España y Japón han conseguido algo llamativo. Tener cada vez más universidades y cada vez menos estudiantes universitarios. Los dos países tuvieron una gran caída demográfica en los 1980s, con unos de los índices de natalidad más bajos del planeta en esa década y, por lo tanto, una caída significativa en el número de estudiantes universitarios en los 2000s. En Japón, el “baby boom” tuvo lugar en los años de la posguerra pero terminó pocos años después, mucho antes que en los Estados Unidos y en Europa. El número de jóvenes japoneses de 18 años experimentó un pico de 2.05 millones en 1992 y desde entonces ha caído de forma paulatina y continuada hasta 1.21 millones en el año 2009. Por lo tanto, la situación (solicitantes de formación universitaria) no tiene visos de mejorar en los próximos años.

En España, la fertilidad que en 1976 era  de 2,80, segunda de la actual Unión Europea  tras Irlanda, cayó a 1,33 en 1991, la tercera por debajo de este grupo de países europeos y en el 2000 era de 1,23, la más baja de la Unión Europea. Aunque la fertilidad ha aumentado en los últimos años por la población inmigrante,  los llegados en estos años eran mayoritariamente gente joven y sus hijos no han accedido aún a los sistemas universitarios.

La caída de la natalidad se notó como es lógico primero en la enseñanza primaria y secundaria. En Japón cerraron o se fusionaron entre sí cientos de escuelas o institutos.  En España, también hemos visto el cierre de muchas escuelas rurales y la agrupación de los niños en escuelas integradas. Sin embargo, en el mismo período de tiempo se han ido creando nuevas universidades en ambos países. En 2008, había 765 centros de enseñanza superior en Japón (86 nacionales, 90 públicos y 589 privados. Eso representaba un aumento llamativo pues en 1990 existían tan solo 507 (96 nacionales, 39 públicos y 372 privados). Como es evidente, al igual que ha ocurrido en España, el mayor aumento se ha producido en las universidades privadas. Sin embargo, más de la mitad de las universidades no llenan las plazas que ofertan aunque el porcentaje de estudiantes que alcanzan la universidad ha aumentado ligeramente. En España (ver post anterior) también ha aumentado el número de universidades en estos últimos años de contracción de la población universitaria total.

Ante esa caída de estudiantes universitarios, aquí están algunas de las cosas que han pasado, usando datos de Japan Close-UP entre otros:

Bajar los precios. Con objeto de captar más estudiantes, las matrículas se redujeron a la mitad, hasta unos 590.000 yenes al año, unos 5.000 dólares. Menos matrícula y menos estudiantes hizo que en 2007, tres universidades privadas japonesas cerraran, declarándose en bancarrota. En España, hay carreras y universidades con número de estudiantes llamativamente bajo. En algunas universidades privadas, se reduce plantilla (normalmente se trata de profesores a tiempo parcial) o se les adjudican asignaturas en  titulaciones distintas a la suya o se ofertan dobles o triples titulaciones como en un oferta de supermercado. En algún caso,  han recibido ayudas económicas significativas por parte de instituciones públicas. La Cadena Ser informaba el 21 de enero de 2008 que “el Obispado de esta ciudad ha ganado 19 millones de euros al vender unos terrenos rústicos que habían sido recalificados” … “La Iglesia ha tapado con este dinero el enorme agujero económico de la Universidad Católica”

Explorar nuevos grupos de estudiantes. En particular, extranjeros y los llamados “estudiantes plateados”, jubilados que estudian por gusto, por hacer lo que no pudieron hacer de jóvenes, por tener un nuevo espacio para socializar, por aprender. La Universidad de Osaka dio en 2007 un doctorado en matemáticas a una persona de 71 años, un ingeniero que había entrado en la escuela de doctorado tras jubilarse.

Mejorar las instalaciones. La Universidad de Economía de Fukuoka invirtió 50 millones de dólares para construir residencias universitarias de lujo, con 700 habitaciones individuales conectadas a internet, piscina y salas de karaoke (algo llamativo en los espartanas residencias universitarias niponas). El New York Times comentaba que Yasunori Iwanaga, un nuevo estudiante había elegido esa universidad, no por su calidad académica, ni por su excelencia en yudo, su deporte favorito, ni por el programa internacional en Gran Bretaña, sino porque los dormitorios universitarios tenían yacuzzi.

Bajar los estándares de acceso para facilitar el ingreso a más estudiantes. Los exámenes de ingreso que son considerados estrictos en el centro más prestigioso, la Universidad de Tokio, se han degradado en otras universidades, en particular en las universidades privadas. Algunos comentarios de los profesores universitarios sobre las nuevas cohortes de alumnos eran “son incapaces de un manejo informático a nivel de escuela primaria” y “no saben escribir en un japonés decente”.

Incrementar el atractivo de los nombres de las titulaciones y los departamentos. A pesar de la caída en el número de posibles estudiantes, el número de departamentos en las universidades privadas aumentó un 80%, justificado por una mayor “diversificación universitaria”. Se eliminaron requisitos básicos, como notificar la creación de un nuevo departamento y desaparecieron  también los comités oficiales que valoraban  la pertinencia de esta acción. Algunos nombres de departamentos creados en Japón en los últimos años son “Productos de salud”, “Estudios globales”, “Comunicación Digital”, “Innovación Social”, “Vida urbana” En realidad, es muy difícil saber qué es lo que se enseña allí.

En España estamos entrando en una dinámica parecida. Hay cosas que son sensatas, como captar estudiantes extranjeros. Pienso que las universidades europeas, y las españolas en particular, pueden ser muy atractivas para estudiantes latinoamericanos que normalmente tienen su mirada puesta en Estados Unidos, donde las universidades son mucho más caras y las dificultades para conseguir visado de estudiante también son mayores. Otras cosas son peligrosas, es difícil tener una comparación científica, pero muchos profesores consideran que el nivel de las Pruebas de acceso a la Universidad ha ido bajando paulatinamente. También hemos entrado en la dinámica del marketing de títulos y nombres de institutos, departamentos y programas. Y si nada de eso funciona, siempre nos quedará la posibilidad de los yacuzzis y los karaokes.