Una vez tuve la oportunidad de charlar con un Jefe de Estado de un pequeño país latinoamericano. Él acababa de hacer unas declaraciones públicas pidiendo a la comunidad internacional que valorara los efectos que la lucha contra las redes del narcotráfico estaba causando en muchos países y terminó rogando que se valorara la posibilidad de una legalización. Como es de esperar, las críticas internas y externas arreciaron y le pregunté que porqué había hecho una declaración tan polémica y una propuesta tan controvertida, sobre cuya eficacia y pertinencia yo tenía serias dudas. Su respuesta fue muy directa: “Mira, estábamos en esa guerra contra las drogas y la hemos perdido”. Tras esa frase, que me dejó atónito por su crudeza, me empezó a relatar como en su país, que no era productor ni consumidor, tan solo estaba en la ruta de paso de los cargamentos de cocaína desde los unos hacia los otros, la judicatura, la policía, la fiscalía, los partidos políticos, el ejército, las aduanas, los diplomáticos, los ministerios, los grandes empresarios estaban infiltrados, contaminados, corrompidos por el dinero de la droga. El país, ya en una situación difícil, se estaba derrumbando por esa gangrena, su frágil democracia se estaba tambaleando y los niveles de violencia e impunidad de los delincuentes aumentando de una forma terrible. Hay que imaginar esa situación antes de hacer críticas fáciles y llegar a conclusiones rápidas.

No tenemos una estrategia clara y los expertos en el tema piensan que como sociedad estamos actuando de una forma hipócrita. El consumo de drogas forma parte de un esquema general de consumo y no estamos dispuestos a renunciar a nuestro modelo de sociedad aunque tenga sus “lados oscuros”. Pero es muy importante que no cejemos en el efecto de prevenir, de proteger de la adicción a las drogas a los más jóvenes, los más indefensos, los más frágiles, los más proclives a desarrollar una adicción. La principal herramienta contra las drogas es la información. Y parece evidente que somos poco conscientes de que el flujo de información ha cambiado. Los investigadores en química y los usuarios de las drogas de diseño, charlan en los foros científicos o sociales de Internet. Haciendo el experimento, entrando en un buscador, es posible desde encontrar las fórmulas de esas sustancias químicas hasta consejos sobre cómo disimularlas para atravesar las fronteras. La gente joven, mayoritariamente, nunca ha recurrido a las fuentes oficiales ni a sus padres para conseguir información sobre drogas pero las fuentes y el flujo de información se han modificado en los últimos años. Hasta no hace mucho, la principal fuente de información buscada y aceptada sobre drogas eran los amigos, ahora es Internet. Muchos adolescentes y jóvenes buscan información, consejos, soluciones a sus problemas sobre drogas en páginas web y en redes sociales como Facebook, Twitter o Tuenti. Según New Scientist, en los Estados Unidos, la población de 18 a 30 años confía más en las páginas web que no sean directamente dependientes del gobierno que en sus padres. Por lo tanto, debemos trabajar en crear buenas páginas web, con información fiable y contrastada, con un lenguaje adecuado a los jóvenes, no sujetas a modas ni a colores políticos. No porque ese color no sea legítimo sino porque serán menos eficaces.

Algunas páginas que contienen información sobre drogas, en ocasiones con un claro enfoque y diseño enfocado para ayudar a jóvenes son las siguientes:

pasalabola.com

drogas.info
lasdrogas.info
opinayactua.com
cocaonline.org
kolokon.com

Generar información científica sobre las drogas es una forma de reducir los daños y es una tarea en la que las universidades, consideradas respetables, independientes y desinteresadas por la mayoría, pueden hacer una buena labor.