Nuestro modelo reciente de crecimiento basado en el turismo y la construcción, y también en la conjugación de ambos, ha llegado a su fin. El gobierno europeo, el central y los autonómicos coinciden en que es necesario un nuevo modelo económico, basado en la innovación, en una sociedad del conocimiento, en el I+D. Parece claro que las universidades, responsables de 2/3 de la investigación realizada en España, pueden y deben jugar un papel en este proceso. Sin embargo, una idea extendida es que hemos mejorado en investigación básica, pero fallamos en su aplicación. Como corolario, se plantea, y es lo que está sucediendo, que la financiación debe reforzar las áreas más aplicadas, especialmente aquellas donde se adivine un impacto productivo más rápido. Los responsables políticos han encargado a los profesores universitarios una nueva tarea: la transferencia del conocimiento, algo que cristaliza, incluso en los modelos de currículum, en aspectos de comercialización y protección de la propiedad industrial como son las licencias de explotación y las patentes. También se nos anima a la creación de empresas derivadas de la investigación académica, las llamadas spin-out.

Un estudio reciente de la Universidad de Cambridge ha evaluado estos procesos realizando una encuesta en una muestra amplia del profesorado universitario. Algunas de las conclusiones nos deben hacer pensar:

  • Se hace transferencia del conocimiento en todos los sectores. No solamente los científicos y tecnológicos sino también artes, humanidades y ciencias sociales. Hay numerosos ejemplos de excelencia en transferencia en las “Letras”, en particular en el ámbito de la consultoría.

  • Los mecanismos de transferencia del conocimiento van mucho más allá que los sistemas “codificados” (patentes, licencias) y su impacto social es mucho mayor del esperado a simple vista. Algunos van dedicados a personas, otros a la comunidad, otros son resolución de problemas y finalmente, el menos desarrollado es precisamente las actividades de comercialización. Los socios de los académicos son muy variados, no solo industrias de alta tecnología sino también servicios, personas, grupos de la comunidad y muchos sectores de bajo nivel tecnológico.

  • El nivel de interacción es mayor con el sector público que con el privado.
  • La mayor dificultad de los académicos para la interacción con el mundo económico no son las diferencias de cultura con los empresarios ni los miedos sobre la propiedad intelectual sino la falta de tiempo (66%). A mucha distancia le siguen la burocracia (32%) y los pocos incentivos (29%).

  • El estudio también señala que las interacciones con los sectores productivos mejoran la docencia y la investigación.
  • Los profesores encuestados coinciden en que la educación superior tiene un papel clave en mejorar la competitividad de la economía. Con más diversidad de opiniones, pero también una tendencia mayoritaria se sugiere que las universidades han ido demasiado lejos para atender las necesidades de la industria en detrimento de sus funciones clave de enseñar e investigar y también que las empresas no tienen la capacidad para usar la investigación académica. Pero la afirmación que más respaldo tiene, el aspecto donde el consenso es casi unánime es que para prestar ese servicio a la sociedad, para conseguir aumentar el bienestar de todos, el factor imprescindible es la libertad académica.