La erupción del Monte Pinatubo en las Filipinas en 1991 hizo que el ejército estadounidense abandonara la base de Clark en la isla de Luzón en las Filipinas. La base de Clark fue clave en la campaña del Pacífico de la II Guerra Mundial y un elemento logístico de primera magnitud en la Guerra de Vietnam. Tenía campo de golf, cientos de clubs y asociaciones, varios cines, canal de televisión propio, campo de equitación  y mucho más, todo pensando para alejar a los miles de soldados (fue la mayor base en el extranjero) de otros tipos de locales que la iniciativa empresarial filipina ponía con gran éxito a su disposición.

Monte Pinatubo expulsó más de 20 millones de toneladas de dióxido de azufre que alcanzó las capas altas de la atmósfera. Las nubes de dióxido de azufre dieron la vuelta al Globo en tres semanas y a los dos meses cubrían un 42% de la superficie del planeta. Se mantuvieron durante más de dos años y la erupción generó un importante daño a la capa de ozono.

La erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull no está en la misma escala. De momento solo ha puesto 0.004 millones de toneladas en la atmósfera, 5.000 veces menos que el Monte Pinatubo. Además, estos productos de la erupción se han situado en las capas bajas de la atmósfera, donde la vida media suele estar en torno a una semana. Por lo tanto, poco SO2 y por poco tiempo, no enfriará el planeta. Y con un poco de suerte, si no cambia el patrón de la erupción ni se suman nuevos volcanes, en pocos días, en esta semana, estaremos otra vez contribuyendo al calentamiento global, con los gases de escape de nuestros aviones.