Las críticas sobre la decisión gubernamental de la compra de vacunas contra la gripe están arreciando. Niego la mayor. Necesitábamos vacunas y necesitábamos antivirales. Hubo información sencilla y accesible, la coordinación entre el Ministerio de Sanidad y Política Social y las Comunidades Autónomas funcionó y en caso de que el virus hubiera golpeado duro estaríamos lo mejor posible, que tampoco es un panorama maravilloso. Es siempre discutible siempre el número de vacunas a comprar pero la pregunta es también a cuánta población queremos proteger.

La OMS, que es una organización fiable, reconoció la gripe A H1N1 del 2009 como una pandemia global. Es la primera gripe que recibía esa etiqueta en 40 años. La gripe española de 1918, llamada así porque al ser país neutral en la I Guerra Mundial, la prensa no tenía una censura tan férrea e informó sobre ella, causó un efecto devastador. En Estados Unidos, la gripe del 18, por cierto también H1N1, mató más gente que la I Guerra Mundial, la II Guerra Mundial y la guerra de Vietnam, juntas. Se calcula que un tercio de la humanidad fue infectado y entre un 3% y un 6% de la población mundial murió, aunque en algunos países el impacto fue brutal: un 22% de la población de Samoa Occidental y 17 millones de personas solo en la India.

Lo primero que hay que decir es que es imposible predecir como va a evolucionar una epidemia de gripe. Puede extenderse como la pólvora o quedar rápidamente olvidada, puede tener un patrón estacional muy marcado o menos, puede asociarse o no con infecciones bacterianas como estafilococos y estreptococos, puede causar un trastorno leve o una enfermedad mortal. Los responsables políticos acertaron en explicarlo así y confirmar sus dudas y su preocupación. Es un desastre mayor cuando nos aseguran algo para tranquilizarnos y la realidad desmiente esas buenas intenciones. También es cierto que hay más riesgo de perder el puesto de trabajo para un responsable sanitario en minimizar una epidemia que en sobredimensionarla, pero creo que en esta ocasión las cosas se hicieron en su justa medida.

Los virus de la gripe mutan con una enorme facilidad. Eso hace que las vacunas de un año sean ineficaces para el siguiente. Un virus es un parásito al que no le interesa que su huésped muera. Lo ideal es pasar desapercibido y seguir generando millones de virus al día, pero la evolución biológica se basa en la diversidad y en la posterior selección. Hay gripe en humanos, aves, cerdos, … y al coincidir en una misma célula, los virus de dos especies pueden recombinarse y formar nuevos tipos. La alta densidad de población y la íntima coexistencia entre personas y animales de granja en el sudeste asiático, hace que éste sea frecuentemente el lugar de origen de nuevas formas virales de gripe y, por tanto, de nuevas epidemias.

Ha habido problemas anteriormente por escasez de vacunas. La epidemia de gripe del invierno de 2003-2004 empezó antes de lo normal y creó una demanda de vacunas contra la gripe que superó rápidamente las posibilidades de suministro. Ese año murieron 36.000 personas de gripe en Estados Unidos, incluyendo 152 niños. Al año siguiente, en el invierno de 2004-2005, la situación empeoró y el gobierno americano intentó comprar 30 millones de dosis más de las que pudo conseguir. Desde 1998 ha habido graves problemas para conseguir nueve de las doce vacunas que se administran normalmente a los niños pequeños. Esta escasez ha dado lugar a retrasos en los calendarios de vacunación en algunos países y algunos niños nunca recibieron las vacunas que no habían llegado a tiempo, con lo que eso puede implicar. La razón son los problemas legales tras la vacunación contra la polio y el llamado “incidente Cutter” donde una pequeña compañía farmacéutica produjo una vacuna defectuosa que causó una epidemia “artificial”. Aquel desastre afectó a la confianza en la ciencia, destruyó la fe en las vacunas y los costes económicos y riesgos legales hicieron que empresas farmacéuticas abandonaran vacunas que tenían en producción y muchas otras redujeran la investigación para producir vacunas nuevas.

De todo es posible extraer lecciones, aunque no sean muy agradables. Parece evidente que  la gripe es un problema de salud mucho más serio de lo que la gente imagina y que, sin catastrofismos, tarde o temprano tendremos una epidemia de gripe devastadora.  Y aunque a todos nos cuesta gastar en algo que no se utiliza, somos un país con relativamente pocos seguros, más vale tener una vacuna sin epidemia que una epidemia sin vacuna.