Julio María Sanguinetti en un artículo publicado hoy en El País (14 de julio de 2010) señala que “La educación es el mayor desafío de América Latina” . Es una afirmación con la que estoy de acuerdo y el ex-presidente uruguayo, abogado, historiador, periodista y político acierta al criticar a los gobiernos que no han aprovechado la bonanza económica para mejorar sus índices educativos y para traducir el crecimiento del PIB en mayores inversiones en educación y verdadero desarrollo. Sanguinetti, según recoge la crónica de Elena Hidalgo, criticó las universidades en las que imperan “las utopías regresivas”, contrarias a la economía de mercado y a la globalización. “No están a la altura de los tiempos”. Si es una crítica al conjunto de las universidades latinoamericanas es injusta, son tremendamente diversas y mis compañeros de ultramar hacen un esfuerzo inmenso, con unos sueldos míseros, con una carencia completa de medios, para sacar adelante a sus estudiantes y, a través de ellos, mejorar el país. Habrá algunas universidades que sigan ancladas en un discurso trasnochado (si es que existen universidades con pensamiento unánime, algo que todavía no he encontrado) y serán muy pocas; nuestra propia cultura favorece la crítica, el diálogo y la superación de los dogmatismos. La mayoría evolucionan con su sociedad y hacen un esfuerzo por adaptarse, competir y mejorar el servicio que prestan.

En un post anterior comentaba la necesidad de aumentar el esfuerzo en I+D en Latinoamérica. Y siendo importante, es necesario empezar por la base, sobre la etapa anterior y fundamental, sobre la educación. Los problemas en principio, son fáciles de enunciar y Wordforum, una ONG norteamericana especializada en la mejora de la educación en América Latina,  hacía un diagnóstico en este sentido:

1.- Los niños que viven en la pobreza, abandonan la escuela.

  • El 92% de los niños de América Latina empiezan la escuela, pero solo un 32% alcanza la educación secundaria. En comparación, el 95% de los niños en Corea o Malasia acaban la escuela. El número de los que acaban el bachillerato es lógicamente menor y el número de los que acceden a la universidad, aún menor. Finalmente, el número de los que acaban la universidad es aún menor. Hay países, donde en algunas áreas de conocimiento no existe un solo doctor. Es muy difícil tener una fuerza laboral formada o grupos de investigación si no hay un mínimo de masa crítica.
  • Aproximadamente 40 millones de niños y adolescentes latinoamericanos abandonan la escuela cada año para trabajar o vivir en la calle.
  • Se calcula que aunque el 95% de los niños brasileños empiezan la escuela primaria, solo el 59% la terminan.

Aunque es lógico suponerlo, se ha demostrado científicamente: los niños que dejan la escuela tienen peor futuro, vidas más cortas, incluso mayores problemas de salud física y mental.

2.- La desigualdad en América Latina hace que el aumento del crecimiento económico no se traduzca ni rápida, ni directa, ni completamente en una reducción de la pobreza. La brecha económica se refleja en una brecha educativa entre ricos y pobres.

  • Los niveles de desigualdad en América Latina están entre los mayores del mundo: al menos uno de cada tres hogares y dos de cada cinco personas viven por debajo del listón de la pobreza.
  • 220 millones de latinoamericanos (un 44% de la población total) viven con menos de dos dólares al día. Más de la mitad son niños.
  • En Brasil, dividiendo a la población por su nivel de ingresos se ha visto que el cuartil (25%) inferior permanece una media de cuatro años en la escuela frente a más de diez años que completan los que están en el cuartil superior.

3.- El gasto público en educación, a pesar de mejoras en algunos países en los últimos años, es bajo en América Latina.

  • El gasto per cápita en educación elemental es, de media, un 15% del gasto en Estados Unidos.
  • La distribución del gasto no es comprensible: las universidades latinoamericanas que atienden a menos del 10% de la población reciben un dinero importante frente al dedicado a la educación primaria (en Brasil, las universidades públicas tienen a un 2% de los estudiantes, peo reciben un 25% de todos los fondos federales).

4.- La mayoría de las familias no puede permitirse la educación preescolar, lo que provoca diferencias desde el inicio de la escolarización. De hecho, la mitad de los niños que entran en una escuela pública latinoamericana suspenden el primer curso.

5.- Baja calidad del profesorado.

El nivel de la instrucción en la mayoría de las escuelas más pobres es extremadamente bajo. La mayoría de los solicitantes de la formación de maestro tienen las notas más bajas entre aquellos que acceden a la educación superior. Pero quizá debemos recordar que no hace mucho, Magisterio era la única carrera universitaria que en España no requería haber aprobado las pruebas de acceso a la universidad.

El senador argentino Bordón en una conferencia de la Fundación Canadiense para las Américas señalaba que los problemas se exacerban por las indicaciones exhaustivas de los ministerios de educación. “En la mayoría de los países latinoamericanos, la profesión de maestro adolece de salarios inadecuados, bajos estándares de calidad y una mala gestión, todo ello lleva a un menor y menor prestigio. Según él, “la gestión centralizada ha exacerbado estas condiciones, al privar a maestros y directores de escuela de su autoridad”. También señala a los sindicatos “La combinación de una administración centralizada, salarios inadecuados y la baja satisfacción con el trabajo ha hecho que los sindicatos de maestros sean una de las fuerzas dominantes en la educación en Latinoamérica. Desafortunadamente, solo se preocupan casi en exclusividad de subir los salarios”

6.- Falta de recursos

La mala nutrición, la falta de estímulos en los hogares afecta al desarrollo psíquico y físico y a los procesos de aprendizaje. Además, el ambiente en las casas, en los barrios,  en las comunidades en demasiadas ocasiones causa efectos profundos al tener que desarrollarse los niños en un ambiente donde prevalece el abuso, el trabajo infantil, las pandillas, las drogas y otra problemáticas sociales.

Bordón proponía un proceso de actuación en cuatro pasos. Sea cual sea el camino no podrá estar muy alejado de esto:

  • Diseño y empleo de estándares nacionales que permitan medir los niveles de aprendizaje de forma fiable, que permita identificar y atender a problemas recurrentes o de nueva aparición y que ayude a duplicar y generalizar el éxito de las escuelas que están trabajando bien.
  • Dar a las comunidades locales, maestros y padres, más control sobre las propias escuelas.
  • Reforzar y prestigiar la profesión de maestro subiendo los salarios, mejorando la formación y haciendo que los maestros rindan cuentas a las comunidades locales. Ellos mismos deben ser formados para impulsar el pensamiento crítico.
  • Aumentar la inversión en educación.