Me viene a ver un estudiante universitario, antiguo alumno. Es una alegría que te recuerden y guarden una buena imagen pero es más duro cuando es por un grave problema y cuando la respuesta no es evidente ni fácil. Mi ex-alumno se ha dado cuenta que tiene un grave problema de drogas, que la vida se le está yendo por el desagüe y busca un tratamiento. Le pongo en contacto con personas que le sabrán ayudar pero leyendo encuentro unas ideas publicadas por el NIDA (National Institute  on Drug Abuse) basadas en décadas de investigaciones, que creo que le pueden ser útiles, le harán ver que no hay “balas mágicas” y que también en esto hay que saber buscar, comparar y elegir.

Principios básicos de los tratamientos contra las drogadicciones:

  1. No hay un tratamiento que sea apropiado para todas las personas. Es necesario ajustar las características individuales de cada persona al tratamiento que se diseñe.
  2. El tratamiento tiene que estar disponible con rapidez. Las personas que buscan ayuda pueden dejarlo si no está inmediatamente disponible o no es de fácil acceso.
  3. Los tratamientos eficaces atienden a las necesidades múltiples de la persona, no solo al consumo de droga. El tratamiento debe dirigirse al uso de drogas por esa persona pero también a sus problemas asociados médicos, psicológicos, sociales, vocacionales, laborales y legales.
  4. Durante el trascurso de tratamiento pueden surgir nuevas necesidades y un paciente puede requerir servicios médicos, terapia familiar, rehabilitación vocacional e inserción laboral o servicios legales y sociales.
  5. La permanencia en el tratamiento por un período de tiempo suficiente es fundamental para que sea eficaz. El tiempo depende de la situación personal de cada individuo. Para la mayoría de los pacientes, el umbral de una mejora significativa se alcanza en torno a los tres meses de tratamiento. Seguir con el tratamiento puede significar un mayor progreso. Los programas deben incluir estrategias para impedir que los pacientes abandonen el programa prematuramente tanto por sentirse mejor como por no ver progresos suficientes.
  6. El consejo personal y/o en grupo y otras terapias de modificación de la conducta son componentes claves para el tratamiento efectivo de las adicciones. En la terapia, los pacientes trabajan en temas como la motivación, el desarrollo de habilidades para resistir el deseo de consumir, la sustitución de actividades en torno a las drogas por actividades no relacionadas con el hábito que sean constructivas y recompensadoras y también mejoran sus habilidades para afrontar y resolver problemas. Las terapias que inciden en modificar el comportamiento también facilitan las relaciones interpersonales.
  7. La medicación es un elemento importante del tratamiento para muchas personas, en especial cuando se combina con asesoramiento y terapias de modificación de la conducta. La metadona o la buprenorfina ayudan a personas adictas a opiáceos a estabilizar sus vidas y disminuir el uso de drogas. La naltrexona es eficaz para algunos adictos a opiáceos y en algunas personas que tienen simultáneamente dependencia del alcohol. Los parches o chicles de nicotina y algunos medicamentos orales, como el buproprion, pueden ayudar a las personas adictas al tabaco.
  8. Los individuos adictos a drogas que tengan además un trastorno mental deben tener ambas circunstancias atendidas y tratadas de una forma integrada.
  9. La detoxificación médica es solo la primera fase del tratamiento adictivo y por sí mismo hace poca para cambiar el uso de drogas a largo plazo. La detoxificación médica ayuda a pasar los síntomas agudos de la abstinencia. Para algunas personas, es un precursor de tratamiento eficaz para su drogadicción.
  10. No es necesario que el tratamiento sea voluntario para que sea eficaz. La presión familiar o en el lugar de trabajo, las sentencias del sistema judicial pueden incrementar significativamente los niveles de entrada a un tratamiento, de permanencia y de éxito.
  11. El posible uso de drogas durante el tratamiento debe ser monitorizado continuamente. Controlar el uso de alcohol y otras drogas durante el tratamiento mediante, por ejemplo, análisis de orina puede ayudar al paciente a resistir el deseo de consumir. Ese seguimiento puede también proporcionar evidencias inmediatas del uso de drogas de manera que el tratamiento pueda ser ajustado.
  12. Los programas de tratamiento deben ocuparse también de la posibilidad de SIDA/VIH, hepatitis B y C, tuberculosis y otras enfermedades infecciosas y proporcionar asesoramiento para ayudar a modificar comportamientos que les ponen a ellos o a otros en riesgo de infección. El asesoramiento puede ayudar a los pacientes a abandonar conductas de alto riesgo y ayudar a personas que ya están infectadas a vivir con su enfermedad.
  13. La recuperación de una adición a drogas puede ser un proceso muy largo y frecuentemente requiere episodios múltiples de tratamiento. Como con otras enfermedades crónicas, las recaídas en el uso de drogas pueden ocurrir durante o después de tratamientos con éxito. La participación en programas de autoayuda y grupos de refuerzo durante y después del tratamiento a menudo ayuda a mantener la abstinencia.

La drogadicción es una enfermedad crónica y el apoyo de profesionales de la salud (médicos y psicólogos) y de la familia es fundamental