manera. Mientras que los países occidentales nos enfrentamos a serios recortes en los programas de I+D, los científicos asiáticos están respondiendo a las fuertes inversiones realizadas en los últimos años, con un impresionante incremento de su producción científica.  La región Asia-Pacífico pasó de publicar un 13% de los artículos científicos a comienzo de los 1980 a más del 30% en 2009. En el mismo período, los Estados Unidos pasaron del 40% al 28%.

El principal protagonista de este cambio es China. A comienzos de los 1980s era responsable del 0,4% de la ciencia publicada. Ese porcentaje subió al 11% en 2009, un aumento cercano al 2700%. Ha superado a Japón que es segunda con un 6,7% mientras que el tercero es India con un 3,4%. Pero quizá el país más llamativo es el que decidió convertirse en la Nación de la Innovación, el país donde “suceden las cosas”, Singapur, que con menos de cinco millones de habitantes pasó de publicar 200 artículos en 1981 a 8.500 en 2009. El “truco” para conseguir esos resultados es sencillo: Singapur dedica el 3% de su PIB a I+D y ha decidido alcanzar el 3,5% para 2015. Con ese dinero ha generado laboratorios de primer nivel y atrae talento de todo el mundo. La razón de este cambio es evidente que no se trata de la búsqueda de conocimiento sino del firme convencimiento de que el futuro económico pasa por el I+D. No financian investigación por amor al saber sino por la búsqueda de una economía avanzada y potente, con alto valor añadido.

Otro factor que está generando un cambio en la política científica es el cada vez mayor impacto de los rankings mundiales de universidades. Son frecuentemente criticados o despreciados por universidades y universitarios, pero muy tenidos en cuenta por políticos y medios de comunicación. Cada año, por más que nos movemos, no salimos en la foto, en la buena foto. Los principales rankings están basados en resultados de investigación, algunos son muy difíciles de conseguir como tener un premio Nobel en la plantilla de investigadores o entre los antiguos alumnos, pero otros son muy concretos como el número de artículos publicados y la presencia de profesores con investigaciones de referencia, cosa que se traduce en los análisis bibliométricos en muchas citas en sus artículos científicos.

Quizá el ranking más famoso del mundo es el realizado por la Universidad Jiao Tong de Shanghai. Debería escribir un post sobre cómo es posible que una universidad china sea la que puntúe y coloque por orden a las universidades americanas y europeas. Éstas dos regiones son las que siguen dominando el ranking pero el número de universidades chinas entre las 500 primeras pasó de 16 en 2004 a 34 en 2010.

A la hora de explicar esa sustancial mejora en las universidades asiáticas, además de las mejoras presupuestarias juegan un papel las siguientes razones:

  • Aceptar que la ciencia más importante se publica en inglés en revistas de países occidentales.
  • Financiar la difusión de la información en esas revistas, por ejemplo generando departamentos de traducción a inglés científico.
  • Captar talento en todo el mundo
  • Fomentar la colaboración entre universidades del país y también con otros países.

El proceso que está sucediendo en el ámbito científico es muy parecido a lo que hemos vivido en los últimos quince años en el ámbito industrial: movilización de enormes cantidades de recursos, apertura a los “mercados” exteriores, multiplicación de centros de trabajo, productividad basada en el poder de grandes grupos de trabajadores, impulsos centralizados pero espacio también a las iniciativas, .. En general, los países asiáticos han hecho una primera apuesta de cantidad frente a calidad. En la mayoría de estas naciones, con la excepción de Singapur, el número de veces que un artículo es citado en otro artículo (un indicador de impacto) es un 20% menor que la media mundial. Pero hay pocas dudas que, como han hecho estos países en los ámbitos industriales, el impulso a la calidad será el inmediato siguiente paso.

Finalmente hay un factor que se considera clave para la mejora de la calidad científica y es la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento, la libertad para elegir tu propia investigación. Varios pensadores han coincidido en que es posible aumentar la productividad sin gozar de libertad, pero también parece evidente que la investigación más rompedora, los grandes avances de la Ciencia suceden en atmósferas abiertas, en un clima intelectual libre y sin coacciones, en unas estructuras donde el factor principal es el mérito, el trabajo, la imaginación, la creatividad, la inteligencia, el amor a la Ciencia y a la Verdad. Algo que solo sucede en Democracia.