Los países europeos y Estados Unidos tienen un problema para mantener su liderazgo tecnológico y económico: la caída de vocaciones en Ciencia, Ingeniería y Tecnología (CIT). Estados Unidos lo suple con el continuo aporte de inmigrantes de alta formación. Alemania decidió, hace años, multiplicar el número de visados para ciudadanos de la India y otros países asiáticos con formación en CIT. Sin embargo, parece que estamos obviando una fuente fundamental de personal con buena formación: las mujeres. En el Reino Unido, datos del 2007 de la Oficina Nacional de Estadísticas (el INE inglés) mostraban que la mayoría de las mujeres con formación en CIT estaban empleadas en puestos de trabajo que no tenían que ver con estas cualificaciones: 60% frente al 40% en el caso de los hombres.

La buena noticia es que los gobiernos y las empresas están tomando medidas para no desperdiciar esta cantidad ingente de talento y están impulsado la entrada, ¡y la reentrada! de mujeres en el ámbito de la CIT. Los cambios legales son necesarios para afrontar el problema que suponen algunos “puntos frágiles”: la vuelta al trabajo tras el permiso de maternidad o la necesidad de disponer de horarios flexibles. En estos momentos de crisis, cuando el número de personas en situación de desempleo ha vuelto a subir, parece algo superfluo preocuparse de algo así, cuando tenemos cientos de demandantes interesados en un puesto de trabajo en CIT, pero la crisis pasará y necesitamos que para entonces no hayamos desmantelado el sistema en el que se basa nuestro futuro. Y no desperdiciemos la mitad del talento de la Humanidad.

El Centro de Recursos para mujeres en CIT del Reino Unido (UKRC)se preocupa de cosas sencillas pero fundamentales como el consejo profesional para científicas que quieran avanzar en sus carreras o también, por poner otro ejemplo, ofertan puestos temporales en laboratorios para actualizarse y volver a entrar en la fuerza laboral en un mundo competitivo y donde la actualización es imprescindible.

Además, existen organizaciones y fundaciones que ayudan económicamente en esta labor. Las becas Dorothy Hodgkin de la Royal Society (si pongo Real Sociedad, temo que la mente de la gente se me va a San Sebastián, en este país de futboleros) apoyan el retorno laboral de las científicas. Lo mismo sucede con las becas de la empresa L’Oreal, que ofrecen apoyo a mujeres para hacer investigación en biología y ciencias físicas. Los organismos públicos de investigación también están adaptándose y mejorando sus propias normativas. También hay premios (por ejemplo el Athena SWAN) para reconocer a aquellas universidades que muestran buenas prácticas a la hora de reclutar y promover mujeres en el escalafón académico. Sin embargo, las cosas no avanzan con rapidez suficiente.  Phoebe Leboy comentaba en The Scientist que en 2006 había hecho un estudio sobre departamentos básicos de las principales Facultades de Medicina (aquellas financiadas por los Institutos Nacionales de la Salud) y el número de profesoras era anormalmente bajo. Ninguna entre lo que sería un nivel similar a Profesora Titular (junior tenure track positions) en los departamentos de Bioquímica y Biología Celular, donde estudia un número de mujeres muy importante. Harvard tenía 23 profesores entre estos grupos y el de Farmacología y ninguno era mujer. Desde entonces, 2 mujeres han conseguido plaza. Demasiado poco, demasiado lento.

¿Y hay financiación para el retorno laboral los hombres? Las becas Daphne Jackson apoyan a cualquier científico que reemprende su carrera en CIT tras una pausa por los motivos que sean. En 2003, Sami Kafala, un físico nuclear que había dejado la academia pues el puesto de trabajo de su mujer era mejor que el suyo y él pasó a cuidar a sus cinco hijos, fue el primer hombre que consiguió una de estas becas y pudo volver a su carrera científica.

Por último, hay otra posibilidad, tanto para hombres como para mujeres, ser tu propio jefe y poder marcarte tus propias horas de trabajo. Olga Kubassova, ganó el premio de emprendedor del año en 2008 (Bioscience Awards). Su empresa, Image Analysis, se dedica a crear software para interpretar las imágenes de resonancia magnética. Su consejo es claro: “Si eres bueno, eres bueno, da igual de qué sexo eres, solo piensa en primer lugar y por encima de cualquier otra consideración en ti como científico”.