Empezamos las clases. La verdad es que siempre es un momento de ilusión, de intentar mejorar las cosas, de ver qué caras tendrán los alumnos de este año y si conseguirás de ellos todo lo que te propones, de retarte a ti mismo para hacer las cosas un poco mejor, de intentar ser un mejor profesor.

Tengo la sensación que ha habido un cambio generacional. en la forma de obtener información y no somos muy conscientes de ello. Mi generación es la del libro y la televisión. Estamos acostumbrados a leer textos largos y a mantener la atención en una historia, la película del sábado por la tarde, aún con las interrupciones de los anuncios, por períodos superiores a una hora.classroom Así, la clase “magistral” con su duración de 50-60 minutos y el estudio de apuntes (un libro manuscrito) y manuales encaja en nuestras pautas culturales. Sin embargo, creo que estos muchachos tienen otras referencias distintas: las videoconsolas y las “píldoras de información”: los mensajes muy cortos, de twitter a facebook a youtube (donde no se admiten vídeos de duración superior a diez minutos). Podemos quejarnos, echar de menos otros tiempos u otras formas de vida, pero es un ejercicio de autoflagelación muy poco productivo. Me parece más interesante explorar esas herramientas de comunicación (y por lo tanto de docencia y aprendizaje) y ver qué podemos sacar de ellas. Traigo dos ejemplos, dos vídeos cortos.

En el primero, debes contar cuántos pases de balón hacen las personas vestidas de blanco. Y luego responder una pregunta al final.

En el segundo debes contar cuántas veces aparece en una frase la letra F.

Mis resultados fueron un desastre en los dos casos. Quiero pensar que con estas u otras herramientas parecidas a mis nuevos alumnos les podré estimular, hacer pensar, hacer dudar de sus primeras impresiones y podremos pasar todos un buen rato. Seguro que lo harán mejor que yo. Confío que de las clases se queden con más cosas que cuando yo estudié los sipuncúlidos, las dilénidas y los micrococcales. Allá por el Pleistoceno. Ejercitábamos la memoria pero el cerebro tiene muchas otras capacidades. Y merece la pena explorarlas.