Mi hermano mayor me pregunta por Bolonia. Dos preguntas sencillas ¿Qué es? y ¿es bueno? Él ya dejó la vida universitaria detrás, pero es inteligente y preocupado de la actualidad y tiene dos hijas, preciosas y listas, que presumiblemente algún día entrarán en la universidad, “irán a Bolonia” Me sorprende que todavía no haya calado en la opinión pública el sentido de este cambio de nuestro sistema universitario, habiendo sido un tema recurrente en periódicos y telediarios, pero está claro que el error es mío. Así que, pensando en él, y en Carla y en Abril, volvamos a dar un vistazo al llamado Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).

Es un tema resbaladizo por lo polarizado. Ha generado las mayores algaradas de estudiantes desde la LRU y muchos compañeros, incluidos buenos profesionales, están radicalmente en contra de este cambio. En muchos momentos he sentido que se vivía como la puñalada final en personas que habían perdido la ilusión por la vida universitaria: nuevas normativas, nuevos procedimientos, incluso una nueva forma de enseñar. Parece que nos estuvieran diciendo que lo que llevamos haciendo tantos años está mal, que no sabemos enseñar, que tenemos que “reconvertirnos”, “reciclarnos”, que debemos seguir la nueva buena nueva y que cualquier mundo pasado fue peor. No es así y no lo compro.

Como en una película americana, voy a empezar haciendo la confesión de mi pecado: me llamo José Ramón Alonso y soy pro-Bolonia. Eso no quiere decir que sea un sistema perfecto ni que apoye todo lo que se quiera colar debajo de esa bandera pero considero que un cambio en los sistemas universitarios era necesario, imprescindible. Un cuadro en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca muestra una clase de hace 400 años. Un señor subido a un púlpito, leyendo-resumiendo un libro y un grupo de estudiantes abajo, tomando apuntes en bancos corridos. Inquietantemente parecido a nuestra realidad actual. Como decano, pregunté en cierta ocasión a empleadores de mis licenciados si echaban algo de menos en su formación: la respuesta “impactante” pero totalmente verosímil fue: “que sepan escribir una carta”. Es la realidad, saben la última proteína, las características de invertebrados del Índico que nunca veremos, han memorizado miles de datos inútiles, pero tienen dificultades para escribir una carta convincente, realizar un presupuesto realista, presentar un buen currículum o superar con éxito una entrevista de trabajo. Y sobre ese “mundo real” debe incidir Bolonia.

Creo que las universidades hemos sido siempre lo que la sociedad nos ha pedido. En la época medieval, formamos personas cultas que nos conectaran con los saberes clásicos en un mundo ágrafo y analfabeto. Rápidamente, pasamos a formar cuadros medios y superiores para las administraciones civil (las monarquías europeas) y eclesiástica (la estructura de la Iglesia católica en primer lugar y posteriormente, de las Iglesias protestantes). Nos dedicamos, en buena medida lo seguimos haciendo, a la preparación anárquica de opositores. Posteriormente, formamos, con Humboldt, investigadores, creadores de nuevos conocimientos. Luego, se nos demandaron personas para profesiones liberales, y las facultades más potentes fueron Medicina y Derecho. Finalmente, las titulaciones se diversificaron enormemente, la mujer se incorporó de forma masiva a la universidad y la sociedad española se hizo universitaria. Fuimos dando buena teoría y poca práctica y aportamos condimentos de cultura, deporte y atención a la discapacidad y a la diversidad para construir una sociedad abierta y democrática, la que ahora disfrutamos. Ahora se nos pide que hagamos transferencia del conocimiento, generemos patentes y “spin-offs”, apoyemos un desarrollo económico sostenible y nos arremangamos y nos ponemos a la tarea. Quizá con menos entusiasmo del deseable, quizá no están todos lo que son, quizá caemos en ciertos victimismos, pero nos ponemos a la tarea.

Aunque siempre me salen los “posts” más largos de lo que quisiera, debo volver a la pregunta de mi hermano y contarle algo de Bolonia, qué es y qué no es, y qué nos espera en este camino, que tendrá recodos, pero no retorno.

Bolonia es el EEES, el Espacio Europeo de Educación Superior. Es un proceso de integración, concertación y unificación europea. Tras la integración política (Unión Europea, Parlamento, Comisión, Representante de la política exterior, etc.), unión económica (euro, Banco Central Europeo,…) viene una integración de los sistemas universitarios, con fuertes derivadas en temas importantes como la competitividad de nuestras economías, la flexibilidad y movilidad de nuestros profesionales, el desarrollo de la investigación y la dimensión social de Europa.

Bolonia cuida la calidad. Los sistemas universitarios europeos son diversos. No alcanzan la variedad de los que existen en Estados Unidos, donde están probablemente las mejores universidades del mundo, pero también las peores, ni en China o en América Latina. Bolonia incluye mecanismos de control de calidad: acreditación, certificación, evaluación y auditorías. Supone un cambio de cultura para los universitarios y una garantía para los estudiantes que acceden a una universidad.

Ya sabemos hacer Bolonia. Todos (o casi todos) los profesores universitarios sabemos interaccionar con los alumnos, sabemos convertirles en el centro del aprendizaje, sabemos sacar lo mejor que atesoran, sabemos convertirlos en personas creativas y críticas, pero la “realidad” muchas veces no lo permite al 100%. De eso hablaré en otro post. Yo he hecho Bolonia toda mi vida en el doctorado: grupos muy pequeños, relación estrecha, conocimiento profundo, enseñanza de aptitudes y habilidades, pérdida de importancia del examen, manejo de búsquedas de información, exposiciones orales, “working papers”, discusión de artículos, trabajo personal y en grupo, introducción a la investigación,… Full Bolonia.

Competitividad internacional. La mayoría de los mejores estudiantes universitarios de Asia, América Latina, África y Oceanía miran a Estados Unidos a la hora de completar su formación académica. Una oferta enormemente flexible y diversa (diplomas de distintos niveles, enseñanza presencial, semipresencial y a distancia, variados niveles de exigencia, universidades de todo tipo y pelaje) unida a una reputación internacional merecida como líderes en los ámbitos científicos y tecnológicos hace que la universidad norteamericana sea líder en la captación de los mejores talentos. El EEES no solucionará esto de una tacada, pero convertirá a la universidad europea en un competidor más visible, más viable, más eficaz.

Devolver los másteres a la universidad pública. Estábamos de lleno en una percepción social donde la enseñanza universitaria era algo necesario pero no suficiente. El éxito, la verdadera diferencia, se conseguía con un máster, en manos mayoritariamente de centros privados, cuyo precio por año podía superar el del total de varias carreras universitarias, que muchos pagaban sin chistar porque se suponía que era el que verdaderamente abría las puertas del mercado laboral. Por otro lado, que muchos de los profesores de los másteres fueran los mismos funcionarios de las universidades públicas era algo sobre lo que se miraba frecuentemente hacia el tendido. Bolonia incluye los másteres en el currículum universitario y lo hace, en las universidades públicas, a precio de enseñanza pública.

Sistema legible de titulaciones. Recibo un currículum de un inglés que me dice que es B. Sc. (Eco) y Ph.D. Sé que significa Bachelor of Science (bachiller en ciencias, también en latín Scientiæ Baccalaureus) pero que no corresponde a nuestro bachillerato. Eco, leyendo el currículum supongo que es Economía, pero hubiese podido ser Ecología. Busco en Wikipedia y me dice que en Oxford, Cambridge y Dublín, no se usa el título de B.Sc. y se llaman Bachelor of Arts (BA). Pero luego resulta que en Estados Unidos, si estudian una carrera académica (y me ponen el ejemplo de Química) se llaman Bachelor of Arts pero si estudian para una profesión (y me ponen el ejemplo de Enfermería) reciben un título de Bachelor of Sciences. También me informan que tres universidades norteamericanas, includo el Massachusetts Institute of Technology, dan el Bachelor of Sciences a todos sus estudiantes, pero resulta que  también lo hacen las academias militares. Parece que es similar a nuestras licenciaturas pero duran tres o cuatro años y en muchas universidades, el cuarto año es opcional y lo llaman un grado de honores. En algunas universidades hace falta sacar buenas notas medias para ese grado de honores y en otros es solo cursar ese cuarto año, “a mayores”. Pero hay gente que hace una validación de estudios previos o un curso condensado y le dan el B. Sc. en dos años. ¿Y eso es similar a los cinco años que me tiré estudiando como un cabrito? Del supuesto Doctorado en Filosofía (Philosophy Doctor, ya sé que no significa lo mismo que en España y corresponde a una buena tesis científica. Perdón, no se entiende. Ni ellos entienden lo nuestro. ¿Cuántas veces me han preguntado qué era un licenciado? Tendremos con Bolonia un sistema legible, comprensible, con un grado universitario de 3 o 4 años y un máster de 1 o 2 años. Cada título llevará un suplemento europeo al diploma, que explicará lo que cada uno ha hecho. Así, en toda Europa.

No es una privatización. El chiste triste y fácil es que quién iba a querer comprar el sistema público de universidades: Instituciones gigantescas, con fuertes deudas, con plantillas enormes y fuertemente blindadas en sus usos y en sus derechos, con una competencia nacional e internacional feroz, con una clientela en retroceso y una imagen pública cuestionable. No me gusta ese chiste. Bolonia no quiere entregar la universidad a la empresa, sino acercar la universidad a la sociedad, y eso es algo que debe ser deseable para todos los que nos sentimos servidores públicos.

Promueve la movilidad. Creo que desde la derrota de los nazis, no ha habido nada tan importante para la historia de Europa, como los procesos de integración, y el EEES es uno de ellos. Los programas de movilidad universitaria fueron un gran éxito de nuestro continente. Erasmus-Sócrates-Leonardo cambiaron el mapa de Europa, rompieron las fronteras, generaron una nueva sociedad. El EEES subraya y potencia este cambio. Refuerza el intercambio de estudiantes y promueve también el de graduados, profesores e investigadores, en todo el ámbito europeo y, progresivamente, en otras regiones del orbe (Erasmus-Mundus). No es dar lugar a unas generaciones nómadas sino flexibilizar nuestras sociedades, convertirnos en políglotas multiculturales, más abiertos a la realidad europea, más sensibles a las diferencias sociales y entronca en la tradición cultural, humanista y universitaria de la mejor Europa.

Fomentar el aprendizaje permanente. La evolución de los conocimientos, de las profesiones, de las tecnologías se acelera. Bolonia considera que las universidades deben ser lugares naturales para el reciclaje, la formación complementaria y la actualización profesional y los universitarios deben ser personas para los cuáles la educación y el aprendizaje no son una etapa de su vida sino una forma de vida. Hay quien asimila lo de aprendizaje permanente  a cadena perpetua, pero no es un castigo, sino mantener toda la vida la capacidad de mejorar, de ser mejores.

Quedan cosas en el tintero, y avanzaremos con tropiezos y errores, pero Bolonia, creo firmemente, es una buena noticia para la universidad española.