Peter Medawar llamó a los virus “un trozo de malas noticias envuelto en proteína”. Todos los virus mutan. El virus de la gripe entra en un organismo y en cuatro días o mata a su hospedante, lo que afortunadamente es raro, o es eliminado. En ese escaso tiempo tiene que infectar tantas células como pueda y reproducirse en gran cantidad antes de ser barrido por el sistema inmunitario.

Los virus son tan sencillos, tan flexibles, tan imperfectos, que su éxito evolutivo se basa en producir rápidamente una amplia progenie, con algunos errores, de las cuál la mayoría de esas nuevas mutaciones desaparecerán “como lágrimas en la lluvia” y un mínimo porcentaje tendrá una diferencia útil y se encontrará con alguna ventaja que permitirá un nuevo éxito infectivo.

Pronto le tocará al virus del SIDA. Un estudio realizado por Sally Blower de UCLA y sus colaboradores hace una simulación por ordenador de la transmisión del virus. El modelo explica correctamente los cambios observados en los últimos 20 años, los patrones de infección y la aparición de resistencias a los medicamentos antiretrovirales. Además de mirar hacia atrás, el modelo permite predecir cómo va a ser el futuro.  El estudio, realizado en hombres homosexuales en San Francisco, estima que aparecerán cepas resistentes a los fármacos actuales en los próximos cinco años. Cinco años es la misma fecha que ha propuesto el Dr. Brian Williams para detener la progresión del SIDA en Sudáfrica. Existen allí 6 millones de personas infectadas y el coste sería 2.000-3.000 millones de dólares por año. Actualmente, solo un 30% de ellos recibe medicación.

El NIH está haciendo un estudio de campo de medicación en zonas de Nueva York y Washington que tienen un porcentaje de personas positivas al VIH similar a los países africanos. Williams, médico sudafricano, piensa que con esos datos “podríamos romper el espinazo a la epidemia”.

En la actualidad, las personas afectadas reciben una compleja mezcla de medicamentos, un cóctel de antivirales. Eso hace más difícil que aparezca una resistencia pero se ha visto que un 15% de las nuevas infecciones las producen cepas de VIH resistentes a alguno de los fármacos. El modelo Blower sugiere que se va a producir un aumento rápido en las estirpes resistentes, donde el 60% de las que hay ahora en la población serán capaces de desarrollar epidemias. Para eso, cada persona infectada transmite la cepa resistente a más de una nueva persona. Existen otras cepas resistentes en el resto de Estados Unidos y en Europa, por lo que es de esperar una respuesta similar a nivel mundial. Por otro lado, el uso masivo de antivirales en los países pobres, algo de justicia elemental, generará nuevos focos de virus resistentes a los fármacos.

La población infectada en el mundo sigue creciendo, superando los treinta millones. No, como hay quien cree, por compartir un tenedor sino por prácticas sexuales de riesgo. Lisa Power, de la ONG the Terrence Higgins Trust dice “Hay que ser claro. Estas propuestas [el uso generalizado de medicación] reducirán la dispersión del VIH en zonas con epidemia generalizada como el África subsahariana, pero no lo detendrán. Junto a los test de detección y tratamiento, la educación en sexo seguro y el acceso a preservativos resultan cruciales si queremos contener la epidemia”. Las políticas negacionistas en algunos países africanos, de forma especial Sudáfrica, y la avaricia de algunas farmacéuticas también han hecho un daño tremendo. La conclusión es que debemos continuar con las campañas de prevención del contagio y con la investigación de nuevos medicamentos y estrategias de tratamiento, porque hemos ganado batallas pero desgraciadamente nos quedan nuevas, muy complicadas, por librar.