Nuestro país es líder en la producción de electricidad a partir de fuentes renovables, en particular energía eólica y energía solar.  Estos desarrollos han tenido un fuerte apoyo político e intensas campañas de imagen en todos los medios de comunicación. Como resultado, los molinos de energía y los huertos solares forman parte ya de nuestro paisaje. Sin embargo, subsisten muchas dudas. Una de ellas es el uso de materiales caros y escasos para la fabricación de los componentes básicos. Por ejemplo la industria de los paneles solares de capa fina utiliza materiales muy diversos. Uno es la sílice, que es el segundo material más abundante en nuestro planeta. Sin embargo, es caro y costoso energéticamente para purificarlo y hacer que crezca en un cristal. Se exploran otros materiales que funcionan como semiconductores pero son muy escasos y se están agotando con rapidez. Incluso la electricidad de las células solares más eficaces cuesta cinco veces lo que cuesta la producida a partir de quemar carbón, y la diferencia puede incrementarse si los materiales básicos empiezan a subir sus precios. El hecho de que los semiconductores sean minerales muy escasos hace que sus precios puedan ser muy volátiles sobre todo si la demanda mantiene su ritmo creciente.

Hasta ahora se han usado mezclas complejas como cobre, iridio, galio y selenio o cadmio y telurio. Otros usan rutenio u otras moléculas como arseniato de galio. Estos materiales tienen una fuerte absorción de la energía solar y pueden ser modulados en sus características ópticas y electrónicas, por lo que pueden ajustarse para distintos objetivos finales. Pero el incremento del coste en las materias primas está haciendo que la industria se plantee otros caminos a seguir. Se están empezando a explorar materiales más sencillos y baratos como los óxidos de cobre o el óxido de zinc. La eficiencia energética es mucho menor, pero los menores costes de fabricación y la mejora mediante investigación de los resultados de conversión energética pueden hacerlos pronto rentables. En cuanto a las células de sílice, el precio del material procesado ha pasado de 1000 dólares por kilogramo a 40 en un año, según han aparecido nuevas fábricas para responder a la demanda de paneles. Hay que confiar que en los próximos años conseguiremos tener energía renovable a un precio competitivo y con una auténtica sostenibilidad.