Hace un mes que tuvo lugar el terremoto de Haití. Poco a poco, va saliendo de nuestros periódicos, de los noticiarios, quizá también de nuestras conciencias. No debe ser así. En Haití, la población está sin agua potable, en unas condiciones sanitarias pésimas, en un medio ambiente degradado, con viviendas precarias y malas infraestructuras. Lo triste es que esto es una descripción de antes del terremoto. Y pocas cosas sugieren que la situación haya mejorado o vaya camino de mejorar.

En los últimos días, Angelina Jolie ha visitado a las víctimas, lo que reaviva el interés de los medios, los guardacostas estadounidenses retornaron 78 haitianos que intentaban huír en un bote, un particular ha donado la carpa de un circo para que se reúna el gobierno haitiano (sobre lo que no debemos hacer chistes) y se desvía la atención sobre tramas laterales como los “misioneros-secuestradores”. El jueves, ayer, cayó el primer gran chaparrón en la zona, marcando el comienzo de la estación de lluvias y poniendo de manifiesto la precariedad de los campos de damnificados donde se apiñan en tiendas de campaña o en estructuras sin techo.

Querría intentar mirar un poco hacia el futuro, desde la experiencia de lo que la ciencia nos ha dicho este mes y, desgraciadamente, no es alentador. Debemos recordar que esta tragedia ha sido descrita por Naciones Unidas como la peor crisis humanitaria en décadas y seguimos sin una estimación fiable del número de muertos que según las fuentes supera ya los 217.000. ¿Por qué fue tan grave el daño? Ha habido terremotos de una escala Richter parecida (ver gráfico) y el número de víctimas y la destrucción fue mucho menor. Primero, el terremoto sucedió prácticamente debajo de una capital muy poblada (a solo 15 km del centro de la ciudad). Segundo, el seísmo dejó fuera de juego a las principales instituciones y agencias que tendrían que haber prestado los primeros auxilios. Hasta que llegó la ayuda exterior, se pudo hacer muy poco. Tercero, el terremoto fue calificado por los geólogos como “de epicentro superficial” lo que da menos tiempo a salir de los edificios que los llamados terremotos profundos, que pueden dar algunas señales previas de alarma. Cuarto, Puerto Príncipe no está construido sobre una base de roca sino sobre suelo poco compactado, que no permite una buena cimentación y que se colapsa en un seísmo. Quinto , los edificios no estaban preparados para un terremoto potente.

El US Geological Survey ha informado que históricamente los grandes terremotos en la zona de Haití suceden de una forma secuencial y que la parte oriental de la falla podría ser la siguiente en quebrarse. Existe una línea de falla en el este, donde la placa tectónica del Océano Atlántico (o placa de Norteamérica) se hunde por debajo de la placa del Caribe. Registros por satélite en las últimas décadas indican que los terremotos como los del mes pasado liberan la mitad de la energía almacenada por el deslizamiento de las placas y el resto puede aflorar por una falla submarina. Podría generarse otro nuevo terremoto o un tsunami.

Junto a ello, todo parece indicar que la temporada de huracanes de este año va a ser más fuerte que en años anteriores (y hay que recordar que Haití fue devastado hace dos años). Más de un millón de personas están viviendo en tiendas de campaña y veía unas declaraciones de un responsable de ayuda humanitaria prometiendo ¡plásticos! para la gente. Se me caía el alma a los piés. No olvidemos a Haití.