El próximo curso me toca explicar Histología vegetal. Voy en ratos sueltos leyendo y escribiendo para actualizar lo que explicaré a esos estudiantes que aún no conozco. Las plantas son seres maravillosos. Nos proporcionan, directa o indirectamente, comida, alimento para animales, materiales de construcción, leña, papel para escribir y leer, fibras para vestirnos y muchas cosas más. Entre las importantes, belleza. En estos momentos de crisis energética, las empresas vuelven su mirada hacia el biodiesel y el bioetanol, producidos a partir de plantas. Ante el cambio climático, buscamos algún sistema que funcione como sumidero de CO2, obviando a veces que los vegetales fijan miles de millones de toneladas cada año, sin coste energético y generando a cambio productos útiles.

Existen plantas que viven un año, otras que tienen un ciclo de vida bienal (el primer año crecen y el segundo florecen y mueren) y otras cuyo crecimiento y longevidad parecen prácticamente ilimitados. Busqué cuál era la planta más longeva conocida, pensé que sería un secuoya (Sequoia sempervirens es el nombre científico, el latín siempre ayuda). Hay uno, llamado “Eternal God”, “Dios eterno”, que crece en los bosques del norte de California y al que le calcularon12.000 años, dato que recogió el Guinness. Un estudio más serio postuló una cifra 10 veces menor, 1.200 años. El más antiguo en realidad parece ser una picea, un árbol parecido al abeto, identificado en Suecia y con una edad de 9.550 años. Los troncos viven unos seiscientos años, pero tan pronto como mueren, el sistema radicular produce un nuevo brote, por lo que ese ser estaría próximo a cumplir cien siglos. La edad se pudo establecer con un estudio con carbono 14 de su sistema radicular. El anterior récord lo tenía Prometeo, un pino de Nevada, que tenía cerca de 5.000 años y que fue talado en 1964 por un estudiante de doctorado, una historia que le ha perseguido toda la vida. En sus anillos hay un registro más largo que la propia escritura, lo que hemos marcado los hombres a lo largo de la historia en tablillas de barro, paredes de cuevas y tumbas, papiros, pergaminos o papel. El año de alguno de esos anillos nació Buda, Homero, Jesucristo, Julio César, Mahoma y Shakespeare y unos barcos españoles llegaron a un Nuevo Mundo. Los anillos hablan de sequías y heladas, de épocas buenas y años difíciles. Es hermoso pensar en la fragilidad y la perdurabilidad de los seres y las cosas. Esos árboles han sobrevivido por estar en zonas montañosas, con poca competición de otras plantas, lo que también evita los riesgos de incendios y la llegada de leñadores.

Pero estudiando un poco me encontré con una planta distinta, menos conspicua, más interesante. Se llama Lomatia tasmanica y crece en Tasmania, esa isla del sur de Australia donde habita el demonio, un carnívoro marsupial recuerdo de nuestra infancia y que está ahora en peligro de extinción por un tumor facial , que se transmiten al tocarse unos a otros ¿al besarse?.

El nombre vulgar de la Lomatia tasmanica es acebo de King en recuerdo del minero y naturalista aficionado que la descubrió, aunque no sea un acebo. La planta original que King encontró ha desaparecido. Tiene hojas verdes brillantes y flores rosas pero no forman frutos ni semillas. Es triploide, no se puede reproducir sexualmente y es estéril. Tan solo cuando un trocito de rama cae, si todo es favorable, puede enraizar y formar un nuevo arbusto. Cada ejemplar vive unos 300 años, con un crecimiento muy lento, pero en su reproducción asexual forma clones idénticos. Cuando mi abuela Cecilia cogía un esqueje de geranio o un coleo, sin ella saberlo, estaba generando un clon. Clon significa etimológicamente rebaño y son seres genéticamente idénticos, copias perfectas unos de otros. Lomatia tasmanica lleva reproduciéndose de forma clonal, un ser idéntico genéticamente a otro, desde hace al menos 43.600 años (se calcula que podría llegar a los 135.000 años). Este cálculo se hizo con trozos de hojas fosilizados, encontrados a 8,5 kilometros de distancia. Solo queda un pequeño grupo de plantas, en una zona menor de 1 kilómetro, está en peligro de extinción y ahora se está tratando de clonar en un jardín botánico australiano. Demasiadas especies, demasiados seres maravillosos han llegado a ser coetáneos de nosotros para que ahora, seamos los responsables activos o pasivos de su desaparición. Borges en su “Historia de la eternidad” escribe “el tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica; la eternidad, un juego o una fatigada esperanza.” Lomatia me hace pensar en esa esperanza, superar imperios y conquistas, guerras y ambiciones, tristeza y alegría, la vida y la muerte, la maravilla de una planta haciendo la fotosíntesis bajo el sol.

Leer más: